La segunda entrega de la exposición itinerante “El efecto del cine. Ilusión, realidad e imagen en movimiento” adolece de cierta inconsistencia a la hora de vincular los distintos trabajos expuestos y mucha ambigüedad a la hora de juzgar su relación con el lenguaje cinematográfico. Sí, es cierto que el cine es el alma mater de la muestra y, de cara al público, siempre resultará más atractiva que términos reduccionistas como “audiovisual” o “videoarte”, pero en algunos casos, influenciados como Michael Bell-Smith por disciplinas relativamente recientes como el videojuego, el término se queda algo corto aunque siempre sea disculpable.
A lo que sí se ciñen las obras reunidas (algunas de importante mérito curatorial) es al tema de la muestra: el “Sueño”. Desde el explícito Sleep de Warhol a la personal visión de las cataratas del Niagara de Wolfgang Staehle, las salas del Caixa Fòrum Barcelona se llenan de onirismos de variada naturaleza, en ocasiones más puristas, en otras más técnicos.

Por lo demás, El efecto del cine también cuenta con una mínima interacción con el público, obras que coquetean con la tecnología digital y el píxel, surrealismos de vieja escuela, reflexiones sobre el tiempo y el espacio, y una sensación general por parte de sus comisarios de querer gustar por medio del esfuerzo. Como debería ser siempre.

