Revista Cultura y Ocio

El fracaso de El guardián entre el centeno

Publicado el 26 marzo 2012 por Eltiramilla

El fracaso de El guardián entre el centenoEl guardián entre el centeno, escrito por J. D. Salinger y publicado en 1951, es uno de los clásicos del siglo XX y una de las novelas americanas más importantes de todos los tiempos. Si uno alineara todas las páginas de todos los ensayos que se han escrito sobre esta obra, llegaría hasta la Luna y más allá. Es la obra cumbre de la generación del Baby Boom en los Estados Unidos y una gran influencia para la narración en primera persona contemporánea. Salinger popularizó temas como la soledad o la incompresión del individuo por la masa, perfeccionó el antihéroe y puso de moda el monólogo interior que divaga de la historia principal. Hablando en plata: sin El guardián entre el centeno no habría habido Crepúsculo (ni otros tantos cientos de buenas novelas. Las comparaciones son odiosas, pero es para que nos entendamos todos). Es uno de los pilares sobre los que se sustenta la literatura juvenil, en especial la destinada al público de entre 15 y 18 años.

Pese a todo, El guardián entre el centeno no gozó de una cálida acogida en el momento de su publicación, como le ocurriría más tarde a El señor de los anillos. La mayoría de los críticos de la época tacharon la novela de “pretenciosa, predecible y aburrida”, y criticaron duramente la actitud pasiva y antisocial del protagonista, Holden Caulfield. Adjetivos como “amateur”, “monótona”, “larga” y “repelente” salían de la pluma de críticos que se escandalizaban por el lenguaje vulgar que empleaba Salinger, equivalente a que un autor de nuestros tiempos escribiese en lenguaje SMS. Las ventas de la novela, sin ser malas, no destacaron mucho… al principio.

Con el paso de los años, el libreto que nos ocupa pasó a ser una novela de culto. Reedición tras reedición, las ventas y los lectores se multiplicaron y aún a día de hoy se siguen vendiendo 250.000 ejemplares anuales de una novela que ya pasa de los 65 millones de copias vendidas. Después de que el presidente Bush Senior declarase su admiración por esta obra, no ha habido casi ningún crítico que se haya atrevido a cuestionar su valor artístico y su peso dentro de la Historia de la Literatura. Vamos, que nadie duda ya que la obra magna de Salinger es la repanocha.

Es posible que muchos de los que todavía no hayáis leído este libro queráis hacerlo ahora por pura curiosidad. Yo, por supuesto, os recomiendo que lo hagáis, pero es necesario que os advierta primero de una cosa: leedlo teniendo en cuenta cuándo se escribió, o probablemente os decepcionará.

Si se lee como si fuera un libro cualquiera, El guardián entre el centeno acaba siendo el típico libro cuyo autor parece estornudarte a la cara cuando llegas al final. O lo que sea que haya en la última página, porque esta novela no tiene clímax, simplemente se acaba. No hay trama más allá de Holden vagando por Nueva York sin hacer nada más que quejarse y deprimirse por todo. El propio Holden es, como ya he dicho, uno de los primeros antihéroes modernos y probablemente el mas importante, pero es que hoy en día los lectores tienen el culo quemado de leer personajes así. En los años 50 era un ultraje presentar a un adolescente bebiendo, fumando y hablando de sexo, pero hoy no. La falta de acción y lo desagradable del protagonista puede echar para atrás a los que

El fracaso de El guardián entre el centeno
esperen leer un novelón. Cuidado: esta es una obra que ha envejecido bastante mal.

De todos modos, adelante: leed El guardián entre el centeno. Es corta, fácil y se puede encontrar en cualquier biblioteca. ¿Que por qué deberíais? Bueno, no sé quién fue aquel borracho con el que hablé aquella noche a las seis y media de la madrugada que me dijo que “debemos conocer nuestros orígenes para entender lo que somos ahora”, pero el caso es que tenía razón. El guardián entre el centeno es una obra clave para entender la literatura juvenil moderna, así como una buena novela por derecho propio. Y las buenas obras, clásicos o no, deberían tener siempre el beneficio de la duda.

 


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