Revista Arte

El guiño cómplice de tu propia sombra

Por Marcelo Caballero

Siempre se aprende de los grandes fotógrafos. Nunca me canso de repetirlo en mis talleres: para entender el lenguaje fotográfico hay que observar con lupa como construyen sus imágenes los buenos fotógrafos. Y todo ello, no sólo sirve para asimilar distintas variantes compositivas para resolver problemas visuales que se avecinan a través del rectángulo de tu cámara. También sirve para tener una base, un criterio e ir un poco más allá y no aburrirse en el mero intento de “copiar” y “copiar” lo mismo, siempre. Las influencias son buenas para capitalizar ciertos argumentos visuales y hacerlos tuyos.  En ese sentido, tengo un agradecimiento profundo con Lee Friedlander.


El guiño cómplice de tu propia sombra

(c) Lee Friedlander

Ya que gracias a sus trabajos de autorretratos y sombras pude entender que, a veces, tu propia sombra, puede, entre otras cosas, darle un equilibrio a tu composición y “algo más”.

El guiño cómplice de tu propia sombra

(c) Gueorgui Pinkassov

Ese equilibrio de tu propia sombra constituye un buen recurso compositivo para que no se caiga tu imagen y llene espacios que quedarían demasiado vacíos. 

El guiño cómplice de tu propia sombra

(c) René Burri


Y no no sólo eso, tu propia sombra puede generar un guiño a la lectura visual de la imagen. Y ese recurso compositivo es esclarecedor.


El guiño cómplice de tu propia sombra

(c) Lee Friedlander


La simple presencia del fotógrafo a través de su sombra es interactiva, la percibo como una intromisión necesaria para el buen desarrollo de la escena. En ese sentido, cuando se produce, esa yuxtaposición me parece maravillosa, íntima y nos recuerda que somos parte de la escena y, no sólo ser un extraño desde atrás de la cámara.
El guiño cómplice de tu propia sombra
Hasta pronto!
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