Revista Arte

El hilo rojo del "destino"

Por Loracueto
Por: Frank Cadavid Manjarrés
Existe una leyenda japonesa que en una de sus versiones nos habla de un hilo rojo que nos une con nuestra persona “indicada”, con nuestra persona “ideal”, con nuestra alma gemela. En otra versión nos habla no solo de amor, sino de personas a las cuales estamos destinados a conocer. Este hilo se puede estirar tanto como para darle la vuelta al mundo y no puede romperse. Es un vínculo que los unirá toda la vida.
Yo personalmente me inclino más por esta última, no siempre conocemos a alguien a quien debemos amar o alguien con quien debamos pasar toda nuestra vida, pero si serán personas especiales que llegaron a ella para darle un sentido o para enseñarnos algo y ayudarnos a crecer de una forma u otra.
Lo único en que no estoy de acuerdo y no me gusta de esta historia, es que en ella nos habla de un hombre en la luna que sale todas las noches a ver qué personas son indicadas o con quién debemos conocernos y él es quien ata ese hilo. Siempre he tenido un problema con las cosas que nos enseñan, que nos hacen creer que son ciertas y que por eso no pueden ser distintas. Cosas como el “destino”, ese algo misterioso que está escrito en algún lado o controlado por algún dios o dioses como las Moiras (en mitología griega: diosas que tienen en sus manos el hilo de nuestras vidas y son quienes lo cortan cuando nuestra vida debe llegar a su fin); dioses como Tique, quien controlaba la buena suerte de todos los mortales y a quien se debía agradecer para que esa suerte no cambie y se pierda todo; dioses como Némesis o como cualquier Dios que es quien nos guía –así como lo enseñan en la iglesia-.
Desde pequeños nos enseñan que debemos ser de una forma porque de otra estaríamos haciendo “mal”, nos enseñan que nuestro destino ya está establecido y no lo podemos cambiar, nos enseñan hasta que las matemáticas son malas (cuando es una parte esencial del día a día), nos dicen que busquemos a esa persona “perfecta” para nuestras vidas porque si no, no seremos felices, nos enseñan que  si no nos “portamos bien” estamos haciendo “mal”…Pero ¿Qué es “bueno” y qué es “malo”?... Se olvidan de enseñarnos que las cosas son dependiendo del prisma con el que las mires, dependen de la cultura en donde estemos viviendo, depende de la región, del estrato, de las personas que te rodean, de muchas cosas y nos cierran a una sola forma de ser y ya.
Poco a poco me he ido dando cuenta que muchas de esas cosas están “mal” y he ido cambiando poco a poco algunas cosas en mi vida. Aprendiendo y re-aprendiendo día a día que no todo fue como me dijeron ni como me hicieron creer algún día. Que ese hilo rojo no es atado por nadie sino por mí mismo. Yo decido quien está en mi vida y quién no. Creo que quien me conoció en mi época de niño o de joven y me vuelve a conocer en este tiempo, sabrá que no soy el mismo. Créanme que pienso cambiar muchas otras cosas.
No soy perfecto, se me olvidan las cosas, no tengo presente fechas especiales (tanto que pongo una alarma para que me recuerde y se me olvida), se me olvidan cumpleaños, no planeo todo ni tengo presente todo lo que debo, soy demasiado detallista pero se me olvida demostrar que me dí cuenta de lo más mínimo (hasta de los “dos dedos” de cabello que alguien se cortó). Pero creo que todos somos iguales, distintos a grandes rasgos pero iguales en el sentido que todos tenemos nuestros “errores”.
Si solo nos fijamos en ellos nunca ataremos ese hilo a nadie, no podemos buscar perfección, debemos buscar amor, comprensión y cariño, acomodarnos a lo que nos ofrecen sin olvidar pedir más y exigir que las cosas sean mejor; pero nunca debemos pedir perfección. Puede que conozcas a alguien a quien hablarle con la boca llena o mostrarle lo que tienes en ella mientras comes, y eso sea malo; puede que encuentres a alguien que no te dé los “buenos días” todos los días y mucho menos las “buenas noches” y te desee que duermas rico y descanses antes de dormir; puede que a esa persona le dé pereza quedarse hasta la 1 o 2 a.m. para hablar contigo; puede que esa persona no te pregunte si llegaste bien a tu casa, y hasta cuánto te cobró el taxi para pelear con quien lo conduce por cobrarte mil pesos de más; puede que esa persona se siente en tu almohada con el pantalón que usó todo el día; puede que esa persona haga cosas que no te gusten y las vuelva a hacer una y 100 veces más. No serás perfecto/a para él o ella en uno y muchos sentidos, pero por algo está en tu vida y por algo ataste ese hilo a esa persona.
Yo decido tomar ese riesgo, pienso y aspiro atar más de un hilo como ese a más de una persona en mi vida, sin miedo a que en un par de años ya no esté en ella. Sin miedo a que pueda herirme, sin miedo a que pueda lastimarme, sin miedo a que me cambie. Solo sé, que el día en que ate ese hilo será para toda la vida. Por más que se alejen, por más que no les vuelva a ver, por más que nos separen kilómetros de distancia,protegeré ese hilo y lo seguiré cuidando aunque solo mi lado del hilo se conserve. Porque si lo até, créanme que fue porque les tengo aprecio y quiero que sigan en mi vida hasta el día que ya no pueda ni caminar.
Yo mismo fabricaré mi destino y aunque ya lo tenga definido, sino me gusta lo reinventaré, lo haré distinto y que se acomode a lo que yo quiero y no a lo que me dicen (sea quien sea) como debe ser para ser “feliz”. Seré feliz a mi manera, de la forma que me gusta y de la forma en que lo disfruto, sin importarme el qué dirán ¿Que sigo siendo un niño por ver “muñequitos”?... Si… ¿Y?... Los seguiré viendo porque me gustan ¿Que si sigo siendo un niño por brincar en la lluvia y mojarme?... Si… ¿Y?... Lo seguiré haciendo aunque al día siguiente no pueda con la reuma, ME ENCANTA y lo seguiré haciendo ¿Que por qué ando con esa persona, con ese amigo, con ese desconocido?... Por algo será y aunque ese algo no les guste, lo siento, pero a mí sí me gusta y si lo incluí en mi vida fue por algo y créanme que por nadie ni por nada lo sacaré de mi vida.
No sé tú (quien esté leyendo este desahogo), pero yo me arriesgo a todo eso y mucho más…

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