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El hobbit, la batalla de los cinco ejércitos: ... y se lió parda

Publicado el 19 diciembre 2014 por Juancarrasco @JuanCdlH

Cuando el vil metal te conduce a estirar la adaptación de un solo libro hasta rozar el infinito con una trilogía enterita, ocurre que las dos primeras alcanzan el tedio a ratos, con largos momentos de marear la perdiz rellenando de la nada y elementos reiterativos hasta la llegada de la traca final. Ello no quita que todas las entregas tengan sus momentazos épicos y estéticos, no entiendan con la crítica que la suma Tierra Media y Peter Jackson no sigue siendo una gozada, pero todo hay que decirlo. Así las cosas, nos topamos con la tercera y última entrega, tras una "calma chicha" de dos películas, si Smaug, orcos, trasgos, arañas gigantes y demás bichorrio enaltecido nos permiten la expresión; en ella el desenlace en forma de descomunal batalla telegrafiada por el título de cabecera no se hace esperar.

El hobbit, la batalla de los cinco ejércitos: ... y se lió parda
Los que no se sepan la historia de antemano, que no esperen la apoteosis final del dragón, que dura apenas un suspiro en pantalla, dejando la sensación de comenzar el tercer capítulo leyendo las dos últimas páginas del segundo. Después de la anécdota llega lo que debería haber sido el principio de esta entrega y el meollo en forma de montaña que enfrentará al ciento y la madre en la ídem de todas las batallas, que diría aquel...

Al igual que en los precedentes sobraba la argumentación, síndrome de chicle estirado que no nos cansamos de subrayar, en esta ocasión es justo al revés, y la acción copa casi la totalidad del extenso metraje, dando por exceso de unas cosas y defecto de otras poca sensación de película con cuerpo y estructura.

Eso sí, la susodicha batalla es sencillamente brutal, a la altura de lo mejor de El Señor de los Anillos, que tanto ensombrece este macroproyecto. Coreografías, música de Howard Shore, épica, escenarios, efectos digitales que huelen a Oscar y fotografía aderezan un espectáculo que sólo habíamos visto anteriormente orquestado por el mismo realizador. Y por encima de todos estos elementos, una tarea de vestuario más que impresionante que alcanza la cúspide en las armaduras de los elegantes elfos y, sobre todo, de los impresionantes enanos. Estos últimos resultan lo mejor de la cinta (tanto en protagonismo como en estética), puede que precisamente por ser lo que aún no se nos había enseñado con detalle.

La apabullante pirotecnia que te deja con la boca abierta concede algo de resuello para ver desfilar en más o menos breves papeles y completando el protagonismo de Martin Freeman, Sir Ian McKellen, Richard Armitage o Luke Evans a figuras ya conocidas como Orlando Bloom, Evangeline Lilly, Cate Blanchett o los ya míticos en la filmografía friki Sir Christopher Lee (nos descubrimos ante Saruman, Dooku y Drácula) y Hugo "Sr. Smith" Weaving.

Pero más allá del desfile de nombres está el despliegue presupuestario puesto al servicio de un equipo soñado a la hora de recrear lo que parece superar a la imaginación. Un lujazo para los sentidos y un tirón de orejas por los que se dejaron llevar por la codicia que tanto critica Tolkien en la elaboración de la trilogía...

Dirección: Peter Jackson. Título original: The Hobbit: The Battle of the Five Armies. País: Nueva Zelanda y USA. Duración: 144 min. Género: Aventuras, fantástico. Intérpretes: Martin Freeman (Bilbo), Ian McKellen (Gandalf), Richard Armitage (Thorin), Cate Blanchett (Galadriel), Orlando Bloom (Legolas), Christopher Lee (Saruman), Evangeline Lilly (Tauriel), Luke Evans (Bardo), Lee Pace (Thranduil), Aidan Turner (Kili). Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson y Guillermo del Toro; basado en la novela de J.R.R. Tolkien. Producción: Peter Jackson, Carolynne Cunningham, Zane Weiner y Fran Walsh. Música: Howard Shore.

 


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