Revista Cultura y Ocio

El hombre que no deberíamos ser, desde ya

Publicado el 06 marzo 2019 por Miguelj14
El hombre que no deberíamos ser, desde ya
¿Qué significa mejorar para un hombre? ¿Sentir cómo las dosis de entusiasmo corren por sus venas, donde la meta es él? Si es así, la inyección se desvanece poco a poco. Porque esto ya no es otra competencia para ganar. Bien lo sabe Octavio Salazar, autor de este ensayo propositivo que primero incomoda. Sus ideas buscan que te identifiques, pero desde los escudos que fabricaste para ignorar lo que sientes tú y la otra mitad del mundo, las mujeres. 
Hay diez tipos de hombres, dice, y todos con un denominador común: el grado de machismo que proyectamos. Según Octavio Salazar, este se detecta desde cuatro niveles de masculinidades. En el más añejo, están los trols de Twitter y Facebook. Esos que se unen para desacreditar casi todo lo referente a las mujeres. No importa si las violentan o las matan sólo por existir (googlear “feminicidio”. En México, fueron 872 en 2018). El contraargumento es “los hombres también sufren”. Ajá, igual nosotros tenemos miedo de salir a la calle, a la hora que sea. 
En el siguiente nivel de masculinidad, no interesan estos temas, pero sí llegar a la casa y esperar que la mujer sirva la comida. O cualquier privilegio para gozar sólo por ser hombre. Un nivel después, hay una mente abierta que acepta nuevas masculinidades y reflexiona sobre otras paternidades, pero sin compromiso ideológico qué perseguir. En el nivel más avanzado, están los hombres que ya revisaron críticamente su identidad en lo privado y lo público, para luchar por la igualdad de género, desde colectivos y organizaciones. 
El hombre que no deberíamos ser, desde ya
Si no te ofendió Gillette con su anuncio (en serio, ¿quién reduce y ve reflejada su vida en un video publicitario?), coincidirás en que el ideal es llegar al cuarto nivel. Y también el más complejo. Primero, uno debe ver que es machista. Ya ahí, aceptar que no siempre tenemos la razón, ni menos debemos guardar lo que sentimos, para después estallar. En la transición, mantenerse alerta para no repetir estas y otras prácticas que dañan. No es sencillo, pero sí posible.
La idea de amor que predomina socialmente, bebe del machismo. No importa si eres hombre o mujer, los dos creen necesitar a alguien para completar su existencia, porque le temen a la soledad, que al final es la propia persona si no se ve como algo “ajeno”. Y eso lo advierte Octavio Salazar, al decir que si queremos ser “hombres nuevos” y “mujeres nuevas”, hay que desechar el amor que la cultura pop nos vendió y se instaló en nuestra mente. 
Tenemos que aprender que el amor de verdad supone una liberación, no una atadura, que no somos de seres incompletos que necesitamos de otro o de otra para hacer plena nuestra personalidad; que, si alguien nos quiere bien, no nos debe hacer llorar, y también que el amor, como la vida misma, tiene su principio y su final.

Si ya sabemos qué no ser, surge qué ser. En diez puntos, el autor enlista una propuesta para una nueva subjetividad masculina. Fuera privilegios, hola tareas domésticas. Creemos vínculos emocionales, ya no monopolicemos el poder y ahora impulsemos a las mujeres creadoras como referentes de la cultura, son sólo algunos ejemplos. El plato está servido y qué mejor saber que fue cocinado por uno mismo. No para gozarlo a costa de las mujeres, sino para compartirlo con ellas y ellos en la misma mesa. 

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El hombre que no deberíamos ser - Octavio Salazar


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