
"El fuego se incubaba ya en los bajos fondos de Europa, y la Francia despreocupada, con trajes claros, sombreros de paja y pantalones de franela, echaba el cierre a sus equipajes para irse de vacaciones. El cielo era de un azul sin nubes, de un azul optimista, terriblemente caluroso: no cabía temer más que una sequía".
Así comienza una novela aún desconocida para la mayor parte de los lectores. Hoy traigo a mi estantería virtual, El miedo.
Conocemos a Jean Dartemont, quien se alista en el ejército francés con 19 años. Soldado en la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra y será su voz la que nos cuente esa guerra, su paso por instrucción, por batalla, testigo desde las trincheras, herido, granadero y, sobre todo, humano.
Sin ser unas memorias, el autor se basa en su propia experiencia para escribir esta novela. Publicada en 1930 fue acusado de antipatriota por lo que en ella relataba y, si bien es cierto que da el contrapunto perfecto a Sin novedad en el frente, una se hizo famosa y todos la conocemos y esta en cambio ha quedado oculta por el paso del tiempo. Y cuando digo contrapunto no me refiero al espíritu de las novelas, ambas claramente antibelicistas, sino al hecho de estar narradas desde frentes opuestos. Cuanto menos, una curiosidad para los lectores.
Chevalier habla con la voz del soldado raso que está en las trincheras, que va al frente y es herido, que pasa por una instrucción más que mediocre y que se da cuenta de que los altos cargos no tienen mucha idea de lo que tienen que hacer mientras juegan con las vidas de los soldados.
El autor nos cuenta la guerra desde dentro, no habla de planes y de emboscadas realizadas por un enemigo perenne cuyo aliento vemos en las páginas. En esta novela el aliento se siente, pero el de las vidas. El aliento del compañero y también el del enemigo, el aliento que ya no tienen los muertos cuyos rostros permanecen en el suelo como muestras del horror que es la guerra. Aquí no se trata de héroes ni de grandes rescates, es una novela sobre las personas y los sentimientos en una situación límite como es la guerra. Chevalier se olvida de esas guerras de corte heroico, casi romántico, y opta por dar una visión cruda de la realidad. Una realidad terrible que hace que quienes lo viven se muevan en una atmósfera llena de demonios, que convivan con un miedo que provoca que les alivie salir de la batalla aunque sea por estar heridos, ofreciéndoles así una tregua al horror propio, y que también les puede llegar a impulsar a actuar llevados por la partes más oscuras de sus corazones.
"Le voy a decir la gran ocupación de la guerra, la única que cuenta: he tenido miedo".
El miedo es una novela excepcional que ha sido injustamente olvidada con un corte antibelicista y un realismo que abre los ojos a los lectores a la realidad de lo allí sucedido. Casi, casi, imprescindible.
Cada vez hay más novelas que hablan de la guerra, particularmente de la Segunda Guerra Mundial, y a veces tengo la sensación de que tanta ficción ya sea o no dramática, desdramatizan los sucesos reales, como si quedaran empañados por dicha ficción. Aún así, me confieso lectora de guerras. Y vosotros, ¿sois lectores de guerras?
Gracias.
