El universo cartesiano depende en su composición y estructura de los principios metafísicos previamente establecidos por el filósofo, es decir, la división entre la res cogitans y la res extensa, y la consideración de esta última como un plenum en movimiento, sin vacío.
El movimiento principal del universo es el circular, pero no uniforme ni geométricamente perfecto; hay un infinito número de centros de rotación y traslación de la materia, de los cuales el Sol y el sistema solar son solo uno de ellos. De ahí que el heliocentrismo de Descartes solo es respecto de la órbita terrestre, pero no como centro cosmológico.
En cuanto a la composición física del universo, Descartes habla de tres tipos de materia o elementos:
- Aether: compuesto de materias extremadamente finas que llenan los espacios huecos que deja el segundo elemento (puesto que no hay vacío).
- Esferas que componen los vórtices, resultado del choque de pequeñas bolas de materia (sistemas planetarios).
- Partículas mayores que componen la materia propia de los cuerpos celestes, o sea, los planetas.
En la teoría planetaria de Descartes, vórtice equivale a centro de traslación de una materia estelar en sus diversas manifestaciones, como es el caso de los planetas. Así, “Descartes describió el vórtice donde está colocado nuestro sistema solar como un torbellino de materia tan enorme que la órbita de Saturno no es más que un punto respecto al conjunto” (Westfall, pág. 58).

Cómo funciona la mecánica del sistema planetario. Dado que los planetas orbitan sobre el centro del sistema o vórtice, Descartes se ve obligado a explicar por qué los planetas se mantienen en órbitas estables respecto del centro, teniendo en cuenta que ha de aceptar la fuerza centrífuga inherente al movimiento circular. ¿Cómo es que no escapan de sus órbitas? Lo explica de esta manera: cada planeta gira alrededor de un centro y por ello tiende alejarse de ese centro, pero a cierta distancia, esa tendencia se equilibra al entrar en contacto con la tendencia idéntica generada por otro vórtice cercano.
Por el mismo mecanismo explica Descartes la fuerza de gravedad: colocando un pequeño vórtice alrededor de la Tierra, que gira con ella. La gravedad, es decir, el peso de los cuerpos en la superficie de la Tierra, no es más que un déficit de fuerza centrífuga provocado por un pequeño vórtice.
A pesar de sus deficiencias, evidentes a posteriori frente a Newton, el sistema cartesiano es el primero que se muestra capaz de sustituir al sistema de las esferas cristalinas heredado de la astronomía antigua (del modelo homocéntrico). Es decir, se presenta como una explicación física de los fenómenos observados y descritos por la astronomía matemática (recuérdese el programa salvar los fenómenos). También es una alternativa plausible al sistema físico presentado por Kepler, pero no aceptado por saltarse la condición inicial de unas órbitas circulares. De modo que el vórtice cartesiano dominó durante medio siglo las descripciones de los cielos. Ofrecía una explicación plausible, físicamente aceptable, del movimiento de los planetas alrededor del Sol, todos en siguiendo el mismo sentido de giro y casi sobre el mismo plano, y a menos velocidad cuanto más alejados del centro. Además, eliminaba la necesidad de recurrir a poderes ocultos. Sin embargo, esta explicación no alcanzaba el nivel de detalle descriptivo que sí ofrecían los modelos de Tycho y Kepler, se quedaba en el grosso modo, de manera que abría las puertas de nuevo a la vieja discusión entre astronomía física y astronomía matemática, entre explicación y predicción matemática.
BIBLIOGRAFIA
Westfall, R. S., La construcción de la ciencia moderna: mecanismos y mecánica. Barcelona, Labor, 1980.
