Revista Cultura y Ocio

El museo de la inocencia

Publicado el 04 septiembre 2012 por Joaquín Armada @Hipoenlacuerda

El museo de la inocencia

Llegué a Estambul  anclado en la página 174 del Estambul de Pamuk.  Javier Reverte, viajero sabio, recomienda viajar con un libro en la mochila y una docena en la cabeza. Pero yo, turista occidental, empecé a leer el relato de Orhan Pamuk sólo dos días antes de mi viaje, así que  lo metí en la mochila con esa guía que los viajeros llevan en la cabeza y los turistas paseamos en la mano.

Compré “Estambul” hace 6 años, cuando Pamuk acababa de ganar el Nobel. Lo compré, lo ojeé, lo coloqué en un estante de mi biblioteca y me olvidé de él. Sólo recordé que lo tenía dos días antes de volar a esta ciudad única, pero bastó empezar a leerlo para pasear por las calles de Estambul en un abrir y cerrar de páginas.

El “Estambul” de Pamuk es lo que parece, un recorrido sentimental por una ciudad única. Pamuk reconstruye una ciudad que quizá sólo existió en su mirada, pero también viaja al Estambul que recrearon los periodistas y escritores que amaron esta ciudad cuando ya era imposible ocultar su decadencia imperial, el Estambul que Ara Güler inmortalizó durante décadas.

La visión romántica de Gautier, Nerval y Loti se entremezcla con el relato crítico de los periodistas turcos del XIX y el XX. Lo que amaban los primeros, la decadencia de la antigua capital imperial, era justo lo que detestaban los segundos. Entre unos y otros, Pamuk nos cuenta su vida y la de su familia en un relato repleto de nostalgia.

En el Estambul de mi viaje me reencontré con muchas de las escenas de su libro, desde los pescadores del Gálata y los vendedores callejeros de sandía hasta una de esas higueras que no entienden de leyes ni monumentos y crece entre una de las miles de grietas de la gran muralla que protegió la ciudad durante más de mil años.

Si el Estambul de papel lleva a decenas de libros, la ciudad de piedra, madera y ladrillo me devolvió a otro libro de Pamuk.  Con el dinero del Nobel, el escritor ha transformado un piso de 4 plantas sin ascensor en una novela que se lee, se pisa y se toca, un museo vertical que reproduce en 83 vitrinas repletas de objetos los  83 capítulos de El museo de la inocencia.

Apenas conocido por un puñado de turistas, el museo es uno de los lugares más originales de Estambul, lo que ya es mucho decir. Quería creer que es el piso en el que transcurren gran parte de las historias de “Estambul”, la vivienda que construyó el abuelo del escritor y en la que Pamuk vivió su infancia rodeado de sus tíos, su abuela y los sirvientes de ésta. Pero estaba equivocado. La solución al enigma la encontré en otro libro de Pamuk, El novelista ingenuo y el sentimental.

En una ocasión, mientras curioseaba en una tienda de segunda mano – escribe Pamuk en “El novelista..” – , encontré un vestido de una tela muy brillante con rosas naranjas y hojas verdes, y decidí que era el adecuado para Füsun, la heroína de mi novela. Con el vestido ante mí, procedí a escribir los detalles de una escena en la que Füsun está aprendiendo a conducir mientras lleva ese vestido”.

Así, imaginando situaciones a partir de frascos de medicinas, botones, billetes de lotería, naipes e incluso colillas (4.213 para ser exactos) Pamuk escribió “El museo de la inocencia” y creó a la vez un museo real con los objetos que unen a los dos amantes durante décadas, las piezas que construyen su carácter y que han convertido un edificio pequeño y feo de Estambul en la invitación más hermosa para leer una novela.


El museo de la inocencia

Volver a la Portada de Logo Paperblog