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El peligro de emprender, mi último artículo en el Diario Jaén.

Por Felisamoreno


Llevo más de veinte años trabajando en la creación de empresas y por mi despacho han pasado muchos emprendedores. A veces, en la primera entrevista ya tengo claro que la idea va a fracasar. Uno de los factores del éxito empresarial, que considero determinante, es el motivo que lleva a la persona a dar el paso. Hasta hace unos años, un número importante de los emprendedores abandonaban voluntariamente un trabajo por cuenta ajena para crear su propio negocio. Eran personas con ideas claras, conocimiento del sector y capaces de asumir el riesgo que conlleva iniciar una actividad empresarial. Hoy no es así. La mayoría de las consultas proviene de gente expulsada del mercado de trabajo o bien de aquellos que aún no han podido acceder a él: jóvenes que ven pasar los años sin encontrar un empleo. En estos casos, el emprendimiento es su último recurso, son los desesperados.
Por parte del gobierno central y autonómico e incluso por algunos medios de comunicación, se está sobrevalorando la potencialidad del emprendimiento, es decir, parece ser que la única salida a la crisis es el autoempleo. El problema radica en que el pequeño emprendedor, por lo general, no dispone de fondos suficientes para crear empresas rentables a largo plazo. Apenas cuenta con unos mínimos recursos que obtiene de capitalizar el desempleo, de la familia o de pedir un préstamo al banco a un interés exagerado. Y los negocios que se crean son comercios minoristas, bares y algunos servicios que suelen depender del consumidor final que, a su vez, ha visto reducida su capacidad de gasto a causa de la crisis.
La tarifa plana y las subvenciones pueden ser un cebo para el emprendedor desesperado. Cegado por las supuestas ventajas que tendrá para montar su empresa, se lanza al vacío sin evaluar los riesgos. De ahí la importancia de un asesoramiento profesional en el que, además de informarle de trámites y ayudas, se le advierta del peligro que supone arriesgar el poco patrimonio del que dispone. No hay nada peor que un emprendedor fracasado, en muy contadas ocasiones recupera la ilusión y lo intenta de nuevo. Sin embargo, si realmente tiene espíritu emprendedor, buscará otra idea empresarial más viable. (Publicado en el Diario Jaén el 9/10/2013)

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