Una poesía dedicada a todos aquellos que alguna vez, solos en el monte nublado, han notado una extraña sensación. Una reflexión sobre el arte, sobre el hecho de crear. Cada vez que pienso en esas piedras y pinturas de los primeros hombres, más convencido estoy de que expresarse va implícito, lo llevamos puesto de serie.El perro y el poeta
Errante, siempre errante, el poeta
deambula en los espejos del arte inexistente.
Despierto. Lluvioso.
Algunas veces despierto
doy dos pasos fuera de los círculos.
Estos años descompuestos en fechas
que has olvidado, esa es la verdad.
Dos pasos fuera para hincar
mi rostro blanco en el barro fresco.
Pintando piedras, apabullado,
breve bajo la intemperie
¡aplastado por los cielos!
Mis tripas enraizadas en la llanura,
hundo mi vientre en la noche
embarrado en el arte inexistente.
Entonces, ¡Oh, amor!, tú me llamas
para que vuelva con los vivos
y olvide mi obsesión por las piedras.
Me asomo a ti como un perro
con el hocico erguido al viento,
sorprendido hurgando, colmillos
dedos y uñas untados...
Tierra. Gruño,
es mi rebelión contra el tiempo.
Volver al mundo de cajas y ratones,
soñando piedras, apenas inexistente.
