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icen que los méritos del río Lillas son dos: cruzar el Hayedo de Tejera Negra por una preciosa ruta y verter sus aguas en el río Sorbe. Pero tiene algunos más, como sus puentes de pizarra.
No me refiero al puente nuevo sobre el que transcurre la carretera (de estos tenemos varios en la Sierra Norte y muy hermosos, como el de la muralla china sobre el Jaramilla y/o el nuevo puente de los Trillos sobre el Jarama), sino a sus viejos y genuinos puentes de pizarra.
Algunos no eran más que una laja de pizarra sobre dos pilares que soportaban el peso de la caballería y de ellos solo se conserva el recuerdo. Los intentos de restauración se han estrellado con la burocracia y las disputas entre administraciones. Entre todos los mataron y ellos solos…

Lar-ami
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