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El sueño infantil

Publicado el 04 febrero 2014 por Mónica Soldevila @mosolvi

Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir.

Ralph Waldo Emerson

Niño durmiendo

- Mónica Soldevila-

El sueño es un estado fisiológico temporal de inconsciencia caracterizado por un cese de la actividad sensorial, de la movilidad y del estado de alerta. La necesidad de dormir es biológica y aparece periódicamente, en ciclos, con el fin de procurar un descanso al organismo y regenerar energías gastadas. No es una situación pasiva, sino un estado activo donde tienen lugar cambios de las funciones corporales y actividades mentales de enorme trascendencia para el equilibrio psíquico y físico de los individuos.

La organización neurofisiológica del sueño ha sido estudiada mediante datos analíticos, pudiendo distinguir en el sueño dos fases o periodos: fase de sueño lento o no REM (por las siglas de Rapid Eye Movements, en inglés, o movimientos oculares rápidos) y fase de sueño rápido o REM. A continuación las describimos brevemente:

Fase NO REM o fase de sueño lento y reparador

Se caracteriza por la  carencia de movimientos oculares rápidos. Es el sueño clásico. Cuando cerramos los ojos entramos en la fase 1 característica del sueño ligero y de la somnolencia, iniciándose la distensión muscular, la respiración se vuelve uniforme y aparece en el electroencefalograma (EEG) una actividad cerebral más lenta que la que existe en vigilia. Así estamos unos minutos. A continuación, se entra en una fase 2 donde las ondas cerebrales se lentifican algo más, siendo aún una fase de sueño ligero donde es fácil despertar al dormido. Seguidamente tiene lugar la fase 3-4 de sueño profundo donde las ondas cerebrales son aún muy lentas y sólo fuertes estímulos acústicos o táctiles nos despiertan; se produce una disminución en los movimientos corporales, tono muscular, temperatura, la presión arterial y el ritmo cardiorrespiratorio. Aumenta la síntesis de proteínas y se incrementa la producción de hormona de crecimiento. La fase 3-4 ocupa más del 50% del trazado del EEG y son periodos amnésicos donde no se recuerda nada de lo soñado. Todo este periodo suele durar 60-70 minutos y a su final se entra en el periodo siguiente llamado REM.

Fase REM o fase de sueño rápido

Es una situación fisiológica que se caracteriza por los movimientos oculares rápidos, actividad cerebral similar al estado de vigilia con aumento de la actividad metabólica y de la temperatura corporal. Es un periodo esencial para el desarrollo cerebral y actividad de los genes y reparación de las moléculas. Su duración es entorno a los 20-30 minutos y a su final se vuelve a entrar en fase1 para posteriormente pasar a la 2, 3 y 4. En esta fase hay actividad soñadora y se recuerdan los sueños con más facilidad.

Una noche de sueño típica empieza con la fase 1 seguida de las fases 2, 3 y 4 sucesivamente, entrando (a los 60-70 minutos de comenzar el sueño) en el primer periodo REM y de aquí tras sus 20-30 minutos de duración se vuelve a entrar en la fase 1, 2, 3 y 4.

Estos ciclos secuenciales de sueño lento y rápido, se van repitiendo a lo largo de la noche con una duración aproximada de 90-100 minutos cada ciclo. En una noche se repiten 4-6 ciclos, dependiendo de la edad y de otros factores individuales.

Fases del sueño

El sueño es un proceso evolutivo que va ligado a nuestro desarrollo. Sabiendo que el patrón de sueño infantil es muy distinto al de los adultos, podemos actuar en consecuencia y propiciar que el niño desarrolle correctamente este proceso. Debemos respetar la evolución normal del sueño infantil; por este motivo no se puede enseñar a un niño a dormir como lo hacemos los adultos, estaríamos impidiendo el correcto desarrollo de su cerebro:

El bebé de 0 a 3 meses, necesita pequeñas siestas a lo largo de las 24 horas del día para comer frecuentemente. No diferencia entre el día y la noche. Tiene mayor porcentaje de sueño REM, incluso iniciará el sueño directamente en esta fase, que es cuando se cree que nuestro cerebro interioriza los aprendizajes por lo que parece que también ayuda al bebé a desarrollar su mente.

El bebé de 4 a 7 meses, tendrá un sueño más predecible y empezará a dormir algo más de noche que de día. Ya no se dormirá directamente en la fase REM, sino que pasará antes por una fase no-REM. Si en esta fase lo acostamos en la cuna lo más probable es que se despierte y llore pues pasará por una fase de sueño ligero antes de entrar en la fase del sueño profundo. Hay bebes que en este periodo de edad ya adquieren las fases de sueño del adulto -aunque su periodicidad y duración aún son muy diferentes- este es un periodo de transición en el que los despertares son muy frecuentes.

El niño de 8 meses a 2 años, reducirá el número de horas de sueño y las fases irán madurando hasta parecerse más a las del adulto. En este periodo se manifiesta la angustia de la separación. Querrá quedarse dormido mientras ve la tele, mientras juega o mientras esté realizando cualquier tipo de actividad que le despiste de que va a separarse de su mamá. Entre los 6 meses y los 4 años suelen aparecer los despertares múltiples durante la segunda parte de la noche.

El niño de 3 a 6 años, disminuye de una manera importante los despertares nocturnos, que desaparecerán a la edad de 5 años. En esta etapa el niño ya puede expresar sus sentimientos y esto le da tranquilidad y confianza.

No todos los niños necesitan dormir las mismas horas; la sensación de descanso es lo que define si hemos dormido lo suficiente, por eso las tablas de sueño que utilizan los especialistas comprenden periodos y no cantidad de horas exactas:

Horas de sueño tabla

Trastornos característicos del sueño infantil

Las consultas al pediatra o al neuropediatra por trastornos del sueño son bastante frecuentes en niños menores de 2 años. Este diagnóstico sólo puede venir de la mano de un profesional, no obstante con estos indicadores puedes hacerte una idea de si el niño tiene problemas y necesitas acudir al especialista o si, simplemente, está pasando por una fase normal de maduración cerebral:

A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.

•El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, este último es más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.

•La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.

B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.

•Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión… Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.

•Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.

•Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.

•Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o “jactacio capitis”. Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.

•Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y pudiendo seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terapéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.

•Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.

•Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado, ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se relaciona con sucesos ambientales. Se soluciona espontáneamente y no precisa tratamiento médico.

•Pesadillas: son ensoñaciones en la fase de sueño REM y por tanto recordadas durante la vigilia. Son más frecuentes a partir de los dos años de edad. Se relacionan con situaciones amenazantes de películas, brujas, monstruos… Los pequeños no saben distinguir el sueño de la realidad con lo cual puede suponer un rechazo para irse a la cama.

C) Trastornos funcionales de la conducta del sueño: son trastornos de adormecimiento que acontecen en las siguientes situaciones:

•Rechazo o negativa de irse a la cama: el niño siente miedo cuando llega la hora de irse a la cama y recurre a excusas para retrasar el momento. Se presenta entre 1-6 años. Su fundamento parece estar en la “angustia de separación” de sus seres queridos o miedo a la oscuridad. En muchas ocasiones demandan que los padres les acompañen y organicen rituales manipulando así el ambiente. Una actitud de firmeza afectiva, el acortamiento de las siestas durante el día y el mantenimiento de un horario regular al acostarse son las medidas más adecuadas para evitarlo.

•Rituales al acostarse: el niño suele tomar algún objeto como amuleto sin el cual no puede dormir, apagar la luz, bajar las persianas, son algunas de las “manías” conocidas. Estos niños pueden llegar a ser muy tiranos con sus madres.

Práctica de buenos hábitos para que los niños adquieran un adecuado patrón de sueño:

•Durante el día, procuradle muchas actividades para que el niño se mantenga activo y queme toda su energía. Así por la noche estará cansado y dormirá.

•Aunque parezca mentira, la preparación de la hora de dormir de los peques, empieza por los padres; tómate unos minutos antes de comenzar con las rutinas. De este modo no te desesperarás y estarás preparado para lo que te depare la noche: quítate los zapatos, suéltate el pelo, tómate un vaso de agua y respira profundamente.

•Treinta minutos antes de la hora de acostarse, el ambiente y las actividades que realice el niño deben ser relajados y tranquilos. Pasa un rato con él pero, ojo, nada de cosquillas, nada de balancear al niño o ponerlo boca abajo, nada de corre que te pillo…

•Acostar al niño temprano, antes de que esté demasiado agitado o cansado y levantarlo temprano; mantener horarios regulares tanto al acostarlo como al levantarlo.

•La hora de acostarse debe convertirse en una rutina. Ésta debe empezar bastante antes de la hora a la que quieres que se duerma. Ponle pronto el pijama, báñalo pronto, dale la cena pronto… De este modo el niño entenderá que se acerca la hora de dormir y no le vendrá de sorpresa. Esto es muy importante ya que los niños no tienen noción del tiempo, necesitan las rutinas para distinguir el momento del día en el que se encuentran.

•Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18º C.

•Asegurarse de que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.

•Puedes cantarle una nana, leerle o contarle una historia, hablarle con dulzura. No importa que entienda o no el significado de las palabras.

•Nunca ridiculizar los miedos del niño y, si los tiene, quedarse con él en la habitación un rato; puede sentirse mejor con una lamparita encendida o la puerta entornada para que pueda oír los ruidos familiares.

•Procurar que la siesta no se prolongue en exceso.

•Un baño antes de acostarle predispone a la relajación.

•Si no quiere dormir o empieza a llorar, dejarle un rato, unos minutos. En caso de no cesar, nos acercaríamos con serenidad y sin tensión a atenderle.

•No hay inconveniente en que a algunos niños nerviosos se les administren infusiones relajantes sin azúcares añadidos que se pueden encontrar en farmacias o herbolarios.

•Si se despierta por la noche, acudiremos a su demanda sin llegar a cogerlo.

¿Qué no debemos hacer para evitar trastornos en el patrón de sueño?

•Ser excesivamente rígidos con los horarios de acostarse.

•Abrigarle en exceso.

•Darle demasiados alimentos por la noche.

•Perder la paciencia si no consigue dormirse enseguida.

•Prolongar los mimos hasta el infinito.

•Convertir la cama de los padres en consuelo o premio en caso de despertarse por la noche.

En el próximo post: CÓMO AYUDAR AL NIÑO A DORMIR MÁS POR LA NOCHE.

BIBLIOGRAFÍA:

Página web: CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. PEDIATRIA. www.cun.es

Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. Duérmete niño. Editorial Plaza-Janés.

Rosa Jové. Dormir sin lágrimas. Ed. La esfera de los libros. 2006

Kevin Mills. Baby codes. Top ten tips to help your baby sleep. Smashwords. 2010

www.educamania.es


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