Revista Psicología

El sufrimiento como base del conflicto humano

Por Matapuces

                       Tristeza y Felicidad.   
El sufrimiento como base del conflicto humano.   
Cuando hablo de sufrimiento voy a desarollarlo específicamente en el campo psicológico, ya que el físico pertenece a  otro plano y no al  del sufrimiento, sino el del dolor causado por una enfermedad u otro tipo de manifestación física del organismo. Para empezar la pregunta clave es ¿por qué sufrimos?, el sufrimiento básicamente procede de la inseguridad, de una inseguridad que por un lado nos invade interiormente, es decir, es intrínseca, o también podemos sentirnos inseguros por un futuro incierto, desconocido y por lo tanto cambiante, que puede alterar y modificar nuestra forma de vida, nuestras costumbres y también nuestra conducta. La vulnerabilidad psicológica es proporcional al sufrimiento, cuanto más sufrimos mayor es nuestra vulnerabilidad psicológica, y nuestra inseguridad también  aumenta con lo que los conflictos en base a desordenes psicológicos (patologías de todo tipo), están presentes en nuestro pensamiento. La capacidad de reacción ante los conflictos psicológicos debe de ser observada por el individuo que las padece, dicho de otra forma, tenemos que dejar de pensar en porque nos sentimos afligidos, las causas que nos hacen padecer estados aparentes de desequilibrio y desorden son una proyección de nuestra conciencia que se ve sometida al pensamiento, por eso el pensamiento es la raíz del conflicto que nos invade en cada momento. Por ejemplo, la tristeza puede derivar en sufrimiento, porque el pensamiento le ha dado prioridad a una imagen de un recuerdo que tenemos almacenada en nuestra memoria que nos aflige constantemente, cuando ésta imagen es constante y obsesiva puede originar una depresión dependiendo de la intensidad de la misma, por otro lado cuando la alegría nos conquista lo hace por otros mecanismos que no provienen del pensamiento, éstos derivan de la espontaneidad y de la inocencia, de la naturalidad, y nos sumerge en la felicidad. Como vemos en este ejemplo la capacidad para optar entre dos estados de ánimo depende en la mayoría de los  casos del individuo, y no de las circunstancias en las que se halle en cada momento.


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