Revista Opinión

El tiempo se agota en el rincón de pensar

Publicado el 07 junio 2012 por Carmentxu

El tiempo se agota en el rincón de pensar

Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), se impacienta con Europa. El FMI, tan presto siempre a arreglar el mundo a base de guerras económicas, más sutiles, que dejan al enemigo en la UCI, quiere encerrar a los líderes europeos bajo llave, esconderla y no abrir la puerta hasta que alcancen un acuerdo. Todos al rincón de pensar. Siempre que sea un acuerdo de su agrado, se entiende. Más de uno, entre los que me incluyo, no le quitaría razón a la dama de platino, aunque el resultado final deseable difiera en forma y fondo.

Pero Europa está mayor. Sus articulaciones aguantan el peso diario de un cuerpo demasiado pesado, parco en movimientos, desgastado por la edad y los achaques. El FMI está ávido de nuevos deudores, de nuevos países esclavos que acaban pagando con creces, sangre, sudor y lágrimas una ayuda del Fondo que les condena a la miseria durante generaciones. Ese ha sido su modus vivendi durante décadas y la razón de su existencia. América Latina es un buen ejemplo. El FMI, con sede en Washington, bebe de la sangre todavía joven e ingenua de Estados Unidos, ese eterno adolescente que acude presto a salvar el mundo aunque de forma menos sibilina, a tiros, bombas, misiles teledirigidos e insostenibles despliegues de tropas sobre el terreno. Y todo aunque el país en cuestión no quiera ser salvado, al menos no así.

Y España, a la espera de los inspectores externos (un adjetivo que se pretende sinónimo de independiente, pero que sólo recrea el endémico complejo de inferioridad hispano), que dictaminen qué grado de enfermedad tienen nuestros bancos: si hay que amputar o bastaría un tratamiento en un caro hospital privado, que la sanidad pública está de mudanzas en dirección a ninguna parte. Pero en realidad, España no quiere un rescate: el precio electoral a pagar sería insalvable para el PP, lo que dice mucho (todo) de sus aspiraciones en esta vida. España, como siempre, como todos, lo que quiere es dinero. 

Si no hubieran empobrecido tanto a los ciudadanos, ahora podríamos prestárselo a los bancos a un buen interés. A cambio, sólo pediríamos honestidad, honradez. Pero cada momento que pasa es una eternidad. Y, aún así, el tiempo se agota.


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