
The man who fell to Earth (Nicolas Roeg, 1976. Gran Bretaña): inteligente e incluso impresionante, al menos desde el punto de vista de su estilo visual, entre la excentricidad y la intelectualidad, pero también soporífero en cuanto a su ritmo, drama de ciencia-ficción, resultón ya que fue protagonizado por el célebre y ya desaparecido David Bowie, presentándole como un alienígena de visita en nuestro planeta para llevarse agua para su mundo, el cual la necesita como el comer, y que con su superior intelecto y tecnología se hará millonario, sucumbiendo a los placeres y miserias humanas por el camino. Se puede ver como una parábola adulta sobre el distanciamiento humano, aunque su digestión no resulta nada fácil debido a su ya mencionado aburrimiento de relato, el cual por cierto adapta una novela de Walter Tevis, escritor llevado al cine por directores de la talla de Robert Rossen, Martin Scorsese o el mismo Roeg, por mucho que aquí no tuviera gran aceptación. Con todo, Bowie está estupendo. A nivel fotográfico y de diseño sí es un film de primera.







