Revista Libros

Encuentros de cabina.

Por M.a. Brito @mabrito67

Encuentros de cabina.Matías tomó asiento en ventanilla. La casualidad quiso que Manolita, una desconocida septuagenaria como él, cayera en su misma fila pero en pasillo. Así lo pidió, por si le entraban las urgencias. Se fijó en ella antes, en la terminal, mezclada entre los otros treinta viajantes del grupo. Se miraron como deslizando los ojos desde la cara a los pies y luego a un punto al azar, con la intención de demostrar que el cruce de miradas era tan casual como carente de intención. Entre ellos se sentó una joven de labios perfilados y pechos turgentes lucidos en un escote generoso hasta el insulto, muralla insalvable, que impedía ver y ya no digamos intimar a los dos ancianos durante el viaje. La chica se incomodó con las miradas de Matías que se reclinaba sobre su hombro intentando saltar los obstáculos, y no tardó en quejarse a la tripulación y pedir cambio de asiento por culpa del viejo verde. La ubicaron en primera, al lado de un ejecutivo de percha y pelo brillante que dejó inmediatamente sus papeles para intentar picar en el escote, sin terminarse de creer la merienda que le había caído en suerte. Mientras, quince filas atrás, Matías daba el primer paso. Mi nombre es Matías, ¿y usted? Manolita del Barrio Salamanca. Bonito sitio, encantado de conocerla.

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