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¿Es irreversible la globalización?

Por Pachobermudez @fbermudezg

Muy pocas personas saben a ciencia cierta el concepto de globalización. Algunos confunden este término con el de internacionalización. Dado que hay un fenómeno de avance en las comunicaciones y de interdependencia comunicacional y cultural entre los Estados; se piensa que esto es globalización. No, la globalización no significa que yo pueda ver un video de Luis Miguel –el cantante- en mi computador personal, o que los libros de J.K Rowling se puedan leer en la China. Si bien es cierto hay un proceso de internacionalización –mayor interacción entre los Estados-, y de intercambio cultural –debido al avance de las comunicaciones-, esto no lo podemos catalogar como globalización. ¿Qué es entonces la globalización? ¿Es irreversible? Los primeros que hablaron de globalización fueron los Caballeros Templarios. Querían que Europa se convirtiera en un solo Estado, en una estructura política compleja. Con el Tratado de Maastricht se logró en parte este anhelo que llevó a la creación de la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de globalización no es más que un concepto político con connotaciones económicas, sociales, y hasta culturales. La globalización es un fenómeno de concentración de poder, debido a la evolución de la especie humana. El sistema financiero internacional ha permitido que esa concentración de poder sea una realidad. Los Estados nacionales han decrecido en importancia, porque la soberanía popular ha cedido espacio a la sinarquía de los dueños del dinero. El sistema financiero no está supeditado a las fronteras nacionales, el capital es cosmopolita, es transnacional. Debido a lo anterior, los dueños de ese capital internacional pueden competir con los dueños del capital nacional en condiciones de desventaja, a favor de los primeros obviamente. Es el pez grande que se come al chico. Este proceso de concentración de poder es el resultado del sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión. Los dueños del dinero han aglutinado más poder en torno a ellos, y han podido dejar competidores relegados a una posición secundaria. La globalización se recrudece con el paso del tiempo. ¿Es un fenómeno irreversible que podrá deternerse? ¿La plutocracia internacional tendrá freno en algún momento? A simple vista podemos decir que no. El consenso general es que este fenómeno no tiene vuelta de hoja. Los dueños del dinero utilizan su poder para acumular más poder y más dinero, los sistemas políticos –en apariencia democráticos- no pueden hacer nada frente al avance de la sinarquía financiera. Ellos acomodan las leyes nacionales a su conveniencia, y hacen que los Estados firmen tratados internacionales para derrumbar barreras que impidan avanzar en este sentido. Desde un punto de vista político, económico, y social, no se puede hacer nada, ellos tienen el sartén por el mango, y la globalización promete generar un nuevo orden internacional donde la sinarquía financiera gobierne entre bambalinas a su antojo. Sin embargo, la historia no ha llegado a su final, y la globalización tiene un enemigo muy poderoso: la libertad humana. Los humanos como especie han generado este proceso, y como miembros de esta especie también la pueden reversar. El sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión está haciendo agua; las crisis globales que han facilitado el avance del poder financiero internacional también, paradójicamente, han hecho temblar este mismo poder financiero internacional. El sistema de poder basado en el dinero, y en la especulación bursátil, han llegado a una sin salida: la realidad no puede ser bloqueada por la entelequia. La economía no puede depender de suposiciones, de creaciones artificiales, y de frágiles consensos, porque lo que está en juego es la supervivencia. El terrorismo, las pandemias, el hambre, la pobreza, el calentamiento del planeta, han llevado a la misma especie a reflexionar en un nuevo modelo de convivencia, uno que no se base en el control y en la sumisión sino en la cooperación. La globalización llegará a los extremos esperados, hasta que termine convertida en un amplio campo de acción individual con perspectivas colectivas. La especie humana ha sido desviada en su esencia, sin embargo, volverá a recuperar su naturaleza esencial cuando las cosas no salgan tan bien en ese proceso globalizador. Ya no serán los Estados los que se enfrenten unos contra otros, ni los partidos políticos, ni los sistemas económicos, serán los hombres los que terminarán decidiendo; y decidir implica ejercer la libertad. Desde esta perspectiva la globalización no es irreversible, sin embargo, los que tienen el sartén por el mango han hecho ver a los demás que sí. Han subestimado a sus congéneres, y ése ha sido su talón de Aquiles.      
  

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