Revista Cultura y Ocio

Espíritu crítico – @ASorginak

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Curiosa la idiosincrasia de la gente…
Hemos pasado de ser un ser social, una comunidad, la gran comunidad humana, a ser entes individuales en el que cada cual piensa solo en sí mismo, y mira solo por su propio bienestar. Da igual cuántas desgracias hayan de acontecer. Da igual cuántos muros caigan sobre una persona, que si no afecta al bien de la manada propia, e incluso a veces, al propio interés (tan necesario como destructivo), no importan.
Puedes estar con el agua al cuello. Puedes necesitar que alguien tienda esa mano que por fin te saque, al menos de momento, del denso cenagal con que la vida nos obsequia. Puedes estar al borde de la sepultación, tan inviable como intransigente. Puedes implorar auxilio a gritos.
Nadie escucha. Nadie ve. Nadie siente.
El mundo se ha convertido en una informe masa de seres extraños que abogan por el propio beneficio, al margen del bien común. El mundo, ya no es mundo.
Recuerdo mis estudios de química. Había tres tipos de enlaces interatómicos. El enlace covalente, en el que ambos átomos compartían un electrón de cada uno (o varios) para hacer una unión sólida, difícil de romper. El enlace metálico, en el que los núcleos de los átomos quedaban unidos por mera atracción, mientras una maraña de electrones flotaban a su alrededor. Y el enlace iónico, en el que el átomo más pesado, atraía hacia sí, no solo los
propios electrones, si no también los ajenos, en una unión egoísta y fácilmente quebrable.
No sabría en cual de las dos (obviamente en la covalente, no) últimas uniones clasificar a la especie humana. Al fin y al cabo, ¿cuáles son nuestros vínculos? ¿Qué es lo que nos mantiene unidos?
Creo que ni siquiera me atrevería a calificar de unión lo que se da entre los seres humanos.
(Habréis notado, que hasta ahora, no he utilizado la palabra “personas” para definir al género humano, la palabra nos queda grandes. Dejadme que hable de vosotros, de mí, como gente. Gente sin más)
Y, obviamente, como en todo, hay excepciones. Excepciones que confirman la regla, que hacen que siga creyendo que la redención es posible. Que aún no está todo perdido. Menos perdido que el tiempo que invertimos en estupideces.
Menos perdido que nosotros mismos.
Y, hablando de estupideces. ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? ¿Por qué no somos capaces de valorar lo sencillo que podría ser vivir felices si no nos empeñásemos en emborronarlo todo con miedos?
Hablo de fases. Hablo de la fase (y, cambiando radicalmente de tema, me vais a permitir que me meta en el campo de las relaciones amoroso­afectivas) en la que dos personas que se gustan, se atraen, han de perder el tiempo en esquivar sus propios miedos. Porque “no estoy preparado para una relación”, porque “no puedo confiar en ti porque apenas nos conocemos, porque “necesito tiempo para reflexionarlo”, porque “no sé lo que siento por ti”.
¿No sería mucho más fácil, e incluso gratificante, disfrutar del sentirse a gusto con alguien? ¿No sería mucho más sencillo olvidarse de inseguridades y apostar por lo que se desea? ¿Tanto daño nos hemos hecho los unos a los otros como para tener que llegar a desconfiar de todo el mundo, y pensar que todos/as vienen con la intención de hacernos daño?
Esta mañana, en un bar, nos hemos dedicado a hacer un experimento. Hemos entrado, y hemos querido comprobar la reacción humana de alguien a quien ya conocemos. Al entrar la camarera, con la mejor de mis sonrisas, amable, humana y cortés, le he dicho “qué guapa estás hoy”. Supongo que es una frase que podría alegrarle el día a cualquiera (a mí, me lo alegraría). Sin embargo ella ha puesto una mueca de desconfianza, como pensando “a qué vendrá eso ahora”, como esperando que fuésemos a pedirle algo a cambio. Hasta ese punto ha llegado la desconfianza de las personas. Es algo que llevo pensando mucho tiempo. Sale más a cuenta decirle a alguien que es un hijo de puta, que decirle que le quieres. Se va a molestar menos. Eso es para lo que hemos quedado. Eso es lo que ahora somos, sin tener conciencia de lo que un día fuimos.
Personas…

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