Revista Cine

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

Publicado el 31 julio 2026 por Enprimera

Aproximándonos al final de esta edición de Fantasia Festival, que aborda su último fin de semana con estrenos destacados, y también al final de nuestras crónicas en las que vamos a ofrecer en total más de 50 críticas de películas de su programación, en nuestra séptima mirada antes de las dos últimas que publicaremos, nos acercamos a realidades distorsionadas y a mundos personales creados por sus autores, desde la película de inauguración que allá por el 16 de julio dio comienzo a Fantasia Festival, hasta propuestas de narrativas desafiantes que hablan de digresiones de la normalidad que viven sus personajes. 

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

Su propio infierno

Nicolas Winding Refn

Estados Unidos, Dinamarca 2026 | 110' | Inauguración | ★★

Cannes '26: Sección Oficial

El regreso al cine del director Nicolas Winding Refn (1970, Dinamarca) después de dirigir The Neon Demon (2016) no ha podido ser más controvertido, recibiendo una acogida más que tibia en el Festival de Cannes. Atrapado en sus propias obsesiones, su última propuesta adopta el título del thriller pulp Her private hell (Norman J. Warren, 1968), sobre una joven modelo italiana que es manipulada por una extraña agencia en Londres, para crear uno de esos reflejos de la cosificación que es crítico y partícipe al mismo tiempo, envuelto en un mundo de estilizados decorados y coloristas contrastes de luces de neón. Resulta evidente que el cine del director danés se ha ido haciendo cada vez más críptico, poco interesado en ofrecer una narrativa tradicional, más bien en crear una atmósfera de ensoñación a través de una mirada esteticista, si se quiere incluso publicitaria. En una entrevista concedida antes de la presentación en el Festival de Cannes, afirmaba que "los ojos de Sophie Thatcher y los abdominales de Charles Melton son la base de esta película" (Interview, 17/5/2026), lo que parece una declaración provocadora en todos los sentidos, una reinvención de la exhibición explotadora de los cuerpos que ha estado presente en el cine a lo largo de los años, lo cual de nuevo nos lleva a la película de Norman J. Warren. Su propio infierno (Nicolas Winding Refn, 2026) se desarrolla en una metrópolis futurista que podría ser una neo-Tokio, envuelta en una densa niebla: "No es la niebla lo que te debe preocupar, sino lo que la niebla trae consigo". El cine está representado por el personaje de Elle (Sophie Thatcher), una estrella hija del empresario cinematográfico Johnny Thunders (Dougray Scott), que coincide con una aspirante a estrella, Hunter (Kristine Froseth), mientras lidia con una relación complicada con su ex-amante y madrastra Dominique (Havana Rose Liu), quien además tiene una aventura con el dueño de un club, Nico (Diego Calva). En este espacio de neones y alfombras de hotel de lujo, hay sin embargo dos figuras masculinas amenazadoras que surgen desde la invisibilidad de la niebla: un asesino en serie al que se le conoce con el sobrenombre de Leatherman (Jason Hendil-Forssell), que solo mata a jóvenes indefensas, y el soldado K (Charles Melton), un padre que lleva años buscando a su hija, absorbida por la atracción de este mundo de lujo y belleza. A partir de estos elementos narrativos, la película construye un sueño o pesadilla, depende de cómo se mire, que se envuelve en una puesta en escena estética y pretenciosa, pero que conecta de una forma más personal que en otras ocasiones con la propia experiencia vital de Nicolas Winding Refn, quien relataba en Cannes que la idea surgió después de que en una operación estuviera clínicamente muerto durante veinticinco minutos. Pero al mismo tiempo recogiendo las miradas habituales a sus grandes referentes, una mezcla entre el cine de Mario Bava, Roger Vadim, Dario Argento, Seijun Suzuki y David Lynch. La elección del compositor Pino Donaggio (1941, Italia), un referente del giallo italiano, para crear la atmósfera musical de una película en la que los diálogos se sienten más superfluos e innecesarios que en otras de su director, es un reflejo de esta estilización. El músico está viviendo un regreso al panorama internacional, con el premio a la Mejor Banda Sonora en Fantasia Festival por su trabajo en Ferine (Andrea Corsini, 2025), pero en este caso construye unas composiciones casi operísticas, con una mezcla de romanticismo y oscuridad que le devuelve a sus colaboraciones con Brian DePalma, y que en muchas ocasiones eleva las imágenes por encima de su esteticismo. 

El director ha explicado que la música estaba concebida a la manera de una ópera y que, como en ésta, primero se compone la partitura y después se escribe el libreto, por lo que quiso que sus imágenes se adaptaran a la música que compusiera Pino Donaggio, en vez de al contrario, como suele suceder en el cine. Esto convierte a Su propio infierno en una experiencia musical y cinematográfica, en la que las composiciones subrayan la belleza pero también introducen el lado más oscuro de los dos mundos que se entrelazan. La banda sonora también incluye composiciones de Nicolas Winding (1984, Dinamarca), hijo de la actriz Brigitte Nielsen y sobrino de NWR. La muerte del DJ francés Kavinsky, cuyo tema "Nightfall" se convirtió en el reflejo musical de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), es un triste recordatorio de la relevancia de las bandas sonoras en las películas del director. La historia puede ser difícil de descifrar en el sentido más narrativo, pero las ideas que se desarrollan son claras: hay una reflexión sobre las relaciones paterno-filiales (el propio NWR ha hablado de cómo su relación con su hija estuvo distanciada durante mucho tiempo), en un paralelismo entre los dos vértices de la estructura narrativa: Elle es una joven que precisamente mantiene una cierta distancia con su padre, sobre todo después de que convirtiera en su pareja a Dominique, con la que ella había tenido una relación anterior (la decisión de convertir a las mejores amigas Elle y Dominique en ex-amantes surgió en mitad del rodaje); mientras que en la trama del soldado K, éste busca desesperadamente a su hija, aunque para ello tenga que bajar a la oscuridad del inframundo, donde tiene enfrentamientos con violentos yakuza. Encerrados en dos mundos inexistentes y artificiales, Elle y K tienen en común un viaje de pesadilla que está unido por la figura de Leatherman, el único nexo en común de ambas historias, la amenaza que se cierne igualmente sobre ella que sobre la hija del padre soldado, lo que provoca que ambas se sientan enlazadas de una manera algo inconexa. La trama protagonizada por Charles Melton adquiere una tonalidad de film noir y se desarrolla entre estilizadas escenas de acción, mientras que la de Elle funciona como una representación de la condición devoradora de la industria del cine. Mientras ella es una estrella cansada de tener que ceder a las exigencias de la industria, la aspirante Hunter es una joven con actitud exageradamente optimista, que sueña con formar parte de ese mundo, aunque tenga que sufrir la degradación y el abuso. Pero la figura de Johnny Thunders como un hombre que seduce y probablemente se aprovecha de chicas jóvenes es incluso más intrigante que la de Leatherman, una figura entre fantasmal y real que refleja el abuso (solo cortándole las manos es posible destruirle). Las referencias a los cuentos de Hans Christian Andersen y especialmente a la historia de maltrato infantil y abuso que es La pequeña cerillera (1845, Ed. Edelvives) es significativa. En Su propio infierno, NWR crea su propio cuento, oscuro y al mismo tiempo seductor, que habla sobre la muerte rompiendo las reglas de las estructuras narrativas convencionales, en la que quizás sea la exploración más profunda que ha desarrollado el director respecto a la familia y la mortalidad.

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

Sour minnows

Harrison Atkins

Estados Unidos 2026 | 83' | Cheval Noir | ★★


Igualmente indescifrable puede ser la segunda película de Harrison Atkins (1990, Nuevo México), un cineasta que sorprendió con su debut Lace Crater (2015), la historia de una joven que se relaciona con una extraña presencia en una casa de huéspedes, que fue seleccionada en el Festival de Sitges. Convirtiendo a la ciudad de Los Angeles, en la que vive el propio director, en un trasfondo esencial para su nueva propuesta, Sour minnows (Harrison Atkins, 2026) habla de realidades distorsionadas en una comunidad cinéfila que se ve absorbida precisamente por esa atmósfera de tradición cinematográfica comercial y orientada al consumo que supone la ciudad en la que se desarrolla la historia. David Brown, al que recordamos como uno de los miembros del jurado de la serie Jury duty (Prime Video, 2023-2026), interpreta en esta película a Ricky, un joven cinéfilo que vive en un apartamento compartido con su amigo Tepper (Chase Williamson). Pero un día, de regreso a su casa, contemplan una imagen extraña e inquietante, la de seis hombres tumbados en el suelo en una calle vacía y lamiendo el pavimento con verdadero placer. La escena es tan absurda como perturbadora, y acabará cambiando la percepción que tiene Ricky de su propia vida. Explorando las posibilidades de una narrativa que no está estructurada de una manera tradicional, envolviendo a los personajes en una atmósfera de caos y de incomprensión, la película de Harrison Atkins no pretende ofrecer explicaciones, sino introducir al espectador en la realidad distorsionada que vive el protagonista. De esta forma, la experiencia de Ricky se convierte en un extraño bucle en el que tiene lagunas de memoria, se siente repitiendo acciones que piensa que ya ha ejecutado anteriormente, y se siente perseguido por una misteriosa y etérea entidad amarilla que parece a veces adoptar forma humana. Esto también provoca situaciones humorísticas, como cuando los dos amigos discuten en su apartamento sobre una película que, según Tepper, acaban de ver, mientras que Ricky no tiene conciencia de que la hayan visto nunca. Lo que establece un diálogo un poco absurdo pero al mismo tiempo muy divertido que refleja el estado de extrañeza en la que se encuentran los personajes. Entre ellos también está Aura (Suzanna Son), una joven asimismo aficionada al cine que tiene una relación particular con Ricky, quien la utiliza para tratar de encontrar respuestas a su situación. La manera en que el protagonista parece sentirse más cómodo viendo la realidad a través del cine que de la propia realidad explica algunas de sus acciones, mientras se debate entre la sensación de experimentar una inseguridad vital que le invade desde la extraña visión de los hombres, y el pensamiento de que en realidad lo que ocurre es que ahora está tomando consciencia de esa inestabilidad en la que ya estaba viviendo. Harrison Atkins cita las estructuras laberínticas del cine del director chileno Raúl Ruiz como una de sus influencias, y precisamente al elegir un camino que se encuentra entre el concepto poético y un enfoque de acciones repetitivas, proporciona una historia que se envuelve en sí misma, en la que el personaje de Ricky llega a ser protagonista de la misma escena desde dos perspectivas diferentes: aquel que se siente observado y el observador. Pero, al mismo tiempo, al describir a sus personajes de una forma tan realista como lo hace, la envoltura de la desorientación que perciben resulta más evidente y provoca una mayor inquietud. Ricky es un joven normal, no especialmente extrovertido, que se refugia en el cine para evitar algunas responsabilidades de su vida, pero que debe asumir la extrañeza en la que se encuentra envuelto. El carácter experimental de la película, sin llegar a ser tan críptico como otras historias que hemos visto en la edición de Fantasia Festival de este año, permite que la textura y la ambigüedad funcionen como contrapuntos al cine más comercial. La experiencia de Harrison Atkins como montador que alterna películas independientes con propuestas más convencionales del director John Patton Ford como Emily la estafadora (2022) y Jugada maestra (2026), le permite de alguna manera sublimar las estructuras tradicionales del cine comercial para desvirtuarlas en sus propias películas como director, creando unas realidades que desentrañan nuevas tonalidades. También juega un papel relevante la descripción de Los Angeles como una ciudad en la que la soledad parece una enfermedad social profundamente impregnada en sus calles vacías y sus salas de cine solitarias. Sobre todo en una última parte en la que el recorrido que hace Ricky es el que adquiere una tonalidad más cercana al cine de David Lynch, en la forma en que deconstruye su propia vida. Buena parte de la brillantez que consigue esta película radica precisamente en la capacidad del actor David Brown para aportar humanidad a su personaje, de manera que, a pesar de sentirse envuelto en una realidad distorsionada o en su propia existencia inestable, acaba consiguiendo que la extrañeza se convierta en una parte esencial de la búsqueda de la normalidad. 

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

Unholy night

Michael Gabriele

Canadá 2026 | 91' | Septentrion Shadows | ★★

La tradición de las reuniones familiares en torno a una mesa para celebrar las festividades más señaladas del año, desde la cena de Acción de Gracias hasta la Nochebuena, se ha convertido en una especie de subgénero dentro del género de terror, que utiliza los resortes habituales de un grupo de personas reunidas en un mismo lugar para desplegar todos los recursos de la violencia y el horror. El director canadiense Michael Gabriele, afincado en Los Angeles, utiliza sus raíces italianas para reflejar el caos de este tipo de reuniones familiares, en este caso la noche antes de Navidad, y las dinámicas de las relaciones personales entre los miembros que solo se reencuentran durante estas celebraciones. Gino (Marc Bendavid) no ha alcanzado todavía las expectativas que tenían puestas en él sus padres, Giuseppe (Ron Lea) y Lucia (Toni Ellwand), hasta el punto que trabaja en una tienda de pinturas y sigue viviendo en el sótano de la casa familiar. Algo que se encarga de recordarle constantemente su hermano Franky (Olivier Renaud) quien, con su esposa Marissa (Celia Owen), es uno de los componentes de la reunión familiar. También participan el tío Vince (Frank Spadone) y la tía Carmella (Ellen David), así como la hermana de Gino, Angela (Cristina Rosato) y su novio Trevor (David Light). Como es habitual en este tipo de acontecimientos, la cena transcurre entre reproches y bromas, mientras la madre Lucia está especialmente obsesionada con que todo transcurra según la tradición italiana, lo que se explica más tarde por una experiencia traumática que protagonizó cuando era adolescente (Morgan Saunders). La presión que algunos miembros del entorno familiar sienten en este tipo de reuniones es el origen de una película que se siente como orgánicamente dirigida hacia el género de terror, aunque podría haber sido una comedia familiar sin más violencia que los intercambios de chistes de mal gusto entre sus miembros. Pero de pronto hace su aparición en la cocina la nona, la abuela en la cultura italiana, Pina (Jacqueline Robbins), lo que podría ser normal si no fuera porque ha fallecido recientemente. Ella está empeñada en formar parte de la reunión y en cocinar para la mesa, pero cuando se rompen las tradiciones, digamos que no se lo toma demasiado bien, en el sentido de aplastar cabezas. La virtud de Unholy night (Michael Gabriele, 2026) está en no esperar demasiado para desplegar todos sus recursos, sobre todo cuando la familia se da cuenta de que en otras casas del vecindario también están reapareciendo los familiares muertos, adoptando la forma de zombis con poca paciencia. Para mayor complicación para Gino, también se reencuentra con su antigua novia Rene (Shailene Garnett), con la que no había tenido contacto en varios años y junto a la que tratará de poner orden en el caos que están provocando los muertos vivientes en una noche no especialmente sacra. El planteamiento de la película remite inmediatamente a algunos de los clásicos del subgénero de terror navideño, desde Navidades negras (Bob Clark, 1974) hasta Noche de paz, noche de muerte (Charles E. Sellier, jr. 1984), pasando por Navidades infernales (Lewis Jackson, 1980). Aunque en este caso, más que centrarse en un asesino en serie o en una criatura que sustituye a Santa Claus, la idea de que los muertos vivientes formen parte de las familias y de alguna manera tengan como objetivo preservar las tradiciones frente a los cambios, le proporciona una capa mucho más interesante, en la que los muertos que vuelven a la vida, los ritornati como les llaman los protagonistas, simbolizan la influencia ancestral, representando una amenaza real para los personajes, al mismo tiempo que su presencia explora las presiones culturales que se han mantenido constantes a lo largo de las generaciones, y que han continuado influyendo en las vidas actuales de sus miembros. La historia adopta un tono de comedia negra que puede ser algo convencional para este tipo de producciones, pero termina encajando bien en un contexto en el que la violencia, si bien es sangrienta y a veces muy explícita, nunca llega a ser del todo desagradable. También se apuntan, aunque quizás no se desarrolla del todo en medio del caos que provocan los ritornati, aspectos relacionados con los sentimientos de los inmigrantes y de los familiares de segunda generación, aquellos que se encuentran en un término medio entre ser ciudadanos del país que ha acogido a sus padres y estar conectados con las tradiciones originarias de sus antepasados. En este sentido, la historia nunca encuentra una ocasión para abordar más profundamente estos temas, pero al menos le confiere un contexto mucho más complejo que el que suelen tener este tipo de producciones. Michael Gabriele es un antiguo conocido de Fantasia Festival, donde su cortometraje de terror Get away (2023) consiguió el Premio del Público. Esta historia sobre un grupo de jóvenes que encuentran en el desierto una misteriosa cinta VHS se está desarrollando como largometraje, de manera que el director parece empeñado en seguir explorando los rincones del miedo que se encuentra en medio de las relaciones humanas.

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

A safe distance

Gloria Mercer

Canadá 2026 | 86' | Septentrion Shadows | ★★

SXSW '26: Narrative Spotlight


Una historia de romance y moralidad puede no ser especialmente novedosa, pero la directora debutante Gloria Mercer consigue aportarle algunos elementos de interés a un relato que se deja influir por las aventuras de Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1967), con una mirada puesta en Ladrones como nosotros (Robert Altman, 1974) y algún guiño a Patricia Highsmith. La historia comienza in media res, cuando la violencia ya se ha apoderado de los personajes, para introducir después los acontecimientos que condujeron a esas dos figuras femeninas sangrantes a huir del bosque en el que se encontraban. Para Alex (Bethany Brown) su viaje comienza cuando una discusión con su novio Joey (Chris McNally), retratado como un tipo egoísta y consentido, provoca una reacción infantil por parte de él. Su venganza a la negativa de Alex tras pedirle matrimonio es abandonarla en el bosque en el que había planeado el compromiso, dejándola sin apenas provisiones y sin ningún medio de transporte. A safe distance (Gloria Mercer, 2026) en realidad establece esta premisa para situar a la protagonista en mitad del bosque para encontrarse con una pareja de aventureros, Kianna (Tandia Mercedes) y Matt (Cody Kearsley), quienes la acogen en su caravana y le permiten compartir unos días en los que surgen atracciones imprevistas y descubrimientos sorprendentes, o quizás no, cuando se revela que ambos se dedican a robar como una especie de acto de liberación o una forma de postureo, porque en realidad Matt proviene de una familia con medios económicos: "Le gusta verse como si fuera de la clase obrera", dice Kianna en una ocasión. Hay dos elementos que son discutibles en el guión escrito por Aidan West: por un lado, el retrato de los personajes masculinos como principalmente egoístas y consentidos. Por otro, algunas decisiones que introducen giros forzados en la historia, sobre todo en el tramo final de la película, tan conveniente que acaba siendo bastante absurdo como un desenlace eficaz. Ambientada en la naturaleza boscosa de Columbia Británica, pero evidentemente circunscrita a un espacio reducido, sin duda por un presupuesto reducido, este thriller funciona mejor en el aspecto psicológico al retratar a su protagonista que en los recursos desplegados para que su viaje resulte comprensible. El encuentro con Kianna y Matt provoca una apertura de las perspectivas vitales de Alex, principalmente expuesta a partir de una secuencia de alucinación que termina inevitablemente en un trío sexual. La oficinista que parecía tener claras sus expectativas de futuro, aunque quizás no con la relación en la que se encontraba, descubre que hay otras formas de vivir, incluso adoptando el riesgo de la criminalidad. Hay algunas ideas interesantes en la estructura de la historia, como reflejar la transformación de Alex a través de tres escenas de sexo que se centran en su rostro: la insatisfacción, el descubrimiento y una cierta felicidad. El problema es que al mismo tiempo cae en una cierta previsibilidad (de nuevo, a través de un personaje masculino plano) y algunos recursos demasiados convenientes. 
Durante una de las conversaciones que mantienen Alex y Kianna se menciona a Patricia Highsmith y a su novela Deep water (1957), que dio lugar a la adaptación cinematográfica Aguas profundas (Adrian Lyne, 2022), la historia de un matrimonio que se permite relaciones con amantes para evitar el divorcio. Aunque quizás es menos sutil la referencia a la novela El precio de la sala/Carol (1952, Ed. Anagrama), también adaptada al cine en la película Carol (Todd Haynes, 2015), por ser una historia lésbica. De alguna manera, la distancia segura a la que hace referencia el título se difumina en el caso de Alex y Kianna, cada vez más cómplices, incluso en el sentido criminal de la palabra, y cada vez más cercanas a través de sus deseos y de sus decisiones. Pero al dotar al personaje de Kianna de una cierta ambigüedad la historia también alimenta la deriva hacia un desenlace que deja ciertas preguntas en el aire. Lo que no es necesariamente negativo, sino todo lo contrario, por lo menos es mucho más intrigante y atractivo que el desenlace que ofrece a la historia de Alex y su pretendido prometido Joey. También algunas ideas de guión pueden resultar convenientes para justificar la transformación de Alex sin que el espectador la condene demasiado. Kianna le explica que los robos que realizan son delitos sin víctimas porque las empresas que atracan están cubiertas por el seguro, mientras que el reflejo de esa vida en medio del bosque aparece como una fantasía de libertad para la protagonista. El talento de la directora está en saber utilizar con habilidad los escenarios reducidos en los que se desarrolla la historia, convirtiendo el paisaje en un entorno exuberante y liberador, y en enfocarse principalmente en las relaciones entre los personajes, de manera que los recursos modestos no se manifiestan. No está muy claro si la decisión de establecer una estructura narrativa que comienza revelando la relación de complicidad entre Alex y Kianna no termina de perjudicar a la efectividad de la historia, aunque no revele todos los detalles. Pero en todo caso, A safe distance funciona como un thriller psicológico que se apoya en la fortaleza que aportan los personajes femeninos, aunque sea a costa de difuminar a los masculinos. 

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

La place

Louis Godbout

Canadá 2026 | 84' | Les Fantastiques Week-ends du Cinéma Québécois | ★★

Shanghai '26: Sección Oficial


La normalidad de una noche de visita a un familiar puede estar salpicada de una cierta rutina cuya ruptura puede provocar momentos de tensión, como la seguridad de una plaza de aparcamiento que generalmente está libre. El matrimonio formado por Jonathan (Maxim Gaudette) y Brigitte (Christine Beaulieu) se dirige una noche a casa de la hermana de ésta para cenar, transmitiendo durante el trayecto las tensiones que está experimentado la pareja: llevan dos años intentando tener un hijo sin éxito, mientras Jonathan parece aquejado por una cierta desafección quizás provocada por la madurez, viviendo una etapa depresiva que parece un elefante en la habitación que ninguno de los dos quiere mencionar. Pero el punto de inflexión se produce cuando están a punto de aparcar en un espacio libre justo enfrente de la casa a la que acuden, pero aparece otro coche, conducido por un desconocido (Benoît Gouin) que les disputa la plaza de aparcamiento. La place (Louis Godbout, 2026) es el título original en francés, mucho más abierto a la interpretación que el específico The parking spot que se utiliza para su distribución internacional, porque en realidad el espacio del que habla la película no se circunscribe a una plaza de aparcamiento, sino al lugar que ocupan los personajes en un sentido más amplio, dentro de la sociedad. De hecho, la discusión solo ocupa el primer acto de la historia, pero sirve como catalizador para la inestabilidad psicológica que experimenta el protagonista masculino. El planteamiento de la historia puede parecerse un poco a la primera temporada de la serie Bronca (Netflix, 2023-), porque la segunda temporada traiciona bastante el concepto original, pero una de las virtudes de esta propuesta del director canadiense Louis Godbout, quien también ejerce como profesor de filosofía, es que no se limita a establecer un conflicto entre personajes que deriva hacia una tensión cada vez mayor, sino que lo utiliza como un elemento de fricción que funciona como reflejo de la lucha por el estatus social, especialmente desde la masculinidad, al mismo tiempo que rompe con las expectativas del espectador insertando elementos de distorsión. La figura del desconocido se presenta rodeada de una misteriosa influencia en los hombres, sobre todo cuando un policía (Martin Rouette) acude a la llamada de Brigitte, pero cambia radicalmente de opinión después de tener una conversación a solas con el conductor. Aunque su capacidad de asimilación casi hipnótica también tiene sus límites, especialmente cuando aparece un sargento de policía (Chimwemwe Miller) que no se ve afectado por su poder de convicción. El guión escrito por Louis Godbout no ofrece demasiadas explicaciones, lo que puede resultar algo frustrante, pero al rodear a la historia de esta digresión explicativa en realidad la alimenta con una narrativa que desafía al espectador a buscar su propia interpretación. 
A pesar de que hay una resolución a la disputa, ésta sigue permaneciendo en el ambiente, como ese tipo de conflictos que continúan corroyendo los pensamientos y planteando preguntas interiores sobre las decisiones tomadas, lo que se podría haber hecho y lo que finalmente se hizo, sobre todo en Jonathan, aparentemente afectado por las heridas psicológicas de dominación que suelen ser predominantes en la masculinidad. La cena con Sonia (Alexa-Jeanne Dubé) y Carl (Maxime Genois) transcurre con normalidad y relajación hasta que ellos les comunican que van a ser padres, tocando el punto más doloroso de la relación entre su hermana Brigitte y su marido Jonathan. Pero la distorsión psicológica del segundo es mucho más profunda, y de alguna manera la lucha por el aparcamiento parece haber abierto heridas más complejas. Hay alguna alegoría demasiado obvia, como la utilización de unas reproducciones de las pinturas negras de Francisco de Goya, especialmente La romería de San Isidro (1874) y El aquelarre (1874), cuyos rostros deformados se utilizan como representación de la abstracción del personaje. Pero la evolución de la historia desde un realismo con elementos de distorsión hasta una construcción mucho más abstracta aporta una originalidad desafiante a la propuesta. Sobre todo en el tercer acto, el camino de regreso, en el que las distorsiones psicológicas de Jonathan (Brigitte prácticamente desaparece de la atención del director) se vuelven mucho más inquietantes, hasta adquirir la forma de un thriller psicológico que, inevitablemente, puede recordar al cine de David Lynch. Curiosamente, Louis Godbout, cuya película fue seleccionada en el Festival de Shanghai, afirmaba en una entrevista que le sorprendió la selección en Fantasia Festival porque no veía que la historia tuviera elementos de género. Sin embargo, el desarrollo de una historia que comienza con un conflicto y termina con una cierta forma de liberación con toques de surrealismo parece encajar bien si la consideramos dentro de los límites del cine fantástico. La place ofrece interrogantes en vez de conclusiones claras, y esta decisión puede, y efectivamente lo ha hecho, provocar una división en la percepción de la historia. La propia incertidumbre expresada por el director sobre qué tipo de información revelaría y cuál dejaría en el incógnito es una forma honesta de enfrentarse a un relato que tiene más interés en reflexionar sobre el destino y sobre los momentos insignificantes de la vida a los que damos demasiada importancia. 

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

The galactic ghoul

Simon Harrisson

Canadá 2026 | 85' | Les Fantastiques Week-ends du Cinéma Québécois | ★★


En la programación de Fantasia Festival siempre hay un espacio para las películas de bajo presupuesto y altas dosis de ingenio, y ambas características son las que definen a este proyecto de Simon Harrisson, un supervisor de efectos visuales que ha dirigido algunos cortometrajes y ha dado el salto hacia el largometraje con una versión paródica de las películas galácticas de serie B, aunque también con referencias evidentes a los grandes iconos del cine de ciencia-ficción. Con un presupuesto de poco más de 200.000 euros, la película utiliza principalmente efectos visuales prácticos, pantalla verde y efectos generados por Blender, el software europeo de gráficos 3D gratuito y de código abierto que fue la principal herramienta de la premiada película de animación Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis, 2024), para construir un mundo galáctico que funciona como un espejo de las problemáticas de los seres humanos: luchas por el territorio, dinámicas de poder y conflictos armados que rodean a los personajes. The galactic ghoul (Simon Harrisson, 2026) se centra en el capitán Oscar Bravo (Vincent Hoss-Desmarais), un explorador espacial, y su subordinado, el teniente X-Ray Foxtrot (Vincent Hoss-Desmarais), obligados a entregar una misteriosa piedra a la reina 
Xaltalusia XXIII (Katherine Isabelle). Pero cuando llegan al planeta Toum, son hechos prisioneros y torturados durante dos años, ideando un plan para escapar y conseguir sustituir a una extraña criatura congelada por la propia reina para liberar a sus habitantes los glutonianos, y devolver la paz a la galaxia. La película tiene como principales responsables a Simon Harrisson, que se encarga de la dirección, guión, edición y efectos visuales entre otros cometidos, y Vincent Hoss-Desmarais, quien al margen de interpretar al protagonista y otros dos personajes más, también ejerce como productor, consultor de guión y consultor de edición. La estética de serie B asumida y abrazada con no pocas aspiraciones es una de las principales características de una película que ofrece todo tipo de elementos de las producciones de serie B, pero de una manera divertida: hay platillos volantes que recuerdan a Plan 9 del espacio exterior (Ed Wood, 1959), escenarios galácticos que hacen referencia a Star Wars. Episodio 1: La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), una estética que recuerda al cine de Guy Maddin, efectos prácticos y hasta marionetas hechas con calcetines para representar a los habitantes del planeta Toum. Hay una estética de lo cutre que sin embargo resulta efectiva porque es consciente de sus propias limitaciones y no trata de esconderlas, sino reforzarlas. 

El guión también juega con los tropos y los estereotipos de este tipo de producciones galácticas de bajo presupuesto, pero adquiriendo en este caso un tono de ironía que lo hace mucho más interesante. The galactic ghoul es una película que no se toma en serio a sí misma y que lo transmite a los espectadores, a través de un sentido del humor paródico y una cierta mirada nostálgica que utiliza las referencias como guiños con los que identificarse. No solo en la estética sino en la propia historia se introduce un homenaje al trabajo artesanal que evita que la propuesta sea solamente un chiste más o menos efectivo, sino que tiene también esa cualidad de tributo y de reconocimiento a los directores de cine que, con mayor o menor talento, han conseguido terminar sus proyectos cinematográficos dentro de un género tan complejo pero al mismo tiempo tan abierto a la imaginación como la ciencia-ficción. En este sentido, nunca se siente que la película sea barata porque asume que lo es, sobre todo en el diseño tan simplista como encantador de los personajes secundarios: para mostrar una escena de masas, utiliza un recurso tan sencillo como multiplicar una mano metida en un calcetín. De manera que el visionado de The galactic ghoul es recomendable sobre todo para los amantes del cine sin pretensiones, divertido e ingenioso, e incluso artísticamente brillante en su propio concepto. 

Su propio infierno se estrena en España el 23 de octubre._____________________________________Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):The Neon Demon y Ladrones como nosotros se pueden ver en Filmin.Her private hell se puede ver en Netflix.Emily la estafadora se puede ver en Netflix y Tivify.Navidades negras se puede ver en Acontra+, Filmin, Movistar Plus, Prime Video y Shadowz.Noche de paz, noche de muerte se puede ver en Acontra+ y Filmin.Navidades infernales se puede ver en Filmin, Fubo y Plex. Bonny y Clyde se puede ver en Movistar Plus.Aguas profundas se puede ver en Prime Video. Carol se puede ver en Filmin y Prime Video. Star Wars. Episodio 1: La amenaza fantasma se puede ver en Disney+.Plan 9 del espacio exterior se puede ver en Cultpix, JustWatch tv y Mubi. 

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