Revista Deportes

Gatos, borregos y alguna sardina

Por Malagatoro

borrego (2)

Un borrego de Ramón Sorando. Esto es lo que lidian las figuras salvíficas del arte del toreo


Plaza de la Malagueta. 19 de agosto. Corrida de feria. Casi lleno.

Gatos y borregos de Román Sorando, impresentables, mansos, flojos, varios inválidos, sosos y descastados.

Javier Conde: pinchazo atravesado, cuatro descabellos, aviso, dos descabellos, segundo aviso y tres descabellos (bronca). Media atravesada (pitos).

Morante de la Puebla: pinchazo y media trasera (palmas). Pinchazo y media, aviso, dos descabellos y el toro se echa (ovación).

El Juli: media estocada (oreja); estocada caída (silencio).


Fue llegar los G-10, Juli y Morante, y las gateras móviles ponerse en acción para traer gatos que fueran del agrado de sus apoderados Roberto Domínguez y Curro Vázquez. Bailes de corrales, que según el empresario Puche no interesa a nadie, pero que reflejan la categoría real de plaza pueblerina de la Malagueta. Si hay alguien que gana sus bien merecidos euros en esta feria es el bueno del transportista. Llega la feria de Málaga y hace su agosto trabajando duro recorriendo media España para traer borregos, gatos y sardinas que gusten a las figuras y sus apoderados.

Pero el responsable final de las inmundicias con cuernos que ayer salieron al ruedo, para mayor gloria de esta plaza en corrida televisada para Andalucía y otras comunidades autónomas, es el nefasto e innombrable presidente del festejo. Una vez más y como es costumbre en este presidente, aprobó una corrida de gatos y borregos impresentables, con alguna que otra sardina “manolita”, esa pequeñita típica de Málaga. Pero no hubo protestas por parte del bonancible público que se los tragó sin rechistar como también es costumbre.

A Javier Conde, que se colocó como empresario en dos de los carteles más fuertes del ciclo, no le vino el “Espíritu Santo” de la inspiración. Con el primer becerro  al que se le lidió desastrosamente, estuvo aperreado, tomando precauciones sin motivo aparente, y echándose en contra a la plaza que le propinó una gran y sonora bronca. Con los aceros fue un desastre, haciendo la suerte yéndose hasta la Farola y propinando un recital de descabellos, indignos de una persona que tiene como profesión la de matador de toros y que sirven para que los antitaurinos se carguen de razones en contra de la Fiesta. Con su segundo que era un gato escurrido y muy flojo, parecía que la inspiración, por fin, le había llegado al recibirlo con sus verónicas “a la antigua”, léase con los brazos por las nubes, pero rematadas con una buena media. Pero fue un espejismo, porque tras un simulacro de suerte de varas como lo fue en toda la corrida, el felino se aquerenció en tablas y  la inspiración de Conde desapareció. Mal, rematadamente mal, sin paliativos.

Morante de la Puebla parecía venir con el ánimo dispuesto para vérselas con los gatos que le habían tocado en suerte. Con su primer felino, manso y descastado, se vio frustrado su intento de torear a la verónica. Con la muleta lo más que se le vio fueron detalles de su clase en adornos y toreo accesorio. Con la quinta cabra sosísima, lo mejor fue una media verónica y el empaque y torería con el que inició su faena. El resto quedó en el intento y en solventar las situaciones de apuro que en varias ocasiones se le presentaron.

El Juli volvió a darnos gatos por toros y a tomarnos el pelo. Ante su primera birria nos vendió el cuento de la burra, en una faena en la que solo ofreció una media verónica con el capote y un natural bueno. El resto fue toreo ventajista y efectista con los cambios de mano, los circulares invertidos y los desplantes, que fue lo que más se ovacionó por el público. Tras cobrar una media estocada al “julipié”, la presidencia le regaló una oreja  para la que no hubo petición mayoritaria. Con el gatito inválido que hacia sexto, se limitó a matarle tras recetar algunos mantazos.

En resumen, la corrida de ayer fue una auténtica tomadora de pelo y de bolsillo, un espectáculo bochornoso que para más vergüenza tuvo como testigo las cámaras de televisión.

¡Paz y salud!


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