Revista Cultura y Ocio

Generaciones perdidas y ángeles caídos

Por Hun_shu

«Eran los jóvenes elegidos de un mundo salvaje y descastado, de un mundo que todavía se alimenta de poetas y estadistas muertos... una generación que, al crecer, encontró a todos los dioses muertos, todas las guerras hechas, perdida toda la fe en el hombre...» (F. Scott Fitzgerald, A este lado del paraíso)

Generaciones perdidas y ángeles caídos

Los malditos y los desheredados de la Historia fueron encontrando su camino a medida que iban coleccionando huellas propias, por caminos sin asfaltar, buscando las coordenadas en una brújula vacía de indicaciones. 

La guerra, el desencanto de los ideales clásicos, las revoluciones y la inadaptación social marcaron a la Generación perdida en un lugar indefinido de la línea del tiempo. No eran santos, pero sabían que eran genios en una época que invitaba a la desesperación. Excesivos, tormentosos, apasionados, bebedores. Fuera de sus fronteras todavía tenían un mundo por descubrir. Se convirtieron en viajeros que apostaban al vacío, escribiendo como respiraban, viviendo como si fuera un acto heroico de rebeldía ante la alternativa gris de lo cotidiano. 

Conectados en los años y en vidas ajenas, Hemingway, Dos Passos, Steinbeck y Fitzgerald con Berlanga, Auserón o Ceesepe, todos fueron jóvenes que se creían elegidos dentro de una explosión creativa que marcaría un capítulo aparte en la sociedad. La modernidad como bandera, la ausencia de contrición y un hambre de conocer nuevas formas de expresión creativas, les hicieron volar por encima de cualquier techo de cristal. Imparables y descarados como ángeles sin paraíso, caminando al filo de la navaja, libres. Sus fotografías, cuadros y canciones eran extensiones de ellos mismos.

La colección de expulsados del reino de los vivos va aumentando, ajenos al continuo avance de la rueda en el cielo. Siempre demasiado jóvenes. Ángeles caídos del jardín de las delicias hacia los abismos de la eternidad. Manolo Tena, Enrique Sierra, Eduardo Benavente, Poch, Victor Aparico, Jorge Martínez, Ouka Leele... Nos recuerdan que la tierra es demasiado leve y los campos de sueños están repletos de ceniza. 

Generaciones perdidas y ángeles caídos
 

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