Revista Historia

Germana de Foix, cuando la unidad de España pendió de un espermatozoide

Por Ireneu @ireneuc

Germana de Foix, cuando la unidad de España pendió de un espermatozoide

Boda de los Reyes Católicos

Si leemos cualquier libro de historia, encontraremos que la unidad de los reinos de España fue propiciada con la boda entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, o lo que es lo mismo, los conocidos Reyes Católicos. Esta unión, efectivamente, supuso la unión de la corona castellana y aragonesa bajo un mismo trono y ello ha sido utilizado hasta la nausea para justificar políticamente la unión posterior de lo que se ha dado a llamar España. Sin embargo, la historia, lejos de mitificar la unión de sus majestades católicas, ha dejado evidencias de que era una mera "unión temporal de empresas" y que solamente la casualidad impidió que ambas coronas hubieran seguido su futuro por separado posteriormente a su unión. Esa "casualidad" se llamó Juan.

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Isabel I de Castilla

Tradicionalmente, en Europa, las bodas reales eran algo más que una simple boda, ya que en ellas lo que se acostumbraba a sellar eran los pactos de poder entre las distintas casas reales (ver Las "fogosas" noches de boda de los reyes europeos). El caso de Isabel y Fernando no era una excepción, y con esta boda (1469) se conseguía sumar la potencia marítima de Aragón a la extensión territorial y poblacional de Castilla, formando una alianza en la que, al menos en apariencia, salían beneficiados los dos... a pesar de vicisitudes con otras casas reales, guerras de sucesión en Castilla y bulas papales falsas previas al advenimiento al trono.

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Fernando II de Aragón

Sea como sea, la reunión de ambos cónyuges en el trono fue ciertamente peculiar, ya que cada uno era heredero de su reino y, en ningún momento, se intercambiaron los poderes. Es decir, que Isabel fue toda su vida la legítima reina de Castilla, mientras que Fernando era simplemente el rey consorte; Fernando, por su parte, fue el legítimo heredero de Aragón y, como pasaba con Castilla, ahora era Isabel la que le tocaba ser la reina consorte. El conocido lema "Tanto monta, monta tanto", bien pudiera haber sido "Pincha tan poco, tan poco pincha", habida cuenta el bajo peso específico del monarca consorte en uno y otro territorio.

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Juana I de Castilla (La loca)

El matrimonio, mal que bien, prosperó. Propició la conquista de Granada, la conquista de América, y tuvieron 5 hijos, de los cuales 4 fueron mujeres y uno solo varón. El único inconveniente fue que el chaval murió de tuberculosis con 19 años, dejando el trono exclusivamente en manos femeninas. El tiempo pasó y a Isabel I le tocó primero la caja de pino en 1504, dejando viudo al regente Fernando. Su hija Juana I, conocida como "La Loca", como hija de Isabel la Católica, heredó los derechos sucesorios de Castilla, habida cuenta que su padre, Fernando, no tenía ningún derecho sobre ellos. El rey católico, enfrentado a Felipe el Hermoso -el marido de Juana la Loca-, y ante la incapacidad mental (algunos dicen que forzada) de Juana, decide asumir un papel meramente de regente y hacer un mutis por el foro, dedicándose entonces a los asuntos aragoneses. Y a fe que lo hizo.

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Germana de Foix

En 1505 y a menos de un año después de la muerte de Isabel I de Castilla (el muerto al hoyo y el vivo al bollo, debió pensar), Fernando II de Aragón contrajo segundas nupcias, y esta vez con la sobrina de Luis XII, rey de Francia, Germana de Foix. Fernando tenía 53 años y la joven Germana 18, un bomboncito para el ajadillo rey católico. La obsesión desde entonces fue el tener descendencia al precio que fuese. 
El hombre, pese a ponerle mucha afición al asunto, la puntería espermatozoidal la debía tener baja, por lo que Germana no quedaba embarazada. No obstante, algún "soldadito" despistado de Fernando el Católico hizo diana y Germana quedó encinta, dando a luz al que sería el heredero legítimo de la corona de Aragón: Don Juan de Aragón y Foix. Se materializaba la separación efectiva de Castilla y Aragón... sin embargo, la cosa no iba a durar demasiado.

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Carlos I de España

Horas después de nacer aquel 3 de mayo de 1509, el infante Don Juan moría, y a pesar de que lo intentó, Fernando el Católico no consiguió descendencia. Esta obsesión sucesoria le llevó a estar tomando infructuosamente durante más de dos años, todo tipo de potingues que le recetaban los médicos de la corte, muriendo debido a ellos, según contaron los mentideros de la época. Fernando II murió en 1516 y sus derechos pasaron al primogénito de Juana la Loca como única heredera legítima, el que sería tiempo a venir el Emperador Carlos I de España y V de Alemania.
Se ha querido desde siempre dar una pátina sacra a la unión de los Reyes Católicos como instauradores de la unidad indisoluble de la patria cuando, en realidad, fue meramente circunstancial. Algo tan voluble como un espermatozoide tuvo la capacidad de poder dar la vuelta a la historia de Europa como un calcetín y con unas consecuencias que difícilmente podemos ni llegar a imaginar.
La política siempre intentará cazar a la Historia y utilizarla en su favor; la Historia, por suerte, siempre es más rápida.

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Territorios unidos por los Reyes Católicos


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