La originalidad de una propuesta como Good Boy se encuentra en que nos ofrece una película de terror desde el punto de vista de un perro. La cámara baja a su altura y rueda desde su perspectiva, lo que se convierte en una narración muy tópica de este tipo de género, limitándose el guión a ofrecer una serie de momentos inquietantes y algún que otro susto. Es una lástima que no se haya explorado mejor la presuntas novedades que ofrece esta cinta, ya que la actuación del perro (lo mejor de Good Boy) queda como algo muy aislado del resto de propuestas de la misma. Aquí se sugiere que lo que está contemplando el animal no es la maldición de una casa encantada, sino las fuerzas espirituales de la muerte que están asediando a su dueño enfermo. La tragedia de la mascota es que su instinto de protección de nada sirve en una tesitura como esta y - aquí sí - la película conmueve cuando se muestran los esfuerzos de un animal tremendamente asustado ante lo desconocido que sigue intentando ejercer su función como guardián pese a todo. Por lo demás, una vez pasados los primeros minutos, la película se establece como una repetición en bucle de las mismas escenas con ligeras variantes entre ellas, lo que hace que incluso durando poco más de una hora, se acabe haciendo larga para el espectador.P: 4
