Francisco de Rojas Zorrilla, es uno de los grandes olvidados del Siglo De Oro, siendo como es una autor sin duda excelso, su producción no es de las mas habituales en el repertorio de teatro clásico. Yo le tengo especial cariño, ya que mis pruebas de acceso en la escuela de interpretación de mi ciudad de origen incluía un monólogo de "Abre el ojo". Las horas que pasé lápiz en la boca, masticando y rompiendo el verso de aquel puñetero texto son incontables, en la cama, en la ducha, desayunando, por la calle... ¡yo que sé!. No tengo muy claro si me pillaron por aquel monólogo o por la escena que yo había escogido que era nada menos que un fragmento del famoso monólogo de Marco Antonio del "Julio Cesar" de Shakespeare (osadías de la juventud, y aprovechamiento de un curso de voz que había realizado aquel verano ja ja ja).Desde entonces siempre recuerdo con simpatía a Rojas Zorrilla, y lo echo de menos en nuestros escenarios, Calderones y Lopes varios suelen eclipsar a un autor a reivindicar, y que va mas allá de las que posiblemente seas sus obras mas famosas, "Entre bobos anda el juego" y "Donde hay agravios no hay celos".Si por algo ha pasado a la historia Rojas Zorrilla es por la creación del subgénero denominado como "comedia de figurón" de aires farsescos, y arquetípico protagonista, que se mantuvo en nuestros escenarios, con su lógica evolución hasta no hace muchos años, siendo muy reconocible por el espectador patrio, dadas sus particulares características. Las comedias de Rojas Zorrilla se caracterizan por su hilaridad, ya que dominaba el humor como pocos, pero por misterios insondables, se ha quedado un poco a la zaga en cuanto a fama con sus coetáneos de mas renombre, y su fecunda obra no se representa tanto como debería, o al menos tanto como a mi me gustaría.Hace un tiempo llegó a mis oídos que se estaba llevando a cabo en la Sala Tarambana una obra de nuestro autor que hacía 300 años que no se representaba, me picó la curiosidad, y el envoltorio de la producción, años 60 patrios, me hicieron muy atractivo el producto, para que os voy a engañar, ya que la cosa prometía muchas risas y una visión distinta de nuestros clásicos. El título en cuestión era "Lo que son mujeres" obra completamente desconocida por mi, versionada en esta ocasión por Ozkar Galán, retitulando el texto como "Guateque 69"Sin tener ni idea de lo que iba a ver me acerqué ayer hasta Carabanchel dispuesto a pasármelo bien y sobre todo a reírme, algo muy sano sin ninguna duda, y que siempre viene bien.

Los cuatro actores que dan vida a la farsa, se encuentran en completo estado de gracia, con unas interpretaciones muy bien perfiladas, y de gran calado en lo actoral.
Lara Fernán, abosultamente deliciosa como la hermana fea, un tanto atolondrada y de aires adolescentes, derrocha encanto inocencia y naturalidad, en un personaje de esos que te quieres llevar para casa. Fernán dota de gran ternura y humanidad a Matea, dentro de un código muy de verdad y que en su breve monólogo se me antojó absolutamente maravillosa. Verla mirar embobada el conceptual televisor es una delicia y un ejercicio de interpretación teatral que me dejó completamente fascinado, en el que se puede resumir un trabajo lleno de verdad y alejado de cualquier afectación.Luna Del Egido, templadísima y con aires de primera actriz, como la bella hermana mayor, heredera del mayorazgo familiar. Nuestra actriz de impoluto tono corporal y vocal resulta muy adecuada para su personaje, dando sensación de mujer dura y altiva, que tiene un interesante recorrido a lo largo de la función, y que Del Egido redondea de forma perfecta rematando el arco del personaje sin el mas mínimo problema. La química con Lara Fernán es muy notoria, y las escenas de ellas dos se encuentran en el justo punto de sazón, donde el vínculo entre ambas se ve perfectamente reflejado de forma muy creíble y cargada de matices. Su estupenda presencia escénica ayuda mucho a que entendamos a su personaje, y resulta muy convincente en sus escenas mas comprometidas. Su trabajo con el verso, como es tónica en la función, resulta muy moderno, natural y todo tiene mucho sentido en los parlamentos.
David Kelly como Gibaja, alter ego del autor de la comedia y parte principal en el enredo. Kelly da vida forma perfecta a este arribista, un tanto chulángano de aires castizos y excesivamente pagado de si mismo, pero que también tiene su corazoncito. Comienza la función de forma admirable, saliendo a comerse al respetable de forma mas que convincente, obsequiándonos con varios apartes realmente notables. Con grandes dosis de enérgica socarronería y bastante ácido en sus comentarios, dota de gran cinismo a su personaje, logrando que se le vean las costuras a su Gibaja a los cinco minutos de estar en escena. Sus objetivos están clarísimos así como sus estrategias, llevando a cabo una sólida interpretación y muy matizada.Héctor Carballo, absolutamente soberbio interpretando tres personajes arquetípicos, y muy diferenciados entre si. Encontré a Carballo entregadísimo en todas sus intervenciones, logrando cotas de excelencia en un dificílisimo y agotador trabajo de disociación en el que un puro, unas gafas y un foulard son cruciales como elementos diferenciadores de cada personaje. Carballo ejecuta un monólogo a tres que me pareció asombroso. Nuestro actor posee una vis cómica indudable y maestría a la hora de afrontar el verso, que resulta natural y perfectamente dicho, en un trabajo con el texto realmente notable y de enorme calidad. Tiene varios mutis de órdago, y su trabajo resulta impactante tanto por su dificultad, como por su solvencia como actor.

