Revista Ciencia

Hacia el aeropuerto

Publicado el 29 enero 2018 por Descubrirlaquimica2 @descubrequimica

 

Hacia el aeropuerto

Playa de Lapaman, Bueu (Pontevedra, España)

Un viernes lluvioso por la mañana Ana estaba conduciendo hacia el aeropuerto de Santiago, no le gustaba nada conducir por aquella autopista y mucho menos con lluvia, pero era por una buena causa. Tenía muchas ganas de ver a su hermana, y que menos que ir a buscarla, había pedido permiso para ir a buscarla ese día. Fernando, tenía clases en el instituto y Elena, estaba dispuesta a faltar al instituto aquel día por ir a buscar a su tía (algo poco normal en ella) pero ella y su marido se habían opuesto a esto.
Elena se había enfadado porque no la habían dejado ir, pero hasta su tía que tenía muchas ganas de ir a verla, el día antes que habían hablado por teléfono cuando ella había llegado a Madrid le había dicho que fuese a clase, que ya tendrían tiempo para hablar.
Llegó al parking del aeropuerto, había sitio de sobra, aparcó el coche en una buena plaza y recogió el ticket. Después de esto se dispuso a encaminarse hacia la zona del aeropuerto donde en principio llegaría su hermana.
La verdad es que aquel viaje era una gran paliza tres horas desde Berlin hasta Madrid y allí tener que esperar hasta el día siguiente por la mañana temprano, para hacer un vuelo de una hora hasta Santiago de Compostela … En medio de esta reflexión se escucha:
- ¡Ana, Ana estoy aquí!
Indudablemente era su hermana Adriana, a pesar de la paliza de viaje que acababa de hacer, allí estaba manteniendo la sonrisa y saludando con la mano.
- ¡Adriana, no te veía! – exclama Ana, con la misma expresión que tienes cuando en una clase dejas un momento de atender al profesor y de repente te pregunta algo.
-Me falta preguntarte ¿Y tú qué opinas? – le dijo Adriana
-Lo cierto es que sí, estaba pendiente, pero dejé un momento de prestar atención y de repente apareciste. Pero bueno … así la sorpresa de verte es todavía mayor.
- ¡Dame un abrazo hermanita! ¡Cómo te he echado de menos! -Yo a ti también y eso que hace dos meses que nos vimos.
Eran finales de febrero, se habían visto en las navidades, Adriana se había marchado después de reyes ya que aún no había acabado la beca y no se sabía si había posibilidades de ampliación y/o renovación. Pero a ellas les parecía como si llevasen un año sin verse.
-¿Sólo traes este equipaje? – le preguntó Ana - ¿Traes todo en esa maleta tan pequeña y en esa mochila?
-Bueno … las compañías low cost es lo que te permiten traer – explicó Adriana - ¡Parece mentira que no lo sepas! ¡Con todas las veces que viajasteis a verme!
-¡Ah claro! ¡No caía! – dijo Ana que aún estaba dormida – Una maleta con medidas de cabina y dos bultos suele ser lo que te dejan pasar … ¿Y qué has hecho con el resto de cosas?
-Pues las he metido en cajas y he encargado que me las traigan – explicó Adriana – creo que llegan pasado mañana. Me he traído lo imprescindible.
-Ah pues muy bien … Si tienes todo lo que te hace falta para estos días está bien, luego ya colocaras todas tus cosas cuando te lleguen.
-Si he pensado hacer eso.
-Bueno, vamos al coche, déjame que te lleve algo. La maleta, por ejemplo.
-No te preocupes, no me pesa
-Venga, que estarás cansada después del viaje
-¡Que no hace falta! – exclamó Adriana – además, yo soy la mayor. Quedaría como una hermana abusona si lo hago.
-Bueno, ahora con los años que tenemos eso de la mayor y la pequeña ya queda un poco atrás ¿No crees?
-Tres años de diferencia, siguen siendo tres años de diferencia.
-¡Cómo se nota que hiciste una carrera de números! ¡Tú y los números …!
-Mientras nosotras discutimos, el tiempo pasa, venga vamos al coche.
-De acuerdo – dijo Ana que ya se daba por vencida.
Se dispusieron a caminar hacia el coche, cuando llegaron a la máquina de pagar, Adriana sacó una tarjeta y la introdujo en la máquina.
-Pero ¿Qué haces?-Pagar el Parking
-Pero …
-Soy yo la mayor ¿Recuerdas? Además, esto lo paga la universidad
-Bueno sobre eso mejor no opino, vamos al coche …
Introdujeron la maleta en el maletero y se dispusieron a ir hacia casa.
-¿Qué tal Elena y Fernando? – preguntó Adriana
-Pues Fernando bien, dando clases en el instituto, ahora es mitad de curso y tiene que corregir exámenes. Como siempre vamos …
-¿Y Elena?
-Pues de eso precisamente quería hablarte …
-¿Le ha pasado algo?
-No es eso … bueno no lo se … imagino que serán las hormonas …
-A ver … necesito más datos … con tan pocos datos no me entero de la situación.
-A ver, había suspendido física y química la primera evaluación y tuvo la recuperación antes de navidad – explicó su madre
-Si eso lo recuerdo, si hubiese sido después le habría ayudado a prepararla en navidad. De todos modos, todas las semanas hablamos por Facetime y le dije que si tenía dudas me podía preguntar.
-Suspendió … Y el último examen de física y química no le salió muy bien …
-Ah, pues de eso no me contó nada … y eso que le pregunté varias veces.
-Últimamente se irrita, y tiene muchos cambios de humor, el otro día cuando le dije que venías a quedarte se puso muy contenta. Pero le pregunté por la nota del examen, y se enfadó, y se marchó a su habitación.
-Bueno, lo de los cambios de humor es algo propio de la edad … Elena es una niña de buenas notas, por eso imagino que estará fastidiada con lo de física y química.
-El otro día, le pregunté si se quería apuntar a clases particulares, y me dijo que no que su tía no había ido nunca a clases particulares; que no le hacía falta.
Adriana se echó a reír y respondió:
-Bueno eso es relativo, en la carrera, a las orgánicas y a las químicas-físicas por ejemplo tuve que ir a clases particulares; no sé de dónde saca eso la verdad … Supongo que se referirá a que en el instituto no fui … Pero bueno antes no era como ahora.
-Es que además en el instituto donde da clases Fernando, sus compañeros de clase … Pero ella no quiere
-Bueno si no quiere tampoco conviene que lo haga a disgusto
-Ya, pero tiene que sacarla, además está empeñada en que su profesora le tiene manía
Ahí había tocado un tema delicado su hermana. Claro su marido era profesor, los profesores no tienen manía … Sobre eso ella no quería opinar ya que también era profesora. Pero sí que era cierto que a veces un alumno podía llegar a tener esa percepción, y ella lo recordaba de su época de estudiante.
-Adriana, ¿Tú, podrías ayudarla con física y química? No quiere ir a clases particulares, pero es evidente que necesita ayuda. A ti te hace caso …
-Sí claro, lo voy a intentar por lo menos.
-Bueno hemos llegado al garaje. No sabes cuánto te lo agradecería.
Ana aparcó el coche, le llevó un rato, no estaba acostumbrada a coger el coche y además tenían una plaza de garaje bastante mala.
Hay que pensar que hay gente que no tiene plaza para aparcar, y que tiene que dejar el coche en la calle. Pero lo cierto era que aquella plaza de garaje estaba entre dos columnas y entre tres vecinos que no respetaban las líneas a la hora de aparcar. Por lo que era muy fácil rallar el coche, además, era negro y se notaba más.
-¡Vaya plaza más mala tienes para aparcar! – dijo Adriana
-Bueno hay que convivir con lo que a cada uno le toca – respondió Ana – Pero lo cierto es que sí, esta plaza de aparcar es bastante mala. Sobre todo, para mí, que no estoy acostumbrada a coger el coche. Bueno, vamos a descargar.
Descargaron y subieron todas las cosas a casa, y las llevaron a la habitación de Adriana.
-Bueno, esta es tu habitación de siempre, he abierto la ventana para que ventile. Pero si te molesta puedes cerrarla cuando quieras.
- ¿Te puedo ayudar en algo, Ana?
-No, tu descansa, que estarás cansada del viaje. Ya preparo yo la comida, no te preocupes por nada.
-Lo cierto es que te lo agradezco, no he dormido nada bien, me vendría bien echar una cabezadita ahora.
Descubrirlaquimica. Estudiante de química en la USC
29/01/2018
Hacia el aeropuerto


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