
Epifanía feliz en una librería de viejo.
En general soy socrático grado master: no se nada de casi nada (disimulo bien) , pero especialmente no sé nada de Cómic . Hasta la presente toda mi cultura al respecto se había quedado con Trece Rúe, Capitán Trueno, el Jabato y Mortadelo y Filemón. (Vale que viejunos, pero no me los toquen, carajo, que me cabreo).
Así que a estas alturas de la película, agotado el filón de los manga gastronómicos (delicatessen que en porciones me llevo a la almohada: Oishimbo, la Cantina de Medianoche, El gourmet solitario...) descubro Hanzô por purita casualidad: dibujos que parece no están mal, el tema ...samurai, Japón....ya saben....
Pues no esperaba tener una iluminación, que parece que me haya dado de bruces con lo que millones de personas ya sabían: que ésto es una puñetera obra de arte, que está a medias entre un guión de encuadre de un director de cine , una novela por entregas y una serie para coleccionar de ukiyo-e. Cuadros sin texto , dibujos intencionadamente manchados e imágenes a veces bastante explícitas.
La fascinante historia en nosecuantos - :) - tomos del suppa (un ninja del clan Takeda) más famoso de Japón: Hattori Hanzo (si, ya sé que en Madrid hay es un restaurante...), en su simbiótica relación con Ieasu Tokugawa , el shogun que aspira a unificar el país.
Como un enano lo estoy pasando, oiga.
