Mario Toral llega en 1958 a la "ciudad luz", con la ilusión de todo
joven pintor de confrontar sus sueños a la realidad del medio. Pero además
de encontrar nuevos desafíos que permitan expresar sus ideas plásticas. El
estudio de las técnicas del grabado con Henry Adams en la Escuela de Bellas
Artes de París, permite al artista ingresar al mundo de las artes
gráficas. Siendo sus investigaciones en las técnicas del grabado en metal,
el medio propicio para grabar sus "Totems".hile, endonde comienza su extensa serie de pinturas y obras
A partir de mediados de la década de los sesenta el artista retorna
a Santiago de Chile, en donde comienza su extensa serie de pinturas y obras
sobre papel, titulada "Torres de Babel", y aflora uno de los rasgos más
característicos del artista : Los rostros encerrados y espacios vaporosos,
únicamente constituídos estos últimos por la certera línea que divide el
blanco del soporte.
En este periódo de trabajo del artista, la derivación de planos geométricos
y formas orgánicas toma cuerpo a través de la visualización de una figura
humana, en donde el rostro es el último vestigio de humanidad, la que está
sometida a planimetrías ortogonales desde donde pareciera encontrarse en un
encierro y soledad infinita. De hecho muchos de estos rostros -en
muchedumbre o solitariamente en la composición- habitan desoladas
arquitecturas las que -a modo de nichos- parecieran enmarcar, estratificar
y quizás aislar, las posibles emanaciones de sentimiento hacia estos mundos
imaginarios y tremendamente pétreos.

Se podría decir que estos dibujos son la antesala más reciente
del "Rostro Múltiple" que el artista ha estado trabajando en estas cuatro
décadas de pintura, pero además son el contrapunto necesario de estos
últimos cinco años en donde ha realizado junto a su equipo de trabajo el
mural "Memoria Visual de una Nación" -emplazado en la estación del
ferrocarril subterráneo Universidad de Chile- y que nuevamente nos enfrenta
al misterio que encierra su pintura, como posibilidad expresiva de un ser
sensible no sólo a su tiempo, sino que además, a los hechos de su historia
con la asistencia de la razón e intuición, pero especialmente con ese apego
a la creación plástica que no ha seguido modas o tendencias pasajeras y que
se ha decantado en esta narración onírico/geométrica, marcada por las mil
caras del retrato.

