Revista Atletismo

I Euráfrica Long Trail

Por Juan Andrés Camacho Fernández @CorredorErrante
I Euráfrica Long Trail
Tras muchos, muchos meses esperando la prueba, finalmente  llegó el día; despertaba pasadas las 5 de la mañana, y tras un rápido desayuno, repasé por enésima vez toda la ropa y el material y salí camino a Calle Alta.

La temperatura era muy buena pese a que la penumbra inundaba Algeciras, y, en manga corta y con las perneras, mallas y manguitos que Trekking&Running Marbella me han cedido para llevar a cabo el Reto 360º Solidarios, mi SAD Extend y uno de los pares de huaraches que Enix Sandals ha cedido con motivo del reto, ascendí hacia la salida.

La jornada previa había sido fenomenal, desvirtuando al fin a Adrián y Aitor, organizadores de la prueba, recogiendo la bolsa del corredor y saludando a varios amigos, como Rubén Delgado, Pablo Gálvez o Ágata Domínguez, entre muchos otros.

I Euráfrica Long Trail

Con @ruben_rdg, un pedazo de atleta como la copa de un pino y buena gente a más no poder

Además, tras disfrutar de la presentación del incomparable marco que recorreríamos a zancadas en unas horas, tuve el inmenso placer de compartir mesa redonda con Rubén, el de la foto, e Iván Vivo, "Nómada Ocasional", uno de los protagonistas, junto a Mark Woolley, de las crónicas que más veces he leído y releído, y eso que leo muchísimo.

Hablamos sobre nuestras impresiones acerca de la prueba, presenté escuetamente el Reto 360º Solidarios, debatimos sobre el minimalismo y disfrutamos de un rato muy distendido y enriquecedor.


I Euráfrica Long Trail

De izquierda a derecha, Adrián, Rubén, Iván y un servidor

De eso hacía ya varias horas, y nuestro próximo encuentro sería vestidos de corto, Iván como corredor escoba de la prueba, Rubén como aspirante al podio (pese al nivel apostaba por él dentro del top 5 de la prueba como poco, y por los vencedores me decantaba por el dúo Zaid-Joan Marc).

Al primer que me encontré fue a Pablo Gálvez, con quien fui en busca de un baño, y una vez de vuelta en la plaza, pasé el control de material (en mi caso solo me pidieron el DNI) y me preparé para la salida.

Si compartir mesa redonda con semejantes cracks, horas atrás, había sido el equivalente, para un futbolista de segunda B, a realizar el calentamiento previo a un partido de Copa del Rey con Cristiano y Messi, ahora que esos cracks me rodeaban, de igual a igual, la sensación era de emoción supina.

Allí estaban Zaid, Joan Marc, Rubén, Chemari, gran amigo del asfalto, y muchos, muchos más.

Cogí una posición adelantada, pero en segunda fila, me coloqué bien el frontal, encendí la luz de posición trasera, y al pistoletazo, salí disparado (nunca mejor dicho).

No obstante, una centella de amarillo fosforito emergió bajo el arco de meta y antes de llevar 50 metros recorridos ya nos sacaba 10 de ventaja a todos...

Mi planteamiento era el de un entrenamiento de calidad, sabiendo que sufriría pero sin buscar machacarme en exceso, y de disfrutar del paraje que descubriríamos en breve y la compañía de quienes corrían conmigo; aun así, he de admitir que salí muy rápido, pero iba cómodo.

Los huaraches, las Enix V2, de las que pronto comentaré mis primeras impresiones (pasan los 150 kilómetros en 10 días, con muy buenas sensaciones), retumbaban en el asfalto mientras seguía la estela de la centella, y antes de darme cuenta estaba en un grupito destacado que comenzaba a estirarse.

Al girar a la izquierda en la Avenida de Blas Infante nos agolpábamos cual manada una docena de corredores, avanzando al galope tras el corredor de fosforito, que seguía manteniendo la ventaja que había obtenido en el arranque de la prueba.

Me parecía un derroche de energía innecesario teniendo en cuenta que teníamos más de 70 kilómetros por delante, y más aun, teniendo en cuenta que nadie del grupo de cabeza lo conocía, por lo que, o era un kamikaze, o era una estrella desconocida que estaba a punto de darse a conocer.

Kilómetro y medio más tarde, mientras ascendíamos por la Calle San Luis, la estrella se apagaba, y la manada, de la que ya solo quedábamos 10 miembros, le engulló y dejó atrás con la misma velocidad con la que había comenzado su sprint de comienzo de ultra.

Cruzamos al otro lado de la A7, donde nos esperaban un miembro de Protección Civil y un fotógrafo, y descendimos durante dos kilómetros en los que tuve el gustazo de compartir camino, codo con codo, con Zaid y Rubén, uno a cada lado, entre otros fenómenos del trail.

Sabía que ese no era mi sitio y no tardaría en perderlos de vista, pero me sentía muy cómodo bajando por la carretera, adelantando incluso al coche escolta, y disfrutando de las vistas nocturnas de la penitenciaría, que iluminaba el camino que seguiríamos desde la distancia.

Una vez llegamos a los primeros carriles comenzaron a destacarse Zaid y Pedro Bianco, y poco a poco el grupo se fue estirando y fui quedándome atrás.

Me dio pena no seguirles, pero la lógica se impuso al corazón y decidí hacer mi carrera.

El carril era ancho, la tierra estaba blandita por las lluvias recientes (de hecho, comenzaba a chispear), y el cielo, nublado, escondía las estrellas, siendo las únicas luces que ahora veía las de mi frontal y el de los compañeros que se alejaban en la distancia.

Olía fuertemente a tierra mojada y a campo; me encanta esa sensación.

La pendiente fue picando en contra sutilmente, pero eso no me impedía correr a buen ritmo de forma cómoda, hasta llegar al primer tramo técnico, el descenso a la Garganta del Arroyo del Capitán, donde reduje la carrera a trote, posteriormente marcha, y por último, escalada.

Cada vez que escuchaba pasos me echaba a un lado, ya que no quería estorbar, y con la ayuda de ambas manos (que me quemé bastante con las cuerdas) y la de alguna que me echaron los voluntarios pude salvar un tramo técnico espectacular, que parecía introducirme por momentos en otro mundo.

Había perdido algunas posiciones, pero nada más dejar atrás ese primer tramo recuperé el ritmo y tenía "a tiro" a los corredores que tan hábilmente me acababan de adelantar.

Aun así, y como había llegado a un avituallamiento, decidí beber algo y recobrar el aliento; había llegado en decimoséptima posición, y cuando el decimoctavo corredor hizo aparición me lancé a la carrera con él.

El terreno continuaba siendo una pista muy corrible, así que nuestro ritmo oscilaba entre 5:30 y 6 minutos el kilómetro según la pendiente.

La humedad era increíble, tanto la camiseta como el dorsal (por cuya integridad comencé a temer) estaban completamente empapados, y el fenómeno conocido como "las barbas del levante" comenzaba a ascender por algunas de las laderas cercanas, augurando una muy pobre visibilidad si la previsión meteorológica no cambiaba.

Fui adaptando mi ritmo al desnivel, y aunque no veía que estuviese quitando el pie del acelerador, mi breve compañero de fatigas no tardó en dejarme atrás, así como un grupo de 3 corredores, una pareja y otro corredor solitario.

Con el amanecer intuyéndose en la lontananza llegué al Mirador Hoyo Don Pedro, si las cuentas no me fallaban, en vigésimo cuarta posición; al comienzo fue "divertido" ir contando corredores, pero lo dejé nada más salir del avituallamiento para no obsesionarme con la posición.

Nuevamente había tomado un vaso de agua, y esta vez también algo de fruta, chocolate e isotónica, ya que pese a haber desayunado comenzaba a tener hambre.

Me marcaron el dorsal y dejé el avituallamiento por donde había venido, cruzándome con Pablo Gálvez al salir de él; me alcanzaría un par de kilómetros más tarde.

Ya se intercalaba algún breve descenso con los ascensos, por una pista menos limpia, lo que dificultaba mi ascenso en algunos tramos; podía avanzar más rápido si quería, pero corriendo con huaraches me es más cómodo avanzar por las zonas limpias, aunque eso implique zigzaguear un poco y perder algunos segundos.

Amaneció de forma casi imperceptible, y cuando me di cuenta no necesitaba si quiera usar el frontal; la llovizna aumentaba por momentos, y tan pronto como lo hacía, cesaba.

Llegué a muy buen paso al kilómetro 20, donde la transformación del paisaje ya era casi completa, y parecía sacada de una película de Jurassic Park (increíbles los paisajes, sinceramente).

No había tardado ni 2 horas en completar los primeros 20 kilómetros, lo que por momentos me había llevado a reconsiderar mi planteamiento de la prueba (de unas 10 horas de crono y una posición entre los 50-80 primeros para considerarla una buena actuación), aunque tardé en cambiar de parecer lo mismo que el terreno en descender.

Inicialmente fue por un terreno blandito, por donde volaba con mis huaraches, pero la vegetación fue creciendo y espesándose a nuestros lados y de pronto me vi prestando más atención a pisar con más cuidado para no pincharme con las zarzas que para no caer, lo que me propició algún resbalón y muchos, muchos pinchazos.

Aun así la pareja que me antecedía no parecía estar pasándolo mejor (era muy difícil ver por donde pisábamos), aunque se reían con los pinchazos.

Cuando el terreno comenzó a ser más escarpado dejé que avanzasen, y fui dando paso a los corredores que bajaban a toda mecha tras de mí.

Habría llegado en trigésima posición a la espectacular bajada, pero no sabría decir cuantos corredores me barrieron en ese tramo...

Yo bajaba lento y seguro, guardando fuerzas, y recibiendo muchísimos ánimos por parte de corredores que conocía, entre ellos, Miguel Ángel Gómez "Rubillo", de La Senda, a quien no esperaba encontrarme en la prueba.

Me dejó atrás prácticamente llegando al tercer avituallamiento, y como repuse líquidos y comí a placer en el mismo, mientras era vitoreado por los voluntarios; estando tan a gusto cualquiera se iba...

Aun así traté de no prolongar más de lo debido mi parada y acabé reanudando la marcha, que ya se extendía más allá de las dos horas y media.

I Euráfrica Long Trail


I Euráfrica Long Trail

Con un gran alivio por cambiar de grupo muscular predominante, comencé la subida con mucha alegría, y aunque poco a poco el trote dio paso a la marcha en algunos tramos, me dio mucha alegría poder recuperar alguna posición por primera vez desde el comienzo de la prueba.

No obstante, un corredor me adelantó justo al comienzo de la subida, y aunque paraba para echar fotos cada pocos metros (íbamos dejando la costa a nuestra espalda, con unas vistas muy bonitas), no conseguía darle alcance.

Él y otro corredor, veterano, fueron de los pocos que me dieron alcance, en un tramo en el que me concentré en la subid y aproveché los breves tramos a favor, por pistas muy limpias, para correr a ritmos altos.

Con dicho corredor veterano, José Luis, llegué junto al descenso hacia el Río de la Miel, en el que ambos nos quedamos mirándonos al pie del sendero y cediéndonos el paso.

Al igual que yo se declaraba muy flojo en los descensos (le habían adelantado, contadas, más de 20 personas en el primer descenso hacia el Río de la Miel), pero insistí en que bajase primero.

El sendero no se veía especialmente técnico, tan solo estaba muy expuesto, así que fuimos bajando bien, sobre una superficie húmeda y blandita por donde mis huaraches se aferraban en cada zancada, dándome bastante seguridad.

Como fue un tramo muy corrible, acabé poniéndome delante, y al ser una zona de mucho subir y bajar fuimos aprovechando para charlar en las subidas, corriendo concentrados en las bajadas.

Fue un tramo increíblemente divertido, y además, de nuevo en un paraje que parecía de película sobre la prehistoria... con árboles por todos lados, tapando la luz solar, recubiertos de vegetación y verdor por todos lados, y con una densa niebla rodeándonos por todos lados.

José Luis me comentó que este año me había visto en las VI 24 Horas Solidarias La Breña Xtreme, y me preguntó si había participado en el Trail Bronce Solidaria.

Le comenté que en las 24 horas, dando este año 6 vueltas y acabando como segundo clasificado absoluto, quedando asombrado él, que me comentó que hacía un par de años él también había logrado 6 vueltas, pero en un circuito mucho menos agresivo y con unas condiciones meteorológicas que nada tenían que ver con las de este año (temperaturas suaves y lluvias los días previos, lo que compactó el terreno).

El destino nos había colocado en la misma posición de la prueba a los dos, torpes bajadores pese a tener sobrada experiencia en ultras (mucho más él, presupongo por la veteranía), y recorrimos muy animados un tramo en el que no tardaron en "acoplarse" Chemari y otro corredor del Trail Running Melilla, que se quedaron, por momentos, a nuestra espalda.

Llegamos juntos al avituallamiento, donde nos encontramos a Ágata, y tras recuperar y tomarme un gel emprendimos juntos el descenso.

Llevaba ya un rato con molestias estomacales, así que, y como sabía que se acercaba un largo descenso, bastante corrible por las referencias que nos dio Ágata en el avituallamiento, me adelanté, me eché a un lado del camino y escuché la llamada de la naturaleza.

Me llevó varios minutos, por lo que no sabía si conseguiría "recuperar" el tiempo perdido, pero sin ninguna presión me puse en marcha.

Había tramos con carretera quebrada y otros mucho más expuestos, pero podía correr con facilidad por ellos, por lo que me "dejé caer" y fui cogiendo velocidad y posiciones.

Fue un tramo en el que por primera vez desde que dejamos atrás las primeras pistas volví a ritmos cercanos a 5 minutos el kilómetro, sin demasiado esfuerzo, y sin darme casi cuenta llegué a una zona abarrotada de espectadores que nos impulsaban pendiente arriba: El avituallamiento de Inturjoven, por donde pasaríamos otra vez más.

Subí las escaleras hacia el interior del edificio al trote, giré a la izquierda, marcaron mi dorsal y me dispuse a recuperar; José Luis estaba terminando, pero me dijo que me esperaba, y tras un breve instante salimos los dos juntos, vitoreados nuevamente al salir del avituallamiento.

Con las pilas recargadas y un chute de adrenalina producto de esos ánimos que ningún gel puede proporcionar nos internamos en unos senderos blanditos de sube y baja, pero picando hacia arriba, donde nos encontramos la bifurcación del bucle y un grupo de corredores parados hablando, algo airadamente, con voluntarios.

Varios corredores ascendían en la distancia por la derecha, y a nosotros nos querían desviar por la izquierda; alcancé a oír únicamente un retazo de la conversación, mientras llegaba:

-"...¡Te digo que es por aquí..."

-"...¡A ver, el juez de carrera ha dicho que éste es el camino y éste es el camino, si se han equivocado y han tirado por donde no es, que culpa tenemos..."!

-"...Bueno, tampoco será culpa nuestra..."

José Luis y yo nos acercamos y preguntamos que pasaba, y aunque no me quedó del todo claro en ese primer momento, resulta que unos corredores se habían metido por el bucle a la inversa, y nos decían que teníamos que coger el desvío de la izquierda.

Chemari y su compañero de Melilla estaban con el grupo que se encontraba parado, y al llegar José Luis y yo y confirmar la dirección que debíamos tomar cogimos el camino, sin mucho problema.

Tuvieron que indicarnos la dirección e incluso acompañarnos en varios tramos porque no encontrábamos la balización que esperábamos en las bifurcaciones, pero una vez cogimos la pista y comenzamos el ascenso seguimos en "solitario".

Formamos un grupo buenísimo, relevándonos para marcar el ritmo, corriendo juntos en hilera para no molestar al ganado que invadía los carriles, contando historias... el ascenso fue uno de los tramos que más disfruté, gracias a la compañía.

El compañero de Chemari, Juandi, había corrido este año la Andorra Ultra Trail Mític, en algo menos de 40 horas (estuve un buen rato intercambiando impresiones de la prueba con él), Chemari es una bestia en medias y maratones en asfalto, y José Luis no comentaba mucho sus logros, pero las 6 vueltas a la Breña bastaban como muestra de su calidad.

Ahí fuimos charlando "Los 4 Fantásticos", ascendiendo a un ritmo implacable, incluso trotando en los falsos llanos en los que lo veíamos oportuno, en una zona que, llegando al generador, José Luis comentó lo que llevaba varios minutos pensando... "¡Cómo se parece esta zona de la prueba al tramo final de ascenso de la Subida al Veleta, solo que con vegetación...!"

Efectivamente, ascendíamos por una pendiente implacable, con vistas a centenas de metros en la distancia, por donde no se veía un alma...

En algún tramo, ya llegando al aerogenerador, nos llegamos a preocupar, ya que en la distancia no se veía a nadie y por detrás, en casi un kilómetro que abarcábamos desde nuestra posición, tampoco se veía llegar a nadie; no podía ser que tras cerca de una hora de ascenso ni hubiésemos visto a nadie ni nadie nis hubiese visto a nosotros...

Llegando a completar el primer maratón de los casi 72 kilómetros de la prueba, y tras pasar un rato dubitativos en un cruce (hasta que de casualidad, vi a lo lejos una baliza, por mirar hacia un rebaño de ovejas), retomamos la marcha, prosiguiendo con el ascenso, y encontramos un avituallamiento, a priori, abandonado.

El voluntario se encontraba varios metros más arriba, y nos comentó que íbamos bien, que no nos preocupásemos, aunque sin más explicación.

Bebimos y aprovechamos la parada para orinar, rellené los bidones y continuamos el ascenso, en el que, por el rabillo del ojo, vi llegando al aerogenerador a tres corredores en fila india; "¡menos mal, no somos los únicos!"

Llegamos a pensar que éramos los únicos corredores que estábamos en esta zona del bucle, temor que pocos minutos casi se confirma (menos mal que vi subir a los corredores al llegar al avituallamiento, ya que si no nos veía dando la vuelta...) cuando comenzamos a cruzarnos con corredores con los que nos habíamos cruzado en la llegada al polideportivo, y con los que habíamos compartido algún tramo al comienzo de la prueba, como Rubillo, que iba en muy buena posición.

Uno de los corredores nos comentó que llevaba 23 minutos de descenso antes de vernos a nosotros y José Luis y yo nos echamos a temblar... eso seguramente implicaría que el descenso por este lado del bucle al hostal sería muy vertical, y posiblemente técnico...

Personalmente me pareció mal que no se hubiese llevado a cabo un control en el interior del bucle, ya que cualquiera que lo hubiese querido (aunque fuese absurdo), podría haber llegado hasta ese punto, dar la vuelta y disfrutar de un tranquilo descenso por pistas anchas y corribles mezclado con los corredores que iban en el buen sentido (porque ya habíamos asumido que los que íbamos mal éramos nosotros...).

La niebla comenzaba a cerrarse sobre nosotros, y aprovechando que vamos genial en subida, José Luis y yo comenzamos a distanciarnos.

Chemari bromeaba con que en la narración de la crónica mencionase que me había dejado ganar, pero le dije que aun quedaba mucho, y cuan en lo cierto estaba...

Tras terminar un ascenso inexorable en el que llegué con mis reservas de agua bastante mermabas comenzó el descenso, primero suave, luego más escarpado, por unos senderos infestados de piedras...

La niebla no me dejaba ver a más de medio metro, no encontrábamos balizas y encima mi propia respiración me empañaba las gafas.

Tras varios resbalones tuve que quitar una marcha y dejar que el grupo se adelantase, perdiéndolo en cuestión de segundos entre la niebla.

Me lancé tras su busca en un tramo de descenso por el que se podía correr más, y de hecho lo alcancé en una zona en la que, brevemente, llaneamos, pero me pegué un nuevo tropezón y volví a perderlos.

Paré para ir al baño, beber y concentrarme, y retomé el descenso con ímpetu... hasta que una piedra me frenó, de bruces contra el suelo.

Perdí toda esperanza de alcanzarlos de nuevo, y me vine psicológicamente abajo.

Sabía que si la organización nos había desviado en sentido inverso sus motivos tendría, y al ser un bucle "es lo mismo" el sentido que cojas, pero personalmente sabía que me hubiese ido mucho mejor el otro sentido y estaba pensando más en lo que podía haber sido que en el presente, en el que me encontraba rodeado de niebla y muerto de frío en un punto que no sabía ubicar en el rutómetro, con apenas un sorbo de agua disponible y solo.

A lo lejos comencé a escuchar unos bastones, de un corredor que me pasó como una bala, y así unos cuantos más.

Llegué a una zona de descenso en zetas enorme, ya sin agua, y, resignándome, ya que no me quedaba otra, recorrí andando las zonas más pedregosas y corriendo las más limpias.

Por lo menos las vistas, ahora que al bajar iba quedando atrás la niebla, eran espectaculares, con África intuyéndose al fondo pese a estar el día nublado, pero no me encontraba con ánimo para disfrutarlas, y mi vista se centró en el suelo.

Al llegar al kilómetro 50 (en 6:16:50, bonita cifra), con una sensación de sed agobiante y las piernas destrozadas por ir reteniéndome y bajar tenso en el descenso, llegué a plantearme, fugazmente, "hacer un recto" y "tirarme" por entre las zetas para llegar antes a alguna fuente de agua y poder saciar mi sed.

En lugar de eso y pese a que sabía que luego me daría más sed, me eché un gel a la boca, para tener la mente distraída, y me dispuse a descender a un ritmo más vivo, por el sendero, ya que nunca he recortado camino en una prueba y aunque la circunstancia pareciese desesperada (llevaba ya más de 40 minutos sin agua, y se intuían varios más hasta llegar al avituallamiento), peor lo pasé en el descenso hacia La Margineda en el Andorra Ultra Trail, y no me pasó nada.

Me entraron ganas de besar la tierra cuando distinguí a lo lejos el inicio del bucle, donde llegué justo antes de que Silvia Marfil, la primera clasificada femenina, me adelantase.

Llegamos a la par, nuevamente, al albergue, pero en esta ocasión me recreé bebiendo (en exceso, 6 vasos entre agua a isotónica), comiendo (un plátano entero, una naranja, una manzana) y rellenando bidones con agua y sales.

Se me fueron unos minutos preciosos, pero lo que ganaba en tranquilidad no me lo quitaba nadie.

Me despedí de Iván, escoba de la prueba, al salir del albergue (yo salía de él y la cola de la prueba llegaba... no iba tan mal, pese a todo), y puse rumbo al tramo final, la Colada de la Costa.

Volvimos sobre nuestros pasos de llegada al albergue (no en sentido bucle, en el de la primera llegada), descendimos por esa calle dirección a la estación de servicio y me puse al ritmo de dos corredores con mochila Salomon que me acababan de pasar.

Corrimos juntos por la carretera, casi alcanzándolos al llegar al puente para pasar al otro lado (Silvia nos sacaba el puente de ventaja, ahora escoltada por dos miembros de CardioSport), pero al llegar al centro de visitantes del nuevo Parque Natural, en este caso, el del Estrecho, comenzaron todos a poner "tierra de por medio".

Tenía las piernas mucho mejor, pero me notaba lento y pesado del exceso en el avituallamiento, y como quedaban muchas horas por delante (dudaba si serían viables las 10 horas), pensé ir a mi ritmo.

Aun así, el primer tramo de la colada, a favor y muy corrible, lo pasé a buen ritmo, alcanzando en el avituallamiento del cruce hacia la Colada de la Costa a la pareja, a quien incluso dejé atrás por momentos, pero comenzó un tramo que no me esperaba para nada, y acabé perdiéndolos.

Las vistas eran preciosas y tenía muchísimas ganas de llegar a la costa, pero pese a haberlo advertido Adrián en la charla técnica, pese a que en el rutómetro, en comparación con los desniveles generales de la prueba, no se aprecia, es verdad que el tramo tenía unas subidas y bajas de órdago...

Adelanté, aun con energías, a los muchachos de CardioSport, que me dijeron que Silvia estaba a 400 metros (de hecho, la veía a lo lejos), pero si bien me acercaba en las subidas, en las bajadas la perdía por completo, como a la pareja de Salomon, y al llegar a una zona particularmente técnica lo di por imposible y bajé andando hasta llegar a "suelo firme".

Varios corredores me adelantaron y me animaron en ese tramo, especialmente los que me conocían, que se paraban un rato a charlar, pero aunque me quedaba fuelle de sobra para subir a buen ritmo y llanear, tenía las piernas machacadas de las bajadas, y me costaba bloquear las rodillas y no irme hacia adelante, así que si normalmente bajo lento, esta vez, mas aún.

Otra corredora me adelantó, Rafaela, tras charlar un poco y ofrecerse a acompañarme en el tramo de Estepona (si mal no recuerdo) del Reto 360º Solidarios, lo que me animó bastante, pero aunque traté de seguirla mis piernas no me lo permitían.

Me encantó la zona de la Colada, pese a sufrirla mucho, especialmente en el primer tramo, pero la tranquilidad de los parajes, las vistas, el llevar a la vista al resto de corredores y saber más o menos a que ritmo más (en mi caso, cercano a 10 minutos el kilómetro, por encima) me gustó mucho.

Tras una eternidad vi a lo lejos la Torre del Guadalmesí, algo que llevaba ya casi una hora esperando, y adonde llegué en compañía de la tercera corredora ("Mariajo", rezaba su dorsal) y su acompañante (otro José Luis).

Comí y bebí bastante, y me llevé un poco de chocolate para el camino, que ahora, al verlo tan liso y uniforme, me cambió la mentalidad de la prueba por completo.

Llevaba prácticamente una hora y media en recorrer los últimos 6 kilómetros, y echando cuentas, con las 8 horas justas que había empleado al llegar al avituallamiento (kilómetro 62 por mi GPS), se comenzaba a escapar de mi alcance la barrera de las 10 horas.

No obstante, nos dijeron que ya casi todo era en llano, así que tras un primer tramo "a la caza" de Mariajo y José Luis, recorrimos juntos un buen tramo, esquivando ganado, y finalmente fuimos adelantándonos los unos a los otros, hasta que terminé de carburar y cogí más ritmo, dejando incluso atrás sin repostar un improvisado avituallamiento.

Llevaba a un par de corredores a la vista, a quienes finalmente cogí, en un tramo espectacular rodeando la costa, ya con el puerto de Tarifa a la vista, y con la motivación de ver que a las alturas de prueba en la que estábamos, seguía avanzando a un ritmo competitivo, pisé aun más el acelerador.

Tras varios descensos y ascensos en los que me esperaba ver "algo" de Tarifa a lo lejos, y tras una subida muy vertical por "escaleras" naturales (escalones cavados en la tierra y rematados con troncos), donde nos animaron a otro corredor que llevaba justo a 15-20 segundos y a mí unos curiosos), nos dijeron que estábamos ya a 2 kilómetros.

Cogí al muchacho, Fernando, si no me equivoco, y tiré de él en la que pensaba que era ya la última subida, para entrar juntos.

Le siguió un descenso donde, irónicamente, él me dejó atrás, y aunque compartimos unos metros cuando volvimos a llanear, me dijo que siguiese, que iba muy justo.

Cuando vi la carretera sabía que ya estaba todo hecho, y tras una llegada muy bonita atravesando parte del Castillo de Guzmán el Bueno, crucé la línea de meta (9:37:28), charlando un rato con el Speaker del evento, sobre la prueba y especialmente sobre mis huaraches.

Me despedí de él y saludé a Aitor, que se encontraba al teléfono, y me dispuse a buscar el avituallamiento final, un polideportivo... "algo" que diese por cerrada la prueba.

Me crucé con un grupo grande de voluntarios, pero me dijeron que no sabían si había avituallamiento en meta o algún lugar para ducharme, lo que me desconcertó un poco, así que eché mano del teléfono para contactar con Gonzalo, por si él sabía algo.

Fernando llegó también a la plaza y como yo buscaba un avituallamiento o similar, pero al no ver nada, preguntamos en la carpa de Protección Civil, que nos mandó al final de la plaza.

Allí me encontré a Gonzalo, Ágata, Juan Imbernon, Rubillo y al encargado de una firma de huaraches de San Fernando del que mucho había oído hablar, pero para quedar mal en la crónica, olvido su nombre (sé que te tengo en Facebook, pero no doy con tu perfil).

Me entregaron la medalla finisher y finalmente recuperé con ganas en el avituallamiento.

La siguiente parada sería algún sitio para ducharme, pero nadie sabía nada.

Nos mandaron hacia arriba, y allá que fuimos, pero tras preguntar, dar vueltas y ver corredores deambulando sin éxito (aunque nos dijeron que estaba en "los Lances"), decidí cambiarme "a pelo".

Tenía el cuerpo bastante cansado y me esperaba una jornada de 10 horas de pie al día siguiente, así que, aunque una parte de mí quería volver a la plaza y despedirse de Adrián y Aitor, venció la parte cansada.

Ha sido una prueba preciosa, con varios fallos, pero no podemos olvidar que estamos hablando de una primera edición ("edición cero", de hecho), por lo que, con las ganas, el cariño y la ilusión que tiene detrás la prueba, estoy seguro de que este "test de campo" va a servir para tener una prueba con una calidad mucho más elevada de cara al futuro, donde espero poder repetir participación.

Me quedo con los paisajes, los bosques (no pude disfrutar de los Llanos del Juncal al no saber exactamente donde estaban, entre la niebla, en una de las veces que pensamos que nos habíamos perdido, vimos el cartel de "bienvenida" a los llanos, pero ya los habíamos pasado) y la Colada (a partir del Guadalmesí, que pude correrla bien).

Con esto me despido por el momento, señalando lo que a mi juicio es mejorable de cara a futuras ediciones y los puntos fuertes que ya ha tenido ésta; ¡un abrazo!

Lo mejor
-Los paisajes, con un recorrido muy acertado y cuidado en el que la variedad ha sido extraordinaria, con pistas, trialeras y tramos de puro trail para todos los gustos.

-Los voluntarios, de 10, así como la animación en varios puntos del recorrido, especialmente en el albergue, ¡espectacular!-Los avituallamientos, bien situados y muy completos aquellos que incluían sólidos, aunque en el bucle, quizás por ir despistado, me faltó agua (durante más de una hora), haciéndome pasar un mal rato, pero con haber llenado un bidón más hubiese tenido de sobra; fallo mío.

 A mejorar

-Lo principal es el control del bucle; si alguien se metió en sentido contrario es porque no estaba bien señalizado o no había alguien controlando la zona, por lo que solventar el problema es tan sencillo como eso, y sin duda evita muchos quebraderos de cabeza en una zona que ya en la charla técnica se avisó que podía ser conflictiva.

-El balizaje, escaso en los puntos en los que encontrábamos cruces, ya que la lógica dice que si no hay baliza, se sigue recto, pero en tramos donde no se ve a medio metro por la niebla y hay tantas bifurcaciones (o parece haberlas, tampoco se ve con la niebla), dudamos mucho en el bucle; también pueden ser que estuviesen pensadas para pasar en sentido inverso y por eso no las encontrásemos, pero hubo zonas en las que tuvimos serias dudas y estuvimos por volvernos momentáneamente.

-La llegada a los servicios de final de carrera, que aunque no estaban muy lejos, con un par de flechitas se deja claro, especialmente el polideportivo, que sí que quedaba más retirado.

-Eché en falta que se entregase una camiseta conmemorativa del evento al pasar por meta, junto con la medalla; no será por falta de productos técnicos y de calidad (buff, calcetines...), pero es un detalle que me gusta llevar puesto.

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