Revista Cocina

Información nutricional de mi postre favorito en verano

Por Itato

 

Nieve, frutas y miel. Ésta era la mezcla que originariamente romanos, turcos, chinos o árabes (existe una gran diversificación de orígenes) utilizaban para crear los primeros “sorbetes”. Parece que Nerón hacia traer nieve de los Alpes para que le preparen esta bebida helada, hoy en día poder disfrutar de un helado es un placer, afortunadamente, mucho más fácil de satisfacer. En verano el helado se presenta como una de las opciones más demandadas para combatir las altas temperaturas, y es que su carácter refrescante y fácilmente digerible hace de este producto el “rey del verano”. Los helados son los productos resultantes de batir y congelar una mezcla debidamente pasteurizada y homogeneizada de leche y derivados lácteos junto con otros productos alimenticios. De acuerdo a los ingredientes empleados, se distinguen varios tipos de helados:

-Los que tienen como base la nata, la leche entera o desnatada y la grasa no láctea.
-Los que tienen como base el agua, como son los polos, sorbetes o granizados.
-Postres helados, como tartas y pasteles helados.

¿Qué ingredientes y qué nutrientes aportan los helados?

Mayoritariamente se utilizan: leche y derivados lácteos (mantequilla, nata), agua (componente mayoritario de polos y sorbetes), frutas fresas, frutos secos, huevo y estimulantes y aromatizantes (café, cacao y vainilla). Su valor nutritivo depende de la cantidad de éstos y otros ingredientes, que por lo general aportan:

  • Energía: Los helados son una fuente de calorías, dependen del contenido en leche o nata que contengan, así como si se emplea azúcar o edulcorantes.
  • Grasas: Se trata mayoritariamente de grasa saturada (contiene cantidades superiores al 10% de su peso).
  • Proteínas: Depende de su composición, siendo mayor cuando son elaborados con leche y huevos.
  • Hidratos de carbono: Dependerá si son helados para diabéticos, cuyo contenido será menor o si están compuestos fundamentalmente por sacarosa y glucosa procedente del azúcar y del jarabe de glucosa empleados.
  • Vitaminas: Los helados son especialmente ricos en vitamina A, B1, B2 y niacina.
  • Minerales: Aportan, sobre todo, calcio cuya asimilación se verá favorecida por la presencia de lactosa.

Los helados son una fuente de calcio importante, el aporte de éste de 100 ml es comparable al de 100 ml de leche. Su contenido en calcio supera ampliamente al de la bollería, además de tratarse de un calcio que el organismo puede aprovechar mejor. Una de las ventajas añadidas que tiene consumir un helado en esta época radica, según la directora de Análisis de la Fundación Española de la Nutrición, Susana del Pozo, en que «si la persona toma el sol el calcio se absorbe mucho mejor». (leído en un reportaje de La Razón del pasado 24 julio de 2010)

El problema de las grasas poco saludables

Según comenta Marta Cuervo, profesora de Nutrición y Dietética de la Universidad de Navarra, 100gm gramos de helado aportan alrededor de 200 calorías, mientras que un yogur no alcanza las 125. En esta misma línea se sitúa el doctor Javier Montero Jiménez, médico internista del Hospital USP San Camilo de Madrid, quien añade que «la grasa que poseen los de base láctea es saturada, es decir, la menos saludable en cantidades altas. Cien gramos contienen entre cinco y quince gramos de grasa, lo que viene a suponer cerca del 20 por ciento de las necesidades diarias”. A este respecto, Ana Montero, profesora de Nutrición de la Universidad CEU-San Pablo, advierte de que «en muchos helados de base láctea se añaden grasas de coco y palma». En el caso de los niños, el doctor Montero advierte de que «no se deben superar la cantidad diaria 50 gramos al día y jamás como un complemento dietético, sino como un sustitutivo”.

Pese a que su contenido energético no muy excesivamente elevado, su consumo nunca debe sustituir a la ingesta de fruta. En el caso de los polos de hielo, aunque no poseen grasa ni colesterol porque en su elaboración no se emplea leche ni nata, en su composición abundan los colorantes y el azúcar. Se podría decir que son casi iguales que una golosina, pero en formato hielo. Dado que son agua en un 90%, constituyen una buena alternativa para hidratar el organismo.

Bajos en grasas, light, sin azúcar…

Para considerar a un helado «bajo en calorías», deben contener menos de cien calorías por cada cien gramos. La diferencia con los convencionales se halla en que en el proceso de elaboración se le añaden menos glucosa o sacarosa y se sustituye la leche entera por desnatada. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo un helado con azúcares añadidos que con fructuosa, ingrediente habitual que se emplea en los productos para diabéticos. Asimismo, una persona con niveles de colesterol elevados es recomendable que opte por las variedades que sean más pobres en grasas.

No obstante, el helado casero es la mejor opción, ya que de esta forma se puede controlar la cantidad y variedad de ingredientes utilizados, así como optar por los edulcorantes prescindiendo de la nata.

Para los que les guste el té, una buena opción para el verano es la del té helado.  Las propiedades del té son muy interesantes, por ejemplo el té verde ofrece vitamina C, minerales y aceites esenciales. La cantidad de vitamina C del té verde es comparable a la cantidad que puedes encontrar en un vaso de zumo de naranja. Además, el té es rico en potasio, ácido fólico, niacina, manganeso, vitamina B,  B1 y B2. Concretamente, algunos de los beneficios del té helado son:

  • Vitaminas, minerales, polifenoles y alcaloides.
  • Ayuda a mantenernos alerta y más concentrados, también beneficia la agilidad mental.
  • Estimula el sistema nervioso y es diurético.
  • Mejora las defensas, combate la anemia.
  • Aporta cero calorías (cuando lo consumes sin azúcar).

 


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