Revista Series

Internados en el surrealismo.

Publicado el 24 febrero 2010 por Francissco
Internados en el surrealismo.
El internado. Antena 3. Lunes noche.
Las series televisivas poseen sorprendentes  propiedades elásticas, superiores a las del chicle, el caucho y el látex de los preservativos. Y la cosa casi sería lógica en aquellas que constan de capítulos autoconclusivos, al estilo de las comedias de situación y las series policíacas.
Lo malo es que la falta de ideas hace que a  todos los guiones se los estire a lo bestia, como cuando secas un calcetín por las bravas.
Pues allá vamos, quien  siga esta serie que se salte la sinopsis quien no, que sepa que trata sobre un internado que no es tal.
Primero fue un orfanato, iniciado en los tenebrosos años cuarenta, el cual proporcionaba "material" humano a unos médicos nazis, huidos al perder la guerra Alemania. Los huerfanitos eran clonados como terneros para experimentar con un virus letal, destino reservado a los más desafortunados. Con otros, se buscaba la inteligencia así como la excelencia genética y, ya puestos, unos bonitos ojos que resplandecen en la oscuridad (lo juro)
Después, y al correr las décadas, los nazis se reciclan en una multinacional farmaceutica que fabricará el antídoto contra su propio virus, para así forrarse.
Y se dedicarán a hacer todo eso en los sótanos de un aparentemente requetepijo colegio para nenes con papis lejanos, a los que visten con uniformes, les dan habitaciones para dos y portátiles de marca,  provistos de  conexiones a Internet por un conocido operador, que tiene más publicidad en los planos que en su propia web. Bueno, fin del resumen, [email protected]
La realización es bastante correcta, incluso atractiva, lo cual viene de perillas para enmascarar lo inverosímil de una historia que se prolonga ad nauseam.
Seguro que concluirá por agotamiento de los intérpretes, porque si no... Hay personajes principales que, con todo lo que llueve, llevan decenas de capítulos creyendo que están en un colegio normal, que tiene narices. Véase si no, el caso paradigmático de Elsa, la directora perceptívamente cretina, que ni con un hermano teratológico escondido, un bebé robado y mil barbaridades más, da muestras de comprender que demonios pasa a su alrededor.
Porque ya se sabe que todos los días en los coles aparecen cadáveres por los alrededores, por los jardines, desaparecen personas de la noche a la mañana, hay apariciones y suplantaciones de recién nacidos, entran hombres lobo en la cocina, pero nada, pecatta minuta.
Y a todo esto, un grupito de adolescentes molones que están en el ajo, se lo pasan yendo y viniendo de curso en curso como si tal cosa. Acaba la clase de Mates y se meten por los pasadizos a pelearse con los sicarios de la multinacional, contemplan homicidios un día no y otro también, los infectan con virus, les acosan los fantasmas de los muertos, les matan compañeros, les secuestran a los padres. Y a nadie cuentan nada. Es el summum, la exaltación del Secreto Adolescente, dioss...
Porque eso sí, después de desayunar con zumosol y al empezar la jornada de clase, no pueden hablar porque les riñe el profe y les castiga con trabajos, ay que joderse. No es hasta el capítulo 40, o así, no recuerdo bien, cuando aparece un poquito del mundo real y ves a la policía por allí. Mientras tanto, la salvaguarda de la ley ha estado a cargo del ¡cocinero!, un tal Fermín, Fermín Bond para mas señas, que de la nada se vuelve experto en hackeos, intrusiones y material hig-tech.
Pero quien crea que todo esto es un hándicap estaría equivocado. ¿Acaso los personajes no son mínimamente telegénicos ?  ¿y cada capítulo no nos ofrece un mejunje de misterios, con resonancias paranormales, potterianas, conspiranoicas, etc,? Encima, nos lo ponen en la hora comodona post-cena, que mas queremos. Pues ale, a suspender la incredulidad y relajarse.
Como el misterio se eterniza, cada capítulo nos ofrece el placer de la repetición, el gran secreto de las series pegajosas.  Estímulos parecidos y a un ritmo similar son ofrecidos en cada entrega: romance adolescente, cacharrería digital, lealtad entre compis y triller doméstico. Alguien ha descubierto los patrones de atención del cerebro, como decía un estudio por ahí...
Lo que no lo hemos descubierto somos los que nos lo tragamos.
Un saludín y cuidado con la caja idiota. Aunque ya lo sabíais ¿no?

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