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Interstellar: fe, esperanza y humanidad

Publicado el 13 noviembre 2014 por Juancarrasco @JuanCdlH

Posiblemente la empresa más ambiciosa del gran gurú del cine moderno, Interstellar se erige como una epopeya monumental en su presupuesto y en lo que abarca, tanto en poderosa forma como, y de aquí la rimbombante denominación, de fondo. Christopher Nolan se disfraza de Terrence Malik para escudriñar en los entresijos del alma y analizar el por qué y el cómo de los seres humanos desde la más fría y analítica base de la ciencia (-ficción).

Interstellar: fe, esperanza y humanidad
En una Tierra donde los humanos se precipitan hacia la extinción, un grupo de geniales cerebros se resisten a la crónica de una desaparición anunciada y buscan esperanza para las personas más allá de nuestra galaxia (ahí queda eso), en algún nuevo planeta que permita la vida a nuestros frágiles organismos. Para la cotidiana empresa los protagonistas tendrán que trascender el espacio/tiempo, explorar lo imposible y relativizar como plan de vuelo. Metafísica, filosofía, espiritualidad y empatía serán elementos que el espectador tendrá que manejar si quiere ser tripulante de esta más que notable película que nos lleva más allá de lo que abarca la vista o el oído (sin descuidar en absoluto a golpe de efecto ninguno de los dos sentidos).

Encabezando el reparto al que ningún pero puede adjudicársele tenemos a un Matthew McConaughey que sigue en la misma forma que le hizo ganar el año pasado el Oscar al Mejor Actor Principal y a deslumbrar también con su papel en la serie True Detective. Lleva en esta ocasión sin temblar por la responsabilidad las riendas del protagonismo en este proyecto faraónico que a pesar de sus cerca de tres horas de metraje y una dificultad para poner a funcionar semejante tinglado similar a la de poner una nave espacial en órbita no se hace largo. McConaughey encarna con veracidad al habilidoso piloto que parte en compañía de una brillante científica (Anne Hathaway) y algún otro compañero “de relleno” hacia lo desconocido con intención de salvar al mundo (o al menos a sus habitantes, hablando con propiedad). Nolan se permite el superlujo de completar el casting de secundarios con estrellas, nunca mejor dicho, como Michael Caine (su actor fetiche y siempre un gustazo verlo en la gran pantalla), Casey Affleck, Topher Grace, Jessica Chastain o Matt Damon (ojo a los personajes interpretados por los dos últimos).

Como todo proyecto que pretende ser el no va más de algo, corre el peligro de ser calificado de pretencioso, a ratos cursi, grandilocuente… Quien suscribe reconoce preferir claramente pequeñas historias terrenales con buen envoltorio como Gravity más que ambiciosas trascendencias del estilo 2001, Una odisea del espacio, dos de las cintas con las que se ha comparado la propuesta de Nolan. Sin embargo hay que reconocerle la indudable calidad del producto final, que logra abarcar mucho sin resentirse. Con sus defectos de consistencia argumental, la aventura se antoja intachable y de lo más interesante. Aunque para alcanzar la buscada perfección en ese análisis de lo más profundo del ser humano haya que conectar un poquito más con el corazón del receptor. En cualquier caso, el tiempo y la perspectiva la pondrán en su sitio…

Dirección: Christopher Nolan. Países: USA y Reino Unido. Duración: 169 min. Género: Ciencia-ficción. Intérpretes: Matthew McConaughey (Cooper), Anne Hathaway (Amelia), Jessica Chastain (Murph), Michael Caine (profesor Brand), Bill Irwin (voz de TARS), Casey Affleck (Tom), Topher Grace (Getty), David Oyelowo, John Lithgow (Donald), Ellen Burstyn (Murph anciana), David Gyasi (Romilly). Guión: Christopher Nolan y Jonathan Nolan. Producción: Christopher Nolan, Lynda Obst y Emma Thomas. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Lee Smith. Vestuario: Mary Zophres.


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