Antes de que empecéis a leer debéis tener presente que éste fue el día "menos turístico" de los tres, y es que salvando la visita al Mar Muerto, el resto de los lugares visitados tenían más bien poco interés para quien no vaya de peregrinación (aunque la posibilidad de ver el paisaje desde lo alto de la montaña de las tentaciones, a la que se accede en teleférico es factible que merezca bastante la pena, aunque nosotros no lo hicimos principalmente por falta de tiempo)
Montaña de las tentaciones En nuestro tercer día de viaje, que marcó el "ecuador" de nuestra aventurilla israelí, tras desayunar por última vez en Tiberíades, dejamos el hotel para aventurarnos en el día en el que más horas pasamos en la carretera (ya que las distancias de un punto a otro son considerables). En nuestro camino a Jericó, que era nuestro primer destino, hicimos una parada técnica para que la peoplelotzi desestresara la vejiga en un chiringo de carretera en el que había un camello, con el que, a cambio de un euro a su cuidador, pudimos hacernos unas foticos y unos cuantos se subieron en la joroba del bicho -un servidor se quedó con las ganas porque había que montarse de dos en dos y la wombat esteparia de mi hermana se negaba en rotundo-
Tras hacer el mónguer en el chiringo, nos montamos en el bus y tras un rato considerable llegamos a la anteriormente citada Jericó, que es la ciudad más antigua del mundo y una de las que da más miedo con diferencia, tanto por el control fronterizo que hay a la entrada, como por la gente con metralletas del control y por la ciudad en sí y la pinta de sus habitantes -en serio, acojona y mucho-. Sin bajarnos del bus y tras situarnos al lado de un árbol, nos comentó el fraile que se trataba de un sicómoro, que para quien no lo sepa es al que se subió el pequeño Zaqueo para poder ver a Jesús.
el sicómoro
De allí y dentro de la misma Jericó -aunque en las afueras de la ciudad-, nos dirigimos a la montaña de las tentaciones, donde supuestamente fue tentado tres veces Jesús. Tras ser abordados por un grupo de Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo que no vendían pastelillos y salchichas de Ankh-Morpork, pero sí colgantes, pulseras, anillos y baratijas varias, fuimos a Qumrán, desde donde se veía el Mar Muerto en el horizonte (de hecho, la primera foto del post está tomada desde allí); tras ponernos un vídeo nos enteramos que en las cuevas y grutas que hay en la ladera de una montaña de este lugar, fue donde se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto
El Mar Muerto. En la orilla podéis ver a un par de personas echándose barro, que según dicen es muy beneficioso para la piel, aunque a mí me parece una guarrada templaria
Tras los baños, y tras ver como los que se metieron se huntaban de lodo, nos adecentamos vía ducha, para retornar a Jericó, donde ese día tocaba la celebración de los oficios para a continuación ponernos en ruta hacia Jerusalén, de la que ese primer día no vi absolutamente nada, ya que cuando llegamos al hotel era de noche.