JericóY todos aquellos que nos pervirtieron,hoy se desgañitan en los acantiladosy se rasgan sus camisas doradas.A ellos, entregamos nuestros sueños,la comunidad del bien y la competencia.Agitan, nerviosos, las enseñas de un idealque ellos mismos pisotearon sin escrúpulosy señalan a otros ladrones lejanos.Nos invocan a todos nosotroshúmedos aún de sus orinespara hacer todavía más altoslos muros de la sagrada Jericóa fin de que ningún recién llegadopueda pisar sus calles antiguas.Los escucho, desde la atalaya de los sentidos,y no sé decir quiénes son más bárbaros. §