El texto en sí, merece la pena
leerlo porque aunque hayan pasado más de 180 años, parece que España no sale de
su asombro una vez más y, mantiene la vigencia en los tiempos actuales. Sólo
una apreciación, esta vez la juventud, nos hemos cargado de recursos para
conocer otros países, otros modelos, gracias a las experiencias que nos
permiten las becas Erasmus o herramientas tecnológicas como internet, que
‘empequeñecen’ el mundo y los entresijos que esconde éste. Por ello, ha surgido
entre las nuevas generaciones una nueva forma de pensar acorde a los tiempos que
el mundo padece y, creo que esta vez, teniendo en cuenta los titulares con los
que nos levantamos cada mañana, podemos decir más alto que nunca: ¡lo que no
suceda en este país!
“Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido (…) Éste es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerlo, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.”
