
Durante décadas, las hormonas han sido tratadas desde una lógica reduccionista: déficits, reemplazos y valores aislados. Este enfoque ha contribuido a una visión fragmentada del sistema endocrino, centrada más en niveles hormonales individuales que en la señalización biológica que coordina la función del organismo. Frente a este paradigma, KRECE, plataforma de salud integrativa basada en evidencia, propone un marco fisiológico que entiende las hormonas como un lenguaje regulador sistémico, no como simples variables químicas independientes.
Desde esta perspectiva, la función hormonal no se define únicamente por la cantidad de una hormona circulante, sino por la sensibilidad de los tejidos, la coherencia entre ejes y el contexto metabólico y temporal en el que actúan. Este enfoque se articula en torno a la señalización endocrina del envejecimiento, donde el deterioro funcional emerge cuando las señales pierden precisión, amplitud y sincronía con el resto de sistemas biológicos.
Uno de los ejemplos más claros de esta desregulación es la resistencia a la insulina. Más allá de su papel metabólico, la insulina actúa como una hormona central de señalización energética, influyendo en inflamación, crecimiento celular y envejecimiento. La pérdida de sensibilidad a esta señal genera un entorno hormonal crónicamente alterado, que impacta sobre múltiples ejes endocrinos. Comprender la resistencia hormonal desde la flexibilidad metabólica permite integrar metabolismo y endocrinología dentro de un mismo marco fisiológico.
A este eje se suma la respuesta al estrés crónico. El funcionamiento sostenido del eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA), con elevación persistente de cortisol, altera la señalización hormonal global y compromete la capacidad del organismo para adaptarse y recuperarse. Desde KRECE, este fenómeno se aborda como parte de la carga alostática crónica, entendida como el coste biológico acumulado de una regulación hormonal permanentemente activada.
Con este enfoque, KRECE sitúa el sistema endocrino en el centro de la fisiología integrativa, alejándose de promesas simplistas de “optimización hormonal” y de soluciones estandarizadas. El objetivo no es normalizar valores aislados, sino restaurar la coherencia reguladora que permite al organismo mantener estabilidad, resiliencia y función a lo largo del tiempo.

