
Durante años, la microbiota intestinal se ha popularizado como un elemento accesorio de la digestión o como un nuevo objeto de consumo en forma de probióticos. Este enfoque parcial ha simplificado en exceso un sistema biológico que cumple funciones regulatorias profundas. Frente a esta visión reduccionista, KRECE, plataforma de salud integrativa basada en evidencia, propone un marco fisiológico que sitúa a la microbiota como un órgano metabólico, inmunológico y neuroendocrino funcional, no como un complemento aislado.
Desde esta perspectiva, la microbiota no actúa únicamente sobre el intestino, sino que participa activamente en la regulación sistémica del organismo. Su influencia se extiende al metabolismo energético, la inflamación crónica, la función de la barrera intestinal y la comunicación bidireccional con el sistema nervioso central. Este enfoque se articula dentro del marco de la microbiota humana como sistema regulador, donde la pérdida de diversidad y estabilidad microbiana se asocia a un deterioro progresivo de la función fisiológica.
Uno de los vínculos más relevantes entre microbiota y envejecimiento es la inflamación crónica de bajo grado. La disbiosis altera la producción de metabolitos clave —como los ácidos grasos de cadena corta— y compromete la integridad de la barrera intestinal, favoreciendo la translocación de endotoxinas y la activación inmunitaria persistente. Comprender la relación entre microbiota e inflammaging permite integrar inmunidad, metabolismo y envejecimiento dentro de un mismo marco fisiopatológico.
A este eje se suma la comunicación intestino-cerebro. A través de señales neuronales, inmunes y metabólicas, la microbiota modula la respuesta al estrés, el estado inflamatorio y la función cognitiva. Desde KRECE, este diálogo se aborda como parte de una regulación sistémica más amplia, donde la microbiota influye en la carga fisiológica global del organismo y en su capacidad de adaptación, en estrecha relación con la carga alostática crónica.
Con este enfoque, KRECE sitúa la microbiota en el centro de la fisiología integrativa, alejándose de modas comerciales basadas en cepas aisladas o soluciones universales. El objetivo no es “optimizar” la microbiota de forma artificial, sino comprender y preservar su función ecológica como regulador clave de la salud metabólica, inmunitaria y neurológica a lo largo del tiempo.

