Revista Ciencia

La Autoridad se impone, el Respeto hay que ganárselo…

Por Oncoangel

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Somos una sociedad de hondas raíces romanas y eso es algo que nos marca con huella indeleble. Las enseñanzas de la antigua Roma no sólo constituyen la base sobre la que nos desarrollamos, sino que continúan siendo de plena vigencia. El Derecho romano, con una inteligencia que supera en muchas ocasiones al actual, reconocía entre dos principios como son Auctorictas y Potestas. Auctorictas era, y sigue siendo, una legitimación socialmente aceptada que viene dada por un saber y que es confiada por un colectivo. Esta Auctoritas la posee aquella persona que tiene conocimientos para emitir una idea fundamentada sobre una materia. Ese juicio tiene un gran valor, ha sido obtenido mediante la convicción, la razón, la conformidad de otros. No es pues una imposición ni es vinculante legalmente, pero tiene un valor de índole moral muy fuerte. Poseer Auctorictas no es fácil. Es consecuencia directa del trabajo, el esfuerzo y la reflexión. No se obtiene con ningún cargo, no se insufla cuando se produce un nombramiento ya sea de Presidente, Director, o Jefe. Por contra, el Derecho romano también reconoce el principio de Potestas, referido al poder socialmente reconocido y que se adjudica por el simple hecho de detentar un cargo determinado. Era el poder institucionalizado, con capacidad legal para hacer normas y hacerlas cumplir. Potestas significaba la obediencia de los mandados, únicamente por el poder que confería el cargo. Un poder relacionado con la fuerza y la imposición y que si no se acompaña de la Auctorictas carece de la autoridad moral que esta le confiere, aunque sea obedecida por los súbditos.

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Cada vez con mayor frecuencia se diferencia, en todos los ámbitos, entre líderes y jefes. Mucho se escribe acerca de las características que debe tener el Jefe para ser en verdadero líder y no un mero jefe Incluso en este mismo blog se dedicó una entrada a las diferencias entre Jefes y Líderes. Un reciente artículo de la revista digital equiposytalento.com de muy recomendable lectura, “Siete cosas que hacen los grandes líderes y temen los meros jefes”, se plantean las principales diferencias de comportamiento y acción entre un verdadero líder, que no se limita tan solo a ascender en la escala jerárquica sino que llena por completo el peldaño conquistado y encabeza y motiva a su equipo en pos de un objetivo común, y el mero jefe que simplemente gestiona el equipo que por el puesto alcanzado le ha sido encomendado sin ejercer liderazgo alguno.

Estas distinciones, sutiles en algunas profesiones, también se manifiestan, a veces de manera muy evidente, en el ámbito de la Sanidad Pública. Que el ascenso en la escalera jerárquica este fundamentado, en gran parte, en un hecho meramente biológico, no contribuye precisamente a generar grandes líderes. Y es precisamente esta ausencia de líderes uno de los males que lastran nuestra Sanidad Pública,y que muchos que luchamos por un cambio en este sistema echamos de menos en el momento actual. Pero más allá de que la antigüedad suponga uno de los pilares, en ocasiones el principal, para la promoción de los médicos hasta alcanzar la categoría de jefes, otros hechos también contribuyen, y no precisamente de manera positiva en muchas ocasiones, al mantenimiento del actual statu quo. Un reconocido médico, internista y catedrático ya fallecido, mantenía ante todo aquel que quisiera escucharle que en España, “para ser Jefe o Catedrático sólo hacen falta tres condiciones: sostenerse sobre dos piernas, ser capaz de articular un idioma y tres votos”. Aunque no deja de estar teñido de un cierto cinismo, hay que reconocerle al viejo catedrático la agudeza en sus juicios, algo que nunca le faltó.

Todos los que llevamos ya un tiempo trabajando hemos conocido a lo largo de nuestra carrera tanto grandes líderes como meros jefes. Líderes a los que hemos respetado y admirado, pese a ser en ocasiones enormemente rígidos y formales en el trato, y de los que hemos aprendido cada día que pasamos con ellos. Y seguimos conociendo y respetando líderes que, con independencia de su edad, e incluso cargo, nos siguen enseñando y mostrando el camino por donde debe avanzar la Medicina. Pero también hemos conocido meros jefes que no soportan el peso de la mínima comparación. La autoridad se impone pero el respeto hay que ganárselo. Este viejo aforismo resume a la perfección el núcleo de estas diferencias. Al final, lo que subyace es simplemente la diferencia entre el Auctorictas y Potestas romanos.

“De los buenos líderes, la gente no nota su existencia. A los no tan buenos, la gente les honrará y alabará. A los mediocres, les temerán y a los peores les odiarán. Cuando el trabajo de un gran líder concluye, la gente dice: «lo hemos hecho nosotros»”

Lao Tse, filósofo chino fundador del taoísmo (s. VI-V a. C.)


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