Revista Cultura y Ocio

La Casa de Borbón y la Feria de Albacete ( 3 min.)

Publicado el 03 septiembre 2014 por Jblor8


por Juan B. Lorenzo de Membiela.Desconocemos la importancia de la concesión  por  SMC Felipe V  del privilegio de   « franca » a la feria   de Albacete[1].  La España del siglo XVIII estaba en tránsito  entre  la gloriamilitar de un  Imperio  herido a un reino ilustrado, barroco y racionalista, con serios problemas económicos y deficiencias sociales. En el  escenario internacional, la guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias costó la perdida de las provincias de  Flandes, territorios en  Nápoles, Milán y Cerdeña, dados  a Austria; Sicilia y parte del Milanesado  a Saboya   y la cesión a Inglaterra de Gibraltar y Menorca. En el domestico, el cambio  dinástico introdujo esperanzados  proyectos ilustrados que entre muchos, resalto,   el saneamiento  económico  del reino[2]. Una estrategia económica   poco conocida pero  relevante   en su  contexto histórico y en las costumbres derivadas del Fuero Juzgo y Las Partidas   fue el Auto firmado por  el Rey en  4 de diciembre de  1705, declarando:   « […] quienes fundasen fabricas estarían en el  favor real, sin que  el manejo de dichas fábricas fuese obstáculo para conservar o alcanzar la nobleza o para ostentar cualquier carácter que tuviesen los hijos-dalgo de Castilla […] » [3].  Quizás mediatizado por la suspensión de pagos del Estado declarado en 14  de octubre de 1704[4]. En 1749 comienza la construcción de los primeros « caminos carreteros » [5]  .  Hasta esa fecha no existían  vías de comunicación entre núcleos de población. Los caminos causarán, que villas  , aldeas y cortijos abandonen el autoabastecimiento generado  por la  incomunicación: las carretas, coches de colleras, galeras y calesas, constituían  la logística necesaria para crear comercio  e industria. A finales del siglo XVIII se amplía el camino real  Madrid -Valencia. Atraviesa la villa por las calles de los Baños, Tinte, Plaza de Carretas y Santa Quiteria. Es destacado por autores  lo excelente de la  vía, mejorada   en 1761[6] , a su paso por Albacete. Tráfico de bienes y tráfico de personas, sometido éste  a imperativos  administrativos de regresar el mismo día  a plena luz o de presentar fiador o vecino en la localidad  a donde se dirija[7] que respondiera de su conducta.Las ferias o mercados  eran una oportunidad única para el comercio, precursores mercantiles  que producían riqueza e intercambio cultural entre villas.  Tributaban a la Corona. Pero las llamadas  « Ferias Francas », eran un privilegio o merced real que exoneraba la  contribución a la Corona[8] . Por ello se comprende que la concesión del Privilegio real de « Feria Franca » a la de Albacete,  dado por SMC Felipe V en  6  de marzo de 1710,  constituyó un hecho sobresaliente, no solo religioso y comercial sino también social por las interacciones que se producían  entre personas de diferentes lugares. Como recoge  la Real Provisión confirmatoria de 3  de agosto de 1716,  sancionada, a su vez,   por la de  7  de septiembre de 1761, se mandó  que no se exigiera ni llevase  maravedís ningunos ni otra cosa a los comerciantes y mercaderes que concurrieran a la Feria con sus géneros y mercancías por razón de permiso, licencia o postura de los géneros que fuesen a vender a ella ni sobre ello se hiciera causa a dichos comerciantes ni vejación de que tuvieran justo motivo.La importancia local y la relevancia económica en general  de nuestra Feria Franca es recogida por Pérez García comparándola con la de otras villas y ciudades[9] ; permitió a la villa triplicar sus beneficios en pocos años. El comercio de la feria lo constituía  el ganado, tanto  mular  como lanar, granos, legumbres, quincalla, loza, tejidos varios, lino, cáñamo, esparto, navajas, cuchillos, puñales y especias tanto nacionales como extranjeras.La  concesión  de la Merced Real  obedeció  a dos causas: Primera, la adhesión inmediata del Ayuntamiento al nuevo monarca en  5 de diciembre de  1700: Nada más hacerse público el testamento de su SMC Carlos II, se ordenó    fijar edictos  para conocimiento de todos los ciudadanos y  « soltar la campana del reloj » [10] No mucho más tarde, se aportaría  ayuda financiera y de hombres frente a la pretensión del Archiduque D. Carlos de Austria. Segunda, la devoción a NSra. de Los Llanos desde tiempo inmemorial.El culto a nuestra Patrona es  previo a la dominación árabe[11]. Simón Pardo  afirma  que  la Virgen fue escondida por los cristianos de lo que hoy es Albacete cuando España fue invadida por los árabes en el s. VIII. Olvidado  el  escondrijo  por la erosión de los siglos, se halló después de la reconquista, en un  paraje conocido como «  Los Llanos ». Brevemente sobre el origen de la  talla mariana, Sánchez Ferrer con remisión a  Villalba y Córcoles en su Pensil del Ave María de 1730, expone la conexión  de NSra. de Los Llanos con el apóstol  Iacobi o  Santiago, llamado « el Cebedeo ».Si a este relato nos atemos, y no hay razón documentada que lo impida,  el origende la imagen y su culto posee una entidad histórica y religiosa de magnitud. Sánchez Torres, lo  completa trascribiendo  una tradición referente al hecho de su descubrimiento: « […] el labrador que halló la imagen la llevó a su casa pero la figura volvió al lugar del hallazgo y así dos veces más. Informado el clero se interpretó el suceso como signo claro del lugar en donde debía edificarse la ermita […] ». Este hecho, legado de la tradición,  es recogido en el Misal del 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de Los Llanos[13]  celebrado en 2006 en Albacete en el Parque de Abelardo Sánchez. Hay que aclarar que la actual imagen no es la originaria, datándola, según Sánchez Ferrer,  en el s. XVII[14]; presenta rasgos del barroco español.Se edificó una ermita en el lugar del hallazgo  en 1627, en un paraje llamado   « Los Llanos»  , visitada por  multitud de fieles, dada su  fama de milagrosa que se extendió por provincias hoy, lindantes con la de  Albacete, e incluso en GuadalajaraLos  PP. Franciscanos construyeron un Convento  en 1672  contiguo a la ermita, trasladando la imagen de Ntra. de Los Llanos  a su convento  en una capilla al efecto construida[15]. Los Llanos, por aquel entonces,  era un cruce de caminos,  que según  Santamaría pertenecía al término municipal de Chinchilla hasta que pasó al de de Albacete entre 1568-1569.El monasterio convertido en custodio de la imagen sacra  junto a la afluencia de fieles originó un mercadillo antecedente de la actual feria.Transcurrido el tiempo las  diferencias entre los PP. Franciscanos  y el Ayuntamiento de Albacete sobre la ubicación de la feria, patentizaron un conflicto que fue resuelto por el Supremo de Castilla  a favor  del Concejo municipal. Decisivo en este pleito  fue  la intervención de D. Pedro de Cantos,  que además  construyó unas lonjas  en los « ejidos »  o  « eras  »  del paraje de su propiedad llamado de Santa Catalina  .  La Plaza Mayor no ofrecía espacio suficiente: En Santa Catalina se celebrará la feria de modo definitivo[16] desde 1783.Pero las romerías populares  seguían celebrándose en Los Llanos. Según García-Sauco, tras la desamortización de 1836 se suprimió el Convento franciscano y el Ayuntamiento de Albacete reclamó para sí, la imagen y sus pertenecías que fueron depositadas en la Iglesia de SAN Juan Bautista, en una hornacina en el  retablo barroco que desapareció. El Ayuntamiento adquirió las lonjas construidas por D. Pedro de Cantos y pretendió su reforma  a través de un proyecto arquitectónico realizado por D. Lucas de los Corrales y Ruiz, en 1771. No llegándose a edificar, en 1783 se ordenó al maestro arquitecto D. Josef Jiménez la construcción del edificio ferial – el que podemos ver hoy- concluyéndose  en 1784 esta vez bajo la dirección del arquitecto D. Antonio Cuesta. El coste de la obra ascendió a 107.783 reales y 5 maravedís.  El tipo de arquitectura responde  a la de los grandes mercados del siglo XVIII, de tipo cerrado y con casetas en el interior. De este estilo se construyeron  en Italia del norte , en el Veneto, Crema y Verona y en el Milanesado, Bérgamo. Fuera de Europa, en la Puebla de los Ángeles (actualmente Los Ángeles, California, EEUU) y en Potosí (Bolivia). Siguiendo a Bonet Correa, se cree que existía un busto de SMC Carlos III en la puerta central[17].La imagen mariana desde entonces  se trasladará cada año desde la Catedral de San Juan Bautista  al recinto ferial, de modo definitivo y continuo.En 1875 se creó la Asociación de la Virgen de los Llanos, siendo honrada con el título de               « Real  » por merced de SMC Alfonso XIII en 1917.Cabe resaltar por último  que fue el culto mariano, el que ha salvado a la feria en diversos años por la propagación de enfermedades. La villa  de Albacete sufría de una insalubridad recurrente. Las aguas quedaban estancadas y su descomposición generaba  epidemias de tifus y cólera. Blanch e Illa, sitúa en  1500 cuando se tiene noticia de la primera epidemia producida por sus aguas procedentes del manantial llamado « Ojos de San Jorge». Desde aquel entonces las inundaciones fueron frecuentes. Llegando a  rodear la villa de Albacete,  situada en lo que hoy es Villacerrada. Inundando  sótanos y cuevas[18], problemas hidrológicos que fueron paliados por los diversos reyes de la Casa de Borbón hasta entrado el siglo XIX. Estos accidentes  meteorológicos condicionaban  la supervivencia en esta villa y el éxito comercial de la feria. La solución definitiva recogida  por el geógrafo danés Malte-Brun, fue la construcción  del canal de María Cristina de una longitud de 5 leguas equivalentes a 27,8 kms.[19] ( En realidad construido por SMC Carlos IV)En conclusión, la Feria de Albacete en honor a NSra. de Los Llanos  es más que un acto comercial y lúdico. Además de su dimensión religiosa,  es el  símbolo de una ciudad que durante siglos ha luchado para conseguir y mantener la Virgen perdida  y hallada  y reconocer  con ello y por ello  su  linaje como ciudad. Frente a la globalización quizás sea una seña de identidad  necesaria para no someternos  a lo vulgar y vivir una individualidad que nos haga más libres y dignos. 





[1] Espinalt y García, B.,  en su obra  Atlante Español o Descripción general geográfica, cronológica e histórica de España, por reynos y provincias»  de 1778, p. 135 califica a Albacete como una de las grandes, nobles y famosas de este reino […]
Cabe mencionar como promotor  de la capitalidad provincial de  Albacete en   1833 frente a la influyente Chinchilla al Rmo. P. de las Escuelas Pías D. Jorge López y a  D. Miguel Fernández Cantos. Hecho que no ha tenido ni tiene mayor reconocimiento en nuestra ciudad, siendo por ello una deuda todavía pendiente y no prescrita  que los Ayuntamientos  de la ciudad deben reconocer del modo más apropiado. Prodigioso es el hecho de que una pequeña villa  llegue a convertirse en capital provincial frente a otras con más raigambre histórica.
[2] Menéndez Pidal, R., La época de los primeros borbones, en « Historia de España », t. XXIX, v. I,   dir. Jover  Zamora, J.,  Espasa-Calpe, Madrid, 1985, pp. XII, XIII y 181 y ss..
[3] De Miguel Fernández, E., Introducción a la gestión (management), Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2007, p. 36.
[4] Real Academia de la Historia, Atlas Cronológico de la historia de España,  Ediciones SM, Madrid, 2008, p.227.[5] Rueda Hernanz, G., España 1790-1900.Sociedad y condiciones económicas, Istmo, Madrid, 2006, pp. 94 y ss.. Razona este autor que la dificultad y retraso consiguiente de crear vías  de comunicación en España obedeció  a la orografía  montañosa y a  las diferentes cotas de altitud de los territorios, lo que encarecía- y aún hoy encarece- la construcción de infraestructura  viaria y ferroviaria.
Durante el s. XIX se intensificó significativamente por el acuerdo de las Diputaciones de construir « carreteras vecinales »  al amparo del art. 68 de la Ley de Diputaciones Provinciales de 8 de enero de 1845, vid.. Martínez Alcubilla, M., Diccionario de la Administración Española, Peninsular y Ultramarina: Compilación ilustrada de la novísima legislación de España, t. VI, Madrid, 1868, p. 569.
[6] Pérez Picazo, M.T., La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988, p. 134.
Archivo Histórico Provincial de Albacete, Obras varias, Legs. 481 y 482.
[7]Vid. Mellado, F.P., Guía del viajero en España, Madrid, 1852.
[8] Madoz, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar,  t. I, 2ª edic., autor-editor,  Madrid, 1846, pp. 243 y ss..
[9] Pérez García, J.M.,  La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988.
[10]Sánchez Torres, F.J., Apuntes para la Historia de Albacete,cit., p. 23.
[11] Xerif Aledris, Descripción de España, trad. Conde, J.A., Imprenta Real, Madrid, 1799 p. 192 que conecta con la tesis defendida por Palasui y Catalozella, E.,  Blasones Españoles y Apuntes históricos de las cuarenta y nueve capitales de provincia, Barcelona, 1867,  p.1
[12] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, Encuentro, 1995. Madrid,  pp. 45-6.
[13] Diócesis de Albacete, Misa por el 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de los Llanos en 28  de mayo de 2006, Diócesis de Albacete-Diputación provincial de Albacete, Albacete, 2006.
[14] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, cit.,   pp.   46-7.[15] Simón Pardo, J., La devoción a la Virgen en España: historias y leyendas, p. 356.
[16] Archivo Histórico Nacional, Protocolos, 17770. Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  Akal, Madrid, 1990, p. 162.
Vid.. Aranza Pérez, F.J., Letrados, juristas y burócratas en la España moderna,  UCLM- Junta Castilla La Mancha–Ministerio de Educación, Albacete, 2005,  p. 575.
[17] Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  cit., p. 165.[18]Blanch e Illa y otros, Crónica General de España, Albacete, Madrid, 1867, p. 47.
Vid.. SánchezIbáñez, J.M.,  El Hospital de San Julián de Albacete: estudio histórico, Instituto de Estudios Albacetenses, Albacete, 1997.

[19]Malte-Brun, C., Geografía universal física, histórica, política, antigua y moderna, p. 328 y ss..


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