Revista Psicología

La clave de la personalidad que garantiza el éxito y la felicidad

Por Carlos Carlos L, Marco Ortega @carlosmarco22
ísticas negativas asociadas con el pesimismo, sino que mantenían unos niveles de felicidad similares a los optimistas. Todo son ventajas, menos un último aspecto: su nivel de ansiedad es superior al de los optimistas idealistas, porque “reconocen la posibilidad del error”, algo que no ocurre con estos, que suelen inventar justificaciones y explicaciones que los protejan frente a la posibilidad de la debacle y que refuercen su autoconfianza.
Los efectos negativos del pensamiento positivo (y viceversa):
No es la primera vez que se indican los problemas que pueden surgir cuando el optimismo no es contrarrestado con otro punto de vista más negativo. Algunos libros, como es el caso de Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo (Turner) de Barbara Ehrenreich ya habían señalado las posibles consecuencias negativas de la preponderancia de la positividad, y algunos estudios científicos habían indicado que este tipo de visión del mundo suele llevarnos a dar más relevancia a aquella información que nos sea favorable y a relativizar la importancia de la que perjudica nuestra visión ideal. Una situación que conduce a darnos de bruces, cuesta abajo y sin frenos, con obstáculos que no habíamos visto venir.
Pero, al mismo tiempo, el pesimismo también tiene sus contrapartidas. Cierto es que permite anticipar los riesgos, pero en muchas ocasiones, puede resultar paralizante, ya que magnifica las posibles consecuencias negativas de nuestro comportamiento. Es por ello que, también, el pesimista tiene más posibilidades de caer en depresión que un optimista, así como de sufrir otros problemas médicos. Un estudio realizado por Hillary Tindle de la Universidad de Pittsburgh puso de manifiesto que las mujeres que eran más optimistas tenían un 9% menos de posibilidades de sufrir problemas cardiacos y un 14% menos de morir por cualquier causa en los siguientes ocho años. Una relación que, curiosamente, era más fuerte entre los afroamericanos que entre los blancos.
Los optimistas también tenían menos posibilidades de sufrir diabetes, problemas de tensión, colesterol alto, síntomas de depresión, fumar, ser sedentarios o tener sobrepreso. No obstante, uno de los problemas que planteaba el estudio es si somos pesimistas porque la vida nos va mal o nos va mal porque somos pesimistas.
En definitiva, es difícil separar el momento en el que nos empieza a ir mal del que empezamos a pensar que nos va a ir mal y, por lo tanto, ocurre.
Fuente: Héctor G. Barnés

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