La Cocina texto de Arnold Wesker, que se está representando en el Valle Inclán, con enorme éxito por cierto, es una de las grandes apuestas del CDN de esta temporada, por no decir la mas grande. Los motivos son muchos, el primero el ingente número de actores que se necesita para abordar este texto, nada menos que 27, con las complicaciones que esto conlleva. Hay que añadir el atractivo visual de la propuesta, y obviamente lo ambicioso del montaje en todos sus aspectos. Cualquiera que se precie de aficionado al teatro no puede perderse esta propuesta que es sin duda muy difícil de ver, e imposible de abarcar desde el ámbito privado dadas las dificultades de presupuesto que esta obra plantea. Con un mes de anticipación saqué mis entradas, ya con ciertas dificultades para encontrar asientos decentes, y a medida que se iba acercando el día de mi representación, mis ganas iban en aumento, ya que los comentarios suscitados sobre el espectáculo eran tan buenos, que todo me hacía indicar que la cosa estaría a la altura.Nunca había leído el texto de la obra, y a su autor no lo conozco en profundidad, así que iba bastante virgen a la función, ya que solo había visto el vídeo promocional, y me informé muy someramente del argumento. Tampoco quería saber mas, a veces mejor no ir "contaminado" y así de esta forma tener una opinión menos condicionada a la hora de visionar un espectáculo que sin duda está dando mucho que hablar, y que será recordado durante mucho tiempo en nuestro mundillo teatral.Algún día diremos que vimos La Cocina del CDN, no tengo la mas mínima duda, máxime cuando ya están agotadas todas las entradas hasta el final de las representaciones, así que muchos han sido los llamados y pocos lo elegidos que hemos tenido la suerte de conseguir localidades. Estimado Ernesto Caballero, es casi obligado decirle que debe reponer este titulo, del mismo modo que no se debe pasar por alto la inversión realizada para tan pocas funciones. Es una verdadera pena que esta propuesta se quede aquí y no solo por motivos crematísticos ya que el nivel artístico de la misma, y el tremendo trabajo a todos los niveles que este montaje posee, merecen un largo recorrido tanto en Madrid como en el resto de nuestra geografía.

Encontré el texto bastante irregular con altibajos de interés, y momentos que se han quedado muy desfasados, ya que la temática que plantea está muy manida y ya ha sido analizada desde muy variopintos puntos de vista, el tema de los prejuicios hacia los alemanes, los rencores entre naciones posteriores a la IIGM y las actitudes antisemitas son algunos de los problemas que se nos cuentan en La Cocina. A ello hay que añadir que se trata de un momento histórico muy específico, convirtiendo la obra en excesivamente coyuntural para nuestros ojos, y que el conflicto se alarga en exceso llegando a lo premioso. No quiero que parezca que no me ha gustado, porque no es cierto. La Cocina posee recursos mas que sobrados para justificar su visionado, un empaque apabullante, una estructura dramática impoluta, unos vínculos interesantísimos y unos personajes, que por motivos obvios, en algunos casos no son mas que meras pinceladas que realmente se nos antojan muy carismáticos en la mayoría de los casos. A todo esto hay que añadir el crescendo final tan bien tramado, y la continua sensación de tensión entre los personajes que realmente nos da a entender que la cocina del Tívoli es una autentica olla a presión a punto de estallar.
A veces las adaptaciones son muy necesarias, y esta obra convenientemente recortada y pulida tendría mas interés a nivel texto del que ahora posee, que se ve sobrepasado con creces ante el envoltorio, las interpretaciones y la dirección escénica, siendo una pena que tanto esfuerzo tenga un fin que se me antoja un tanto vacuo.
Vayamos con el elenco:
27 personajes de mayor o menor extensión pueblan esta cocina desarrollados de forma irregular por razones obvias, pero todos moviéndose en unos parámetros de excelencia interpretativa asombrosa. Desde la apabullante Bertha de Paloma Porcel, rotunda y real como la vida misma, hasta un esforzadísimo Ricardo Gómez como chico para todo que no pasa en absoluto desapercibido por su frescura y entrega, el número de talentos que en esta producción se vislumbra es descomunal. Muy a destacar el Peter de Xabier Murua, que defiende un difícil papel desde una contención y una introspección perfectamente calculada. Impoluta la Monique de Silvia Abascal bella y enigmática, y que me alegra profundamente verla trabajando. Luis Zahera en un código mas extremado da un toque diferente como un personaje que no entiende a sus trabajadores y que somete a su tiranía con un victimismo realmente repulsivo. Aitor Beltrán como Dimitris sirve un personaje tierno y muy carismático. Javivi con una solidez actoral en un complicado monólgo con el que toca el cielo aporta veteranía. Roberto Álvarez mas templado dadas las características de su papel dota de entidad del primer actor que es al chef de esta cocina del infierno, donde tantas cosas pasan y a la vez tan pocas, ya que al final todo se resume a una cosa tan simple como son las relaciones humanas completamente enquistadas en un entorno duro y hostil. El resto del elenco cumple a la perfección, me resulta imposible enumerar a todos, pero nadie desentona, y la tónica es un profundo conocimiento de lo que se desarrolla en escena y como se desarrolla, con un trabajo de equipo que posiblemente sea de los mas complicados, y mejor resueltos que he visto nunca.

En resumen, una propuesta imprescindible, que es uno de los acontecimientos teatrales de esta temporada, y que no deja indiferente a nadie. Sus múltiples virtudes están muy por encima del texto que aun con los problemas que mas arriba comento, no arruina una función impecable, de gran impacto, y con resultados realmente espectaculares.

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