Por Daniel Zolezzi Luego que un juez federal, ya fallecido, fuera sorprendido en un prostíbulo masculino y que en departamentos de un ex ministro de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni, funcionaran otros -de tonalidad sexual no conocida- nada debería asombrarnos. Porque tales cosas fueron sólo la parte flotante del iceberg. Porque, en gran medida, es la mismísima justicia la que se ha prostituido. Y esto no es solo un juego de palabras. Diariamente nos topamos con muestras de ello.
Sin embargo, nos sorprende la bomba que arrojó el Presidente Javier Milei postulando a Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema; bomba cuyo estallido aún nos aturde.
Comencemos por lo menos grave. Lijo es juez de primera instancia, de modo que, en su caso, se saltea el habitual paso por una Cámara de Apelaciones desde cuyas vocalías los magistrados llegan a la Corte. Digamos que se trata de un salteo de instancia; y nos preguntamos qué estarán pensando los camaristas del fuero.
Lo grave es que pesan sobre Lijo sospechas por lucir un patrimonio muy superior al esperable en un juez; haras de pura sangre y fotos con equinos incluidos. Además, en el Consejo de la Magistratura duerme desde hace un año una fundada denuncia en su contra.
Con alguna noble excepción, los Juzgados Federales Penales de Comodoro Py son meros satélites de la casta política. La cual, transida de corrupción, encuentra allí, unas veces, la demora que lleva a la prescripción, otras, el pase a una jurisdicción donde el imputado reina como juez y parte -como lo hizo Lijo con el caso Old Fund, enviado a Formosa- y, en más de una oportunidad, sobreseimientos indigeribles.
Haya o no participado en la postulación de Lijo, no es de menor gravedad que el Ministro de Justicia sea Mariano Cuneo Libarona. Porque fue abogado defensor del rey de la efedrina y del ex juez federal en Mendoza, Bentos, íntimamente ligado al kirchnerismo y destituido por corrupción.
Por supuesto que un abogado penalista es libre al ejercer su profesión. Claro que también lo es al elegir sus defendidos. Nadie se los impone. Y el conflicto de intereses del ministro es evidente, si es que el gobierno es veraz en su decisión de combatir al narcotráfico. Cae de maduro que Patricia Bullrich tiene las manos mucho más libres que Cuneo, si de tal combate se trata.
Milei dice admirar profundamente a los Estados Unidos. Vamos a brindarle, pues, un buen ejemplo de cómo se procede allá en casos como estos. En la segunda mitad de los años sesenta su Presidente, Lyndon Johnson, propuso para para integrar la Corte Suprema de ese país al abogado Abe Fortas.
Pues bien, el Senado le negó el acuerdo necesario para ello. ¿Cuál fue el motivo? Muy simple, que Fortas, como abogado, había defendido a un señor Wolfson, operador de Wall Street que fue condenado a pena de prisión por fraudes bursátiles.
Si se quiere seguir el ejemplo de los Estados Unidos, no alcanza con alabar su libertad en materia económica. Debe procederse como lo hizo su Senado cada vez que la ética lo exija. De no obrarse así, la careta anticasta se caerá sola, por la fuerza de los hechos.
Origen: La Prensa
