Revista Opinión

La culpa es de otros

Publicado el 04 marzo 2010 por Dean
La culpa es de otros Cuando una generación fracasa, esto no se evidencia inmediatamente, sino en la generación siguiente. Después de la dictadura hubo una buena oportunidad que se ha desaprovechado, la oportunidad de haber construido una sociedad diferente a esa que se basa en el poder de cinco sobre la esclavitud de unos cuantos millones, hubo un corto tiempo en el que todo parecía color de rosa, sindicatos buenos, empleos estables, vivienda al alcance de todos, buena educación, más dignidad, principios, una etapa saludable para casi todos, pero esos que lo disfrutaron viven hoy en el desencanto porque los jóvenes de ahora no respetan ni valoran nada, no tienen principios ni valores, no saben donde están parados ni hacia dónde van.
Parece que se creó una estructura de poder que se sustenta en el esclavismo, a cada esclavo se le asignan otros dos esclavos, y se genera así una fuerza inagotable nutrida por el egoismo y la estupidez humanos, ya que todos son esclavos pero se creen señores, basta con mirar a ese jefe de departamento que en nada se diferencia de un tirano y trabaja 15 horas diarias, a esa señora encopetada que está sólo un peldaño por encima del tuyo pero se comporta como si fuera la propietaria de un consorcio multimillonario que no tiene tiempo ni para saludar a sus compañeros de trabajo, son pisoteados por los de arriba y quieren recuperar su dignidad pisoteando a los de más abajo y haciéndole la pelota a los de más arriba. El representante sindical que ya no representa a los trabajadores sino que se ha vendido al empresario, el alcalde que recalificó los terrenos para ganarse una jugosa comisión del pulpo constructor, todos esos casos de corrupción que se han destapado pero a la gente le da igual, siguen sustentando esta estructura actual de la sociedad, que es la que tenemos pero que hemos construido y seguimos fomentando con nuestro anhelo desmedido por disfrutar de bienes materiales que no son sino las sobras que desechan los poderosos, un coche nuevo, una televisión de última generación con home cinema, un baño nuevo, una silla de masaje en la que nos sentamos a criticar a esos jóvenes, a esa generación nini que no es otra cosa que el fruto de nuestros actos. Si estos jóvenes no tienen metas es porque no les hemos enseñado a fijarlas, si están confusos es porque les hemos criado en un ambiente de confusión, en una tremenda farsa que es la vida de la mayoría de los componenetes de esta sociedad que ahora se queja de la crisis provocada por otros. 
¿Será verdad que otros son los culpables de lo que está sucediendo?
Ya es hora de reconocer que la hemos cagado y poner manos a la obra en arreglar el estropicio, dejar la comodidad de estar apoltronados esperando a que las cosas se arreglen solas mientras miramos como idiotas el futbol y los toros en una caja que seguramente nos han dado para mantenernos atontados per saecula saeculorum.

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