La dependienta

Sayaka Murata
¿Qué le pasa a la protagonista? ¿Qué le pasa a la sociedad que nos exige no diferenciarnos de la manada y seguir al pie de la letra cada uno de sus mandatos?
Ya en la infancia, Keiko aprende pronto la lección: sus conductas son consideradas desadaptadas. Es mejor obedecer, imitar a los demás y guardar silencio.
Cuando empieza a trabajar por horas en una tienda, parece que al fin encuentra su lugar seguro, tranquilo, lejos de las críticas o el señalamiento. Pero su entorno pronto empezará a mirar con extrañeza a quien se mantiene demasiado tiempo ahí, sin intención de mejorar, de casarse, de tener hijos.
Su hermana la ayuda a encajar. Le ofrece excusas creíbles, y, sin embargo, está cansada de esperar la “cura”.
Es demoledora la cascada de reacciones que se producen en su entorno familiar, social y laboral cuando toma una decisión radical. Terrible la falta de empatía, la incapacidad de escuchar.
Me ha gustad mucho.
Algunos fragmentos
¡Deberías hacer amigos y salir a jugar!
Empezamos practicando las expresiones faciales y los saludos. Tomando como referencia la cara sonriente que aparecía en el cartel, teníamos que levantar las comisuras de la boca, erguir la espalda, colocarnos en fila mirando al frente y decir: ¡Bienvenido!
Lo que más se me pega de quienes me rodean es el acento. Supongo que mi forma de hablar también se le pegará a alguien. Creo que es así como sobrevive la humanidad: por contagio.En mi repertorio de emociones, la ira es casi inexistente.
Nada más empezar a trabajar me había dado cuenta de que a mis compañeros les gustaba que yo compartiera sus motivos de enfado. Si me solidarizaba con ellos, ya fuera para criticar al jefe o a algún compañero del turno de noche que se había escaqueado, surgía una extraña complicidad entre nosotros y celebraban mi indignación.
Era raro que una mujer de mi edad no tuviera un trabajo estable ni estuviera casada, lo sabía porque mi hermana me lo había explicado.
Y aunque hubiera estado sufriendo de verdad, a nadie se le ocurrió pensar que quizá lo que me angustiaba no fuera tan simple como lo que estaban insinuando. Pero ellas habían decidido explicarlo así porque parecía que le resultaba más fácil de entender.
[…] no entiendo por qué tengo que ir expresamente a ver a mi sobrino. Supongo que hay que tener cierta consideración con los bebés de tu propia familia, pero para mí los bebés son como los gatos callejeros: aunque sean un poco diferentes entre sí, todos son animales de la misma especie.La gente se cree con derecho a escarbar en aquello que considera raro hasta dar con una explicación.
En esta vida todos tenemos la obligación de establecer un vínculo con la sociedad, ya sea trabajando o formando una familia.
El mundo normal es un lugar muy exigente donde los cuerpos extraños son eliminados en silencio.
El jefe utilizaba mucho la palabra "útil", así que me pregunté si yo sería útil o no. Quizá trabajaba porque quería convertirme en una herramienta útil.
Sinopsis: Keiko Furukura tiene 36 años y está soltera. De hecho, nunca ha tenido pareja. Desde que abandonó a su tradicional familia para mudarse a Tokio, trabaja a tiempo parcial como dependienta de una konbini, un supermercado japonés abierto las 24 horas del día. Siempre ha sentido que no encajaba en la sociedad, pero en la tienda ha encontrado un mundo predecible, gobernado por un manual que dicta a los trabajadores cómo actuar y qué decir. Ha conseguido lograr esa normalidad que la sociedad le reclama: todos quieren ver a Keiko formar un hogar, seguir un camino convencional que la convierta, a sus ojos, en una adulta.
Traducción: Marina Bornas Montaña. Duomo Ediciones, Barcelona 2019. Número de páginas: 176
