Revista Bolsa

La economía colaborativa está de moda

Publicado el 04 junio 2014 por Monedarota @Monedarota

Tomos de enciclopedias permanecen inmóviles en las estanterías de muchas habitaciones. Los ordenadores llegaron, evolucionaron y hoy ocupan su lugar en casi todas las casas en igualdad de condiciones con la cama o el microondas. Hace una década, los trabajos escolares estaban hechos a Word y se apoyaban en la Encarta para recoger todo el contenido posible. La enciclopedia de Microsoft pasó a la historia (en agosto de 2008 salió la última edición) y, hoy en día, la Wikipedia ha ocupado su lugar y, como un profundo católico consulta la biblia cuando el pecado se presenta ante su puerta, la consultamos siempre que nos surge alguna duda o cuando queremos ganar una apuesta sobre quién ganó qué en un año determinado. Las enciclopedias físicas son hoy elementos decorativos (pobres comerciales) y la Encarta ha muerto hasta en la memoria de sus usuarios. La Wikipedia se consolidó y podemos considerarla como uno de los ejemplos con más repercusión dentro de la economía colaborativa.

El consumo colaborativo se refiere a la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar, redefinida a través de la tecnología moderna y la nuevas maneras de medir la reputación de las personas.

Fuente: Wikipedia

En los últimos años, imagino que la crisis económica ha tenido mucho que ver, la economía colaborativa está creciendo como la espuma. Ya hablamos en esta página del fenómeno del crowdfunding y de como, ante la escasez de financiación privada, las instituciones tradicionales estaban siendo sustituidas en determinados proyectos por financiación entre particulares. Las plataformas online son, haciendo una analogía con el mercado tradicional, el punto de encuentro en el que las partes se ponen en contacto. Por lo tanto, hay tres partes implicadas: la que necesita algo, la que puede ofrecer algo y la plataforma que las pone en contacto.

Blablacar es otro de los casos que se nos viene a la mente. Dicha plataforma nació para que los usuarios pudiesen compartir medio de transporte. Una persona que el sábado vaya a Oviedo puede anunciar el trayecto en la web diciendo que dispone de cuatro plazas. Yo, que también tenía pensado sacar el coche del garaje, decido ocupar unas de las plazas pagando el precio correspondiente. Gracias a este medio se consiguen dos cosas: compartir los gastos del viaje y descongestionar el tráfico al haber menos coches en circulación. Airbnb cumple la misma función pero dentro del terreno de los alojamientos. Particulares anuncian la disponibilidad de un piso, una habitación privada o una habitación compartida y especifican el precio que se deberá pagar por la estancia (que puede ser de una noche hasta un mes). La palabra que define este tipo de iniciativas es confianza. La confianza entre las partes es la que sostiene el sistema. Confianza en la web que sirve de enlace y confianza para subirte en un coche con un completo desconocido o alojarte en la vivienda de alguien del que ni siquiera sabes si su nombre es verdadero. Para fortalecer la confianza las plataformas emplean un sistema de comentarios y valoración: el usuario puede saber cómo les ha ido a otras personas que se han subido en el coche de ese desconocido o el trato recibido por ese del que dudas sobre su identidad.

Encontramos ejemplos de economía colaborativa en casi todos los terrenos. Hay páginas en las que ha revivido el trueque (algunas de ellas también apoyadas en una moneda virtual que solo puede usarse dentro de la misma) como Etruekko, Truequeweb o Creciclando. Páginas que ponen en contacto a usuarios que quieren desprenderse de un determinado artículo y que no esperan obtener compensación económica, con usuarios que lo buscan: Nolotiro. Meetmeals es una web que une a chef amateurs con personas que buscan experiencias gastronómicas. Trip4real, por su parte, conecta a usuarios que quieren vivir una experiencia (por ejemplo, conocer Murcia) con personas que les pueden servir de guías.

Internet, aunque suele ser importante, no es indispensable para el desarrollo de la economía colaborativa. En cierto modo: siempre ha existido. Trabensol o Jubilares son dos casos interesantes. Ambos proyectos consisten, a modo de cooperativa, en evitar la soledad en la tercera edad estableciendo viviendas compartidas. Coop57, dentro del mundo financiero, es una cooperativa de servicios que concede préstamos a proyectos de economía social. Y no podemos olvidarnos, dentro del mismo ámbito, del auge de la banca ética (ProyectoFiare, es un ejemplo de ello). La economía colaborativa, por tanto, está de moda, los proyectos se han multiplicado con la extensión de internet por los hogares, y la crisis económica ha contribuido en ello. Términos como “social”, “sostenibilidad”, “responsabilidad social” o “medioambiental” están entrando en las conversaciones, los consumidores ganan peso en el proceso de elección (al existir alternativas diferenciadas) y, aunque lentamente, nuevas formas de hacer las cosas se están implantando en el día a día.

La incertidumbre está presente en este tipo de proyectos. La Patronal de autobuses Fenebus ha pedido que se cierre el portal Blablacar porque considera que está incurriendo en competencia desleal. En Francia, hace unos años, vivieron una situación similar y se llegó a la conclusión de que no existe competencia desleal siempre que el servicio sea gratuito o sirva para compartir gastos. El sector hotelero también está acusando a Airbnb y parece que el tema va para largo. Debe abordarse la cuestión de la regulación intentado poner las menos trabas posibles para el desarrollo de este tipo de iniciativas. Muchas preguntas surgen en el horizonte: ¿Cómo se puede proteger al consumidor? ¿Cómo debe ser su tributación? ¿Cómo se debe aplicar en cada caso la legislación laboral? El tiempo lo dirá pero no hay duda de que dará que hablar. En lo que no hay duda es en que la regulación debe ser clara, precisa y que debe servir para impulsar más que para cortar las alas.


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