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Hola graminoleños.
Aquí tenéis la tercera entrega de vuestra revista musical preferida para ofreceros más música de todos los tiempos. Espero que cada día que pase, cada nueva publicación, la familia graminoleña siga creciendo. Gracias a todos.
Recordad que en La Graminola tienen cabida todos los estilos, todas las épocas, toda la música que nos ha acompañado día a día y que va a seguir acompañándonos siempre y que tan buenos momentos nos hace pasar y que tantos recuerdos nos trae a la memoria. Eso sí, prometo no publicar temas vinculados al reguetón o la mal denominada «música urbana», aunque sé que esto eliminará como seguidores a los más jóvenes, pero es que … mejor no digo más, ya me entendéis.
Ya sabéis que la revista tiene cuatro secciones bien diferenciadas que nos harán pasar grandes momentos. Son las siguientes:
Canciones con historia: Por aquí aparecerán canciones que tienen algo que contar al margen de lo que digan sus letras. Como se compusieron, que significaron, que cuentan exactamente. Algunas con historias mágicas, algunas con historias trágicas, algunas con algo de polémica.
Live is Life: El título de esta sección lo dice todo. La música se disfruta en cualquier formato, pero en vivo y en directo es cuando nos ofrece momentos inolvidables. Aquí disfrutaremos de esas grandes actuaciones que nuestros artistas favoritos nos han ofrecido subidos al escenario. Palabras mayores.
Producto Nacional: Música de aquí hecha por artistas y grupos de aquí, sin complejos, sin envidias. Porque nuestra gente es capaz de hacer tan buena música como cualquier artista de talla internacional. Disfrute total.
Porque Me Gusta: En esta sección me permito ejercer de «jefe graminoleño» y os ofreceré canciones que quizás no hayan tenido tanta trascendencia ni tanto éxito o que quizás no tengan historias detrás de su creación, pero que a mí me encantan. Simplemente música para disfrutar, sin más. Eso sí, posiblemente ésta sea la sección que nos traerá más sorpresas.
Por cierto, no olvidéis dejarme vuestras opiniones, críticas o sugerencias sobre lo que vaya publicando y recordad que os podéis suscribir y así os convertiréis en seguidores de La Graminola y no os perderéis ninguno de sus contenidos.
Y por último una recomendación. Algunos de los enlaces a los vídeos que aparecen en cada número de la revista, con el paso del tiempo es posible que no funcionen por los misterios y censuras de internet. En esos casos, os recomiendo que hagáis búsquedas en la red de dichos vídeos y podáis disfrutarla experiencia de manera completa.
¡¡¡¡¡EMPEZAMOS!!!!!
LOS PROTAGONISTAS DE HOY
En canciones con historia conoceremos hoy la historia de un grupo que iba para grande y al que no le dejaron. Estoy hablando de The Verve.

En la sección de música en vivo llega uno de los más grandes, regalándonos un momento mágico en Leipzig.
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Seguimos con merecidos homenajes a grandes artistas desaparecidos. Hoy el inigualable Robe Iniesta con sus habituales compañeros de fatiga de Extremoduro.

Cerramos a lo grande el número de hoy con Linkin Park antes de de que entrara en la banda Emily Armstrong y les diera un gran salto de calidad (uno más en su carrea)
" data-attachment-id="14161" height="367" width="589" data-comments-opened="1" loading="lazy" data-permalink="https://lagraminola.wordpress.com/2026/04/28/la-graminola-epoca-2-numero-3-28-de-abril-de-2026/linkin-park/" aperture="aperture" />Cerramos a lo grande el número de hoy con Linkin Park antes de de que entrara en la banda Emily Armstrong y les diera un gran salto de calidad (uno más en su carrera)
CANCIONES CON HISTORIA
THE VERVE / BITTER SWEET SYMPHONY
La historia de la música está repleta de situaciones apasionantes. Hoy os traigo una de ellas. Lo tiene todo, una banda británica que lo peta con un grandísimo disco y una canción emblemática, un futuro prometedor para marca una época, una vez más, problemas con derechos de autor, demandas, depresiones y el estallido final del grupo que se convierte en uno de esos casos de “lo que pudo haber sido y no fue”. Hablo de The Verve con Richard Ashcroft a la cabeza y ese auténtico himno que es “Bitter Sweet Symphony”.
Pero pongámonos en contexto. The Verve no lo tuvo nunca fácil a lo largo de su carrera. Tras la publicación de sus dos primeros trabajos, “A Storm in Heaven” en 1993 y “A Northern Soul” dos años después, sin demasiada repercusión, en el año 1997 aparecería en el mercado su tercer álbum, con el que romperían moldes, convirtiéndose en uno de los grupos de referencia de aquel momento y con un futuro más que prometedor. Atrás quedaban todas las dudas y todas las diferencias que hubo dentro del grupo que llego a desintegrase durante unos meses. Menos mal que la insistencia de su vocalista y auténtico líder, Richard Ashcroft, logró que no arrojaran la toalla definitivamente.
Dicho álbum llevaba el título de “Urban Hymns” y fue calificado por muchos de los críticos especializados como el mejor disco del año, en gran medida a una maravillosa e hipnótica canción, con un continuo sonido de violines mágico, que se ha convertido con el paso del tiempo en un auténtico clásico del pop. Efectivamente hablo de “Bitter Sweet Symphony”.
La canción comenzó a sonar por todos lados y se convirtió en un tremendo éxito a nivel mundial. Ese sonido de violines que suena durante todo el tema cautivó a propios y extraños, convirtiéndose en una auténtica seña de identidad. Sin embargo, poco podían sospechar los chicos de The Verve que eso sería lo que acabaría definitivamente con ellos.
Como ya os anunciaba al inicio del artículo, la historia no tiene desperdicio y da para hacer una película. Ashcroft y sus compañeros de fatiga no podían sospechar la que se les venía encima y mucho menos que los mismísimos Rolling Stones iban a ser quienes cavaran su tumba musicalmente hablando.
En pleno éxito de la banda liderada por Mick Jagger en los años 60, su manager Andrew Loog Oldham creo un proyecto paralelo denominado The Andrew Loog Oldham Orchestra con el que se dedicó a versionar de manera orquestal muchos de los temas de The Rolling Stones, dándoles un toque clásico y de calidad bastante llamativo.
Entre las canciones versionadas se encontraba una titulada “The Last Time” y en ella aparecía ese sonido tan hipnótico de los violines que Ashcroft decidió añadir a su composición. Eso sí, lo hizo todo de manera legal, solicitando permiso para poder utilizar ese sonido de apenas cinco notas y pagando las correspondientes regalías a la casa discográfica correspondiente. Todo en orden, o al menos eso es lo que los chicos de The Verve pensaban.
Os dejo aquí el vídeo de la versión orquestal de «The Last Time» para que comparéis. Ya os advierto que lo que en la canción de Te Verve son violines aquí son campanas, vamos que hilaron muy fino.
Con lo que no contaba ninguno de los miembros del grupo era con la ambición desmedida de alguno. El que había sido manager de The Rolling Sontes durante algún tiempo, Allen Klein, poseía los derechos de las canciones de “sus satánicas majestades” anteriores al año 1970, entre la que se encontraba la dichosa “The Last Time”. Este caballero, viendo el tremendo éxito que estaba teniendo “Bitter Sweet Symphony” pensó que era el momento de ganar unos millones a costa del talento de otros, algo muy típico en el mundo de la música.
Klein interpuso la correspondiente reclamación de uso indebido de los derechos de autor de la canción de los violines, alegando que Ashcroft había utilizado una porción más larga que esas cinco notas por las que The Verve había pagado para obtener el correspondiente permiso. Parecía una simple lucha más por derechos de autor sin más, pero la trascendencia que esta reclamación iba a tener iba a ser demoledora para el grupo.
En un primer momento Ashcroft y los suyos opusieron resistencia, plantando cara a Klein, alegando que la parte orquestal correspondiente a “The Last Time” cumplía con lo establecido, además de que se habían introducido arreglos suficientes como para que la composición pudiera ser considera incluso como una canción totalmente distinta. El antiguo mánager de los Rolling y los propios Jagger y Richards no pensaron igual y llevaron el tema a los tribunales, lo que acabaría siendo mortal de necesidad para The Verve.
Ashcroft, que era quien había compuesto la canción, terminó renunciando a defenderse en los tribunales, ya que pensaba que el coste económico de abogados y costas judiiciales sería más elevado que la cantidad que un juez decidiría que habría que pagar. Estaba muy equivocado, porque el fallo del tribunal iba a ser contundente: perdía todos los derechos sobre la canción y cualquier ingreso procedente de “Bitter Sweet Symphony” caería en las manos de Klein. Un sueño hecho realidad y de manera inmediata un sueño hecho trizas.
Ashcroft lo intentó todo, llegando incluso a un acuerdo con Mick Jagger y Keith Richards incluyéndoles como compositores de la canción, pero todo fue en vano. Klein se hizo con todo y llevaría al grupo a un proceso de autodestrucción tan repentina como rápida.
Todo lo que rodea a esta canción es mágico, auténtico, único. El videoclip es sencillo hasta decir basta, pero es de esos que nos regala imágenes icónicas. En el aparece Richard Ashcroft andando en dirección contraria a mucha gente por una concurrida calle de Londres con un rostro que no muda de gesto en ningún momento, ignorando a todos cuantos se cruzan con él, chocando con alguno de ellos hasta tirarlo al suelo o incluso subiendo por encima del capó de un coche. Al final del vídeo, toma la dirección contraria y es el momento en el que se unen a él en su caminar el resto de integrantes de la banda. Genial.
La historia de esta canción y este grupo es única en su especie. Para que os hagáis una idea, en el año 1999 “Bitter Sweet Symphony” fue nominada a un Grammy, pero como The Verve había perdido todos los derechos sobre la composición, la nominación recayó en Mike Jagger y Keith Richards ya que ellos eran los que figuraban como autores de la misma. Cuando Ashcroft se enteró de la nominación comentó de manera irónica que por fin Jagger y Richards habían compuesto la mejor canción de su carrera. Realmente es todo un poco triste ¿no creéis?
Pero aún hay más. La canción es tan llamativa, es tan buena, que Ashcroft había recibido muchas ofertas para que pudiera ser utilizada en algunos anuncios publicitarios. Él siempre había manifestado públicamente que le producía asco que su música fuera utilizada de esa manera, pero con lo que no contaba es que cuando perdió los derechos sobre “Bitter Sweet Symphony”, Klein diera permiso, bajo el correspondiente abono de algunos dólares, para que Nike utilizara la canción en una campaña publicitaria. Como ya os digo, una historia alucinante se mire por donde se mire.
La carrera de Ashcroft y el resto del grupo salto por los aires hecha añicos, pero todavía tendría escrito un capítulo más bastante después. En el año 2019, The Rolling Stones quiso ser justa y devolvió los derechos de autor sobre la canción a The Verve. Un acto que les honra pero que llegó demasiado tarde y cuando ya nada tenía solución. Se cerró el círculo por fin, pero entre medias nadie salió satisfecho, a excepción claro está de Klein que se forró a costa del talento de otros.
LIVE IS LIFE
BRUCE SPRINGSTEEN / YOU NEVER CAN TELL
Siempre he dicho que los momentos que nos regala una actuación en directo superan con creces cualquier versión de estudio por muy buena que ésta sea y por muy buena que sea su calidad. Pero si además ese gran momento llega de una de las figuras más importantes, de los mejores artistas sobre un escenario, de uno de los cantantes de mayor talento que nos podamos echar a la cara, a buen seguro que viviremos un momento mágico.
Los que me seguís habitualmente ya sabéis que siempre digo que la música de hoy no nos ofrece demasiadas cosas. El dichoso reguetón y sus derivados lo inunda todo con malas letras, música repetitiva y artistas que no dejarán huella en el futuro. Todo esto se ve acrecentado con los conciertos que estas “figuras” ofrecen ya que, salvo contadas excepciones, aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor” se cumple a rajatabla. Basta con disfrutar de la actuación en vivo que os ofrezco hoy en La Graminola para certificar que lo que os comento es cierto.
El protagonista no es otro que el mismísimo Bruce Springsteen. Con momentos como éste no es de extrañar que le llamen “The Boss”, porque es el auténtico jefe del rock. Yo tuve la fortuna de poderle verle en Madrid hace casi 30 años, cuando las entradas se sacaban en papel y haciendo cola y no por internet y con un QR, y durante las cuatro horas que estuvo sobre el escenario disfruté como no he disfrutado nunca en un concierto. Palabras mayores.
Pongámonos en situación. Corría el 7 de julio del año 2013 cuando Springsteen ofrecía un concierto en la alemana ciudad de Leipzig dentro de la gira mundial que estaba llevando a cabo para presentar en sociedad su último trabajo “Wrecking Ball”. Todo parecía transcurrir de manera muy normal con un espectáculo lleno de intensidad, un público vibrando a lo grande y un sinfín de clásicos de su carrera sonando a todo volumen así como repasando los temas de su nuevo álbum. Pero de repente sucedió algo inesperado que iba a provocar un momento único.
De repente, alguien del público hizo llegar al escenario un parasol de esos que se colocan en verano en los coches para que nuestras manos no terminen calcinadas al tocar el volante, en el que había escrito en su parte posterior el título de una canción que quería que Springsteen y su sempiterna E. Street Band interpretaran para deleite de todos.
«El Boss», lejos de rehuir la petición, la aceptó de buena gana. Cogió el parasol, leyó lo que en él había escrito el espectador, se volvió hacia su grupo sonriendo y les mostró el título de la canción que les proponían interpretar. Todo un reto improvisar sobre la marcha un auténtico clásico del rock and roll de uno de los pioneros de este estilo musical, nada más y nada menos que Chuck Berry.
La canción en cuestión no era otra que “You never can Tell”, todo un clásico que recobró su protagonismo en el año 1994 gracias a una escena icónica del mundo del cine como os contaré un poco más adelante, aunque en cuanto escuchéis el tema identificaréis de inmediato la escena y la película a la que me refiero.
Esta canción la compuso el bueno de Berry desde la cárcel, donde pasó una pequeña temporada por una condena por inmoralidad. Ya sabemos que en los primeros años del rock, sus pioneros tenían fama de chicos malos y montaban de vez en cuando algunos numeritos que les creaban problemas con la policía y la justicia. Si a eso le sumamos el puritanismo de la sociedad norteamericana de aquellos tiempos, no es de extrañar esa estancia carcelaria.
Pero centrémonos en el Boss. Hay que tener en cuenta que la misión era complicada hasta decir basta. Se trataba de una canción que tanto él como todos los miembros de su banda conocían, pero que posiblemente nunca habían interpretado y mucho menos en directo. Pero cuando alguien es grande sobre un escenario lo es para todo.
De manera inmediata se puso manos a la obra pidiendo incluso la colaboración del público. Comenzó a buscar el ritmo y la entonación adecuada junto a los miembros de la E. Street Band, tomando el mando de las operaciones el guitarrista principal Steve Van Zandt, conocido como «Little Steven», aunque de pequeño tiene poco.
Tras varios intentos, varios ensayos, varias arrancadas, por fin encontraron el tono adecuado y nos ofrecieron este momento único en la historia del rock. Os recomiendo que veáis el vídeo de principio a fin porque no tiene desperdicio.
El vídeo lo dice todo para comprobar que no exagero lo más mínimo al decir que es un momento único. ¿Os imagináis a alguno de los “artistas” de ahora tipo Bad Bunny (me cuesta hasta escribir su nombre) improvisando un clásico como lo hizo Springsteen? Lo primero que seguro que no tiene ni idea de quien era Chuck Berry ni de que canción se trata, y lo segundo que con su manera de “cantar” lo único que podría hacer es arruinarla. No hay más preguntas, señoría.
Como ya habréis descubierto, “You Never Can Tell” es el tema que suena en la icónica escena de la película del Director Quentin Tarantino “Pulp Fiction”, protagonizada por John Travolta y Uma Thurman que nos regalaron una coreografía espectacular y que tenéis que reconocer, todos, absolutamente todos, en alguna fiesta, bautizo, boda o comunión habréis terminado bailando.
Para que la jugada sea completa, a continuación os dejo también el vídeo de esta maravillosa escena (el movimiento de las manos sobre los ojos de la coreografía me parece inigualable).
De lo que no cabe ninguna duda es de que “You Never Can Tell” es una de esas canciones atemporales que siempre nos aporta cosas nuevas. Ya sea la versión original de Chuck Berry, la magia de interpretarla sobre un escenario o bailarla en una película, nos ha cautivado siempre a todos los amantes de la buena música. Eso sí, el protagonismo de hoy es propiedad de Bruce Springsteen & The E. Street Band casi en exclusiva.
PRODUCTO NACIONAL
EXTREMODURO / LA VEREDA DE LA PUERTA DE ATRÁS
En los dos anteriores números de esta nueva etapa de La Graminola ya os he comentado que en los últimos meses son muchos, demasiados, los grandes artistas del mundo de la música que nos han ido abandonando. Desde estas páginas estoy intentando rendirles un pequeño y modesto tributo a todos ellos y hoy en la sección de música hecha en nuestro país le toca el turno a un personaje auténtico como era el líder indiscutible del grupo Extremoduro. Efectivamente, me estoy refiriendo a Robe Iniesta, rockero, provocador, en ocasiones polémico pero siempre sensible y siempre un gran artista. De esos músicos a los que había que escuchar cuando hablaban.
El pasado 10 de diciembre, Robe nos decía adiós desde la fría habitación de un hospital vizcaíno, poniendo fin a una carrera repleta de grandes canciones y un reconocimiento generalizado que le llegó finalmente cuando ya no podía oírnos. Extremoduro nunca fue un fenómeno de masas, nunca tuvo la repercusión y la propaganda que merecía, pero la poesía de su gran líder nos ofreció durante muchos años momentos inolvidables.
Eso sí, quiero hacer una crítica «constructiva» al respecto. Cuando Robe Iniesta falleció una cantidad tremenda de personajes públicos ya fueran periodistas, actores, presentadores, tertulianos y, como no, políticos de todos los colores y sabores, se lanzaron en tropel a elogiarle y ha denominarle poeta. Y sí, Robe era un auténtico poeta, pero muchos de esos personajes que se subieron a su carro tras su fallecimiento estoy convencidísimo que ni sabían de su existencia ni en su vida habían escuchado un disco de su banda. Pero y lo que fardaban todos ellos haciéndose los entendidos y los intelectuales. Que pena me da por no utilizar otra expresión más «soez».
Es complicado quedarse con una sola canción de Extremoduro después de una carrera tan prolífica y de un talento tan grande como el que poseía Robe Iniesta, por lo que está claro que no va a ser la única ocasión en la que aparezcan por las páginas de La Graminola. Pero si he de quedarme con una que creo que encaja a la perfección con lo que ha significado para la música de nuestro país Robe plasmando a lo grande esa mezcla de sensibilidad y crudeza, ésa es sin duda alguna «La Vereda de la Puerta de Atrás».
Si se rinde tributo a Robe y a Extremoduro, lo más fácil y lo más normal es hacerlo con canciones míticas como «Salir» o «So Payaso» por poner dos ejemplos, composiciones descarnadas, auténticos clásicos e ideales para una noche de juerga. Pero yo he preferido centrarme en la vertiente más poética y sensible del señor Iniesta.
Se trata de un tema que data del año 2002 y que estaba incluido en el álbum «Yo, Minoría Absoluta». Una canción descomunal que habla de la búsqueda de la felicidad a través de la sencillez y a la que se puede llegar de manera metafórica no por la puerta principal sino por una puerta trasera. Talento en estado puro, sin duda alguna.
Es curioso que una de las canciones más «poéticas» y repletas de sensibilidad de la carrera de Extremoduro esté incluida en el disco con el que la banda retornaba a un sonido más duro, contundente e incluso oscuro. Habían transcurrido cuatro años desde la publicación de su anterior trabajo y en ese intervalo de tiempo las diferencias entre los miembros del grupo, sobre todo entre Robe e Iñaki «Uoho» Antón, que provocaron una gran crisis interna, trajeron consigo un disco con el que desahogarse de manera contundente.
Sin duda alguna la evolución que a lo largo de los años fue mostrando Extremoduro corrió en paralelo con la manera de componer de Robe. Tras unos inicios de rock duro, potente y ruidoso acompañado de letras que hablaban de sexo, drogas, violencia … vamos los clásicos tópicos de los rockeros según dicen muchos, fueron dando paso a temas más trabajados, por momentos más relajados y letras muy cuidadas, prácticamente poesías que hablaban sobre todo del amor y del desamor.
Está claro que la faceta más destacada del carácter de Robe Iniesta era el tremendo carisma que poseía. Era un tipo humilde, muy cercano, amigo de sus amigos, sin nada de divismo y con un comportamiento que siempre llamaba la atención. Los que bien le conocían sabían de su calidad humana, los demás tenían una imagen muy equivocada de su figura, pero de lo que no cabe ninguna duda es que ha dejado momentos verdaderamente históricos dentro de la música de nuestro país, más allá de sus canciones. Os cuento un par de esos momentos únicos.
Allá por el año 1987, Robe Iniesta y su banda necesitaban dinero para poder grabar su primera maqueta y poder mandarla a las discográficas intentando abrirse camino en el mundo de la música. En su Plasencia natal era una persona tan conocida como querida y tuvo una original idea para intentar financiar su primera maqueta. Sin pensárselo dos veces se pateó todos los bares de su querido pueblo vendiendo unas papeletas a mil pesetas de aquel entonces. No rifaba nada, no era un sorteo, realmente era una inversión casi a fondo perdido. Lo único que Robe garantizaba a los que le compraban una papeleta era que les regalaría una copia del disco una vez saliera al mercado. Aunque parezca mentira, los paisanos de Robe respondieron a la llamada de auxilio y consiguió dinero suficiente para grabar esa maqueta con Extremoduro.
Con el dinero recaudado pudieron financiar la grabación de su maqueta y en el año 1990 ficharían por la discográfica «Avispa» con la que publicarían su primer trabajo bajo el título de «Tu en tu Casa, Nosotros en la Hoguera». Por cierto, todos los que compraron la famosa papeleta obtuvieron la correspondiente copia de ese disco. Supongo que hoy en día será un auténtico objeto de coleccionista. En algún lugar he leído que les llegó a mandar una de esas papeletas al entonces Presidente del Gobierno, Felipe González y a la Casa Real. Desde Moncloa no obtuvo nada, ni contestación ni las correspondientes mil pesetas, pero según cuenta «la leyenda», desde Zarzuela devolvieron muy «amablemente» la papeleta junto con una nota en la que se leía «La Casa Real no es ningún hospicio para músicos». De ser la historia verídica, está claro que el que se portó como un rey fue Robe.
Otro de los grandes momentos que Robe Iniesta nos ofreció tuvo lugar en el año 2014. El día 8 de septiembre de ese año, el por aquel entonces Presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, entregó al rockero extremeño más universal la «Medalla de Extremadura» en reconocimiento de su trayectoria y por ser una de las personas que más había promocionado su tierra en los últimos años. La entrega tuvo lugar en el inigualable marco del Teatro Romano de Mérida y nos dejó unas declaraciones de Robe espectaculares.
No estaba demasiado claro que fuese a aceptar la medalla, ya que Robe nunca había sido amigo de protagonizar este tipo de eventos y como manifestaría en el mismo acto, buscó una y otra vez razones para no acudir, pero no las encontró. El discurso que ofreció tras recibir el galardón es de los que hay que escuchar detenidamente una y otra vez. Todo un ejemplo de lo que ha sido su figura y de que los rockeros no son todos locos, ni tontos ni iluminados. Muchos de ellos saben muy bien lo que dicen y lo hacen con más lógica que aquellos que los menosprecian.
En su discurso no hizo mención alguna a su carrera ni presumió de su talento, sino que pidió que las instituciones se implicaran más con la gente que lo necesitaba aumentando fondos para la renta básica, reivindicación que estaban solicitando en ese momento un grupo de manifestantes en la puerta del Teatro. Asimismo solicitó que se invirtiera más dinero en espacios donde los jóvenes pudieran desarrollar su talento y los jóvenes músicos pudieran abrirse camino con más facilidades de las que él tuvo.
Como ya os digo, su intervención no tuvo desperdicio, así que aquí os dejo el correspondiente vídeo.
De lo que no cabe ninguna duda es de que la sensibilidad que Robe Iniesta siempre ha mostrado en sus letras y en su manera de componer, ha sido el contraste perfecto para la rudeza del sonido de las guitarras de su gran banda Extremoduro. Esa mezcla les ha hecho únicos en su especie y una banda de obligada escucha para los amantes de la buena música en general y del buen rock and roll en particular.
Producto de esa sensibilidad, de esa poesía que era capaz de crear fue el proyecto que nació en el año 1999 con otras tres figuras de ésas que hay que escribir con letras mayúsculas. Me estoy refiriendo a la banda Extrechinato y Tú.
En el año 1989 Robe Iniesta entabló una profunda amistad con el poeta Manolo Chinato, quien a pesar de haber nacido en Béjar se consideraba un extremeño más. En una reunión improvisada de artistas extremeños en las que cada uno cantó alguna de sus creaciones, Chinato, que como se suele decir en estos casos tenía poquita voz pero muy desagradable (es broma), al no saber cantar bien recitó una de sus poesías y de manera inmediata cautivó a Robe que en el fondo era también un auténtico poeta.
Diez años después ambos amigos junto a Iñaki «Uoho» Antón, quien además de tocar en Extremoduro también formó parte del grupo Platero y Tú donde coincidió con otro de esos poetas rockeros tan genuinos que es Fito Cabrales, líder indiscutible de Fito y Fitipaldis que también se unió al proyecto, dieron forma a Extrechinato y Tú, una banda que únicamente publicó un disco bajo el título de «Poesía Básica» y en el que la combinación de las letras llenas de poesía de Chinato y el talento de los músicos nos regalaron un disco excepcional, con un Chinato que recita en algunas de las canciones acompañado de las guitarras de sus compañeros ofreciendo momentos inolvidables.
Pero ésta es otra historia de la que ya os hablaré en otro momento en La Graminola.
PORQUE ME GUSTA
LINKIN PARK / IRIDESCENT
Hay bandas que a lo largo de su trayectoria prácticamente no cambian en absoluto su manera de hacer música. Si acaso van introduciendo algún cambio en cuanto a los miembros del grupo pero siempre nos muestran un sonido claro y reconocible. Sin embargo, hay otras que evolucionan a cada paso que dan y con cada nuevo disco, con cada nueva gira, nos sorprenden con un cambio de estilo, de sonido o de la manera de hacer música. La banda que cierra el número de La Graminola de hoy pertenece a este segundo grupo, ya lo creo que sí.
Se trata de un grupo que no ha parado de sorprendernos y de evolucionar desde su formación allá por el año 1996. Hablo de Linkin Park, quienes irrumpieron como un huracán dejándonos un sonido poco oído hasta ese instante con una mezcla de estilos que pueden considerarse antagónicos y desde ese momento fueron mutando, evolucionando con cada nuevo trabajo, elevando nuestra capacidad de sorpresa hasta límites insospechados.
Desde el primer momento pudimos comprobar que no nos encontrábamos ante una banda que se pudiera encasillar fácilmente en un estilo determinado. La mezcla del rap con un rock duro y contundente, con unas canciones en las que mostraban un primer momento más tranquilo en el que su vocalista principal, Chester Bennington, rapeaba prácticamente en un susurro para pasar a continuación a utilizar todo el poderío de su voz con unos gritos desgarradores, conseguirían cautivar desde el primer momento tanto a público como a críticos especializados.
Es prácticamente imposible comprender lo que ha significado Linkin Park para la música de los últimos 30 años sin la figura de Chester Bennington, pero con la evolución que la banda ha ido experimentando y los cambios obligados que ha tenido su formación, se me hace todavía más imprescindible la figura de Mike Shinoda, quien se convertiría en el auténtico líder del grupo tras la trágica desaparición de Bennington.
La canción que quiero ofreceros hoy pertenece a su cuarto álbum publicado bajo el título de “A Thousand Suns” en el año 2010. Se trata de un disco conceptual, algo nuevo hasta ese momento en su carrera, dando la enésima vuelta de tuerca de su trayectoria. En él, además introducirían por primera vez sonidos electrónicos tan de moda en aquella época. De nuevo se reinventaron, de nuevo nos sorprendieron y de nuevo volvieron a triunfar.
Se trata de “Iridescent”, un tema que a mi me encanta. Me parece que lo tiene todo. Un inicio calmado en el que poco a poco van subiendo la intensidad pero siempre dentro de un sonido lleno de intimismo. Una letra que habla de la existencia humana y de lo que en definitiva es la vida que nos regala un final más intenso y cautivador con un coro por parte de todos los miembros de la banda que lo llena todo. En resumen, una canción que destila calidad por todos lados.
Me parece una composición mágica, casi perfecta, con una mezcla de voces única en la que Shinoda canta la parte principal y Bennington los estribillos para, como ya os comento, en la parte final dar paso a unos coros espectaculares por parte de todos los miembros de la banda. Un lujo.
Por cierto, en el vídeoclip de la canción, un tanto filosófico y futurista todo hay que decirlo, aparecen imágenes de la película “Transformes: El Lado Ocuro de la Luna”. Como os podréis imaginar, esta composición fue utilizada como el tema central de dicha película. Muy adecuado en mi modesta opinión.
La evolución en su música continuaría siendo una seña de identidad de Linkin Park en sus trabajos posteriores, abrazando distintos estilos, sin apartarse nunca del rock intenso, aunque siempre impregnado de toques del pop más sencillo. Sin embargo, su carrera no sería un camino de rosas porque en el año 2017 la tragedia más inesperada sacudiría al grupo de manera bastante cruel.
En julio de 2017, el hasta ese momento auténtica alma máter de la banda Chester Bennington fue encontrado ahorcado en su domicilio en California. Una vida marcada por la depresión y el abuso de las drogas, en gran medida motivado por los abusos que sufrió cuando era un niño le llevaría al suicidio, acabando con uno de los iconos más relevantes de la música de finales de los 90 y principios del nuevo siglo.
El palo fue enorme para el resto de los miembros de Linkin Park, hasta el punto de que la banda paró su actividad de manera indefinida. Los años fueron cayendo uno tras otro y cada vez parecía más claro que no se trataba de un parón temporal por la tragedia que les había sacudido sino que todo parecía indicar que nos encontrábamos ante la disolución definitiva de una de las mejores y más influyentes bandas de los últimos tiempos.
Afortunadamente ya sabemos que el tiempo lo cura todo y en el año 2024, después de 7 años de inactividad, el regreso de Linkin Park se convirtió en uno de los grandes acontecimientos musicales del año y de la mano de un Mike Shinoda, más maduro e involucrado que nunca, ejerciendo las labores de líder que en su día ofreció Bennington, lograría que el grupo volviera a regalarnos momentos inolvidables. Lo habían vuelto a hacer y en un escenario trágico y complicado lograron una nueva reinvención y volver a la senda de la buena música y del éxito.
Además, el retorno de Linkin Park vino acompañado de algunos cambios en su formación. El más llamativo e importante de todos fue la presencia por primera vez desde que el grupo se creo en el año 1996 de una mujer, una vocalista excepcional que le daría ya el impulso definitivo para, una vez más, volver a sorprender a propios y extraños.
Estoy hablando de esa descomunal artista que es Emily Armstrong quien desde que se ha incorporado al grupo comparte junto a Mike Shinoda las labores de vocalista principal. Su voz es de esa que te pone los pelos como escarpias y nos ha regalado momentos estelares como en … pero eso es ya otra historia que os contaré próximamente.
Por hoy esto es todo. Espero que hayáis disfrutado de la música que os ofrecido y ya sabéis que en dos semanas volveremos a vernos.
Saludos graminoleños.
