Podéis seguirme también desde FACEBOOK, donde os espero a todos con los brazos abiertos, en el siguiente enlace: LA GRAMINOLA. LA REVISTA MUSICAL QUE SE LEE Y SE ESCUCHA. Desde ahí podéis saborear más contenidos y más música, además de realizar las aportaciones que consideréis oportunas.
Hola graminoleños.
Aquí tenéis una nueva entrega de vuestra revista musical preferida para ofreceros más música de todos los tiempos. Espero que cada día que pase, cada nueva publicación, la familia graminoleña siga creciendo. Gracias a todos.
Recordad que en La Graminola tienen cabida todos los estilos, todas las épocas, toda la música que nos ha acompañado día a día y que va a seguir acompañándonos siempre y que tan buenos momentos nos hace pasar y que tantos recuerdos nos trae a la memoria. Eso sí, prometo no publicar temas vinculados al reguetón o la mal denominada «música urbana», aunque sé que esto eliminará como seguidores a los más jóvenes, pero es que … mejor no digo más, ya me entendéis.
Ya sabéis que la revista tiene cuatro secciones bien diferenciadas que nos harán pasar grandes momentos. Son las siguientes:
Canciones con historia: Por aquí aparecerán canciones que tienen algo que contar al margen de lo que digan sus letras. Como se compusieron, que significaron, que cuentan exactamente. Algunas con historias mágicas, algunas con historias trágicas, algunas con algo de polémica.
Live is Life: El título de esta sección lo dice todo. La música se disfruta en cualquier formato, pero en vivo y en directo es cuando nos ofrece momentos inolvidables. Aquí disfrutaremos de esas grandes actuaciones que nuestros artistas favoritos nos han ofrecido subidos al escenario. Palabras mayores.
Producto Nacional: Música de aquí hecha por artistas y grupos de aquí, sin complejos, sin envidias. Porque nuestra gente es capaz de hacer tan buena música como cualquier artista de talla internacional. Disfrute total.
Porque Me Gusta: En esta sección me permito ejercer de «jefe graminoleño» y os ofreceré canciones que quizás no hayan tenido tanta trascendencia ni tanto éxito o que quizás no tengan historias detrás de su creación, pero que a mí me encantan. Simplemente música para disfrutar, sin más. Eso sí, posiblemente ésta sea la sección que nos traerá más sorpresas.
Por cierto, no olvidéis dejarme vuestras opiniones, críticas o sugerencias sobre lo que vaya publicando y recordad que os podéis suscribir y así os convertiréis en seguidores de La Graminola y no os perderéis ninguno de sus contenidos.
Y por último una recomendación. Algunos de los enlaces a los vídeos que aparecen en cada número de la revista, con el paso del tiempo es posible que no funcionen por los misterios y censuras de internet. En esos casos, os recomiendo que hagáis búsquedas en la red de dichos vídeos y podáis disfrutarla experiencia de manera completa.
¡¡¡¡¡EMPEZAMOS!!!!!
LOS PROTAGONISTAS DE HOY

El número de hoy está repleto de homenajes a artistas tristemente desparecidos en las últimas fechas. Comenzamos con Bruce Willis de Village People.
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En esta ocasión el homenaje es simplemente a la buena música, gracias al talento descomunal de Depeche Mode, que nos ponen en órbita desde el escenario.
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El segundo homenaje del día de hoy lo protagoniza Manuel Arjona, uno de los fundadores de esa peculiar banda que fueron Locomía.
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Terminamos los tributos a artistas desaparecidos con una de las voces más grandes y reconocibles de siempre: Bonnie Tyler.
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Y como casi siempre, una pequeña sorpresa. Estos señores de aquí no cantan, pero en su programa televisivo nos hicieron vibrar con una maravillosa actuación. Para no perdérselo.
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CANCIONES CON HISTORIA
VILLAGE PEOPLE / Y.M.C.A.
El pasado 30 de junio saltaba la noticia. Fallecía a los 74 años de edad el vocalista principal de uno de los grupos más reconocibles, divertidos y representativos de la música disco de finales de los 70 y principios de los 80. Nos dejaba Víctor Willis, el policía de esa peculiar banda que fue Village People, tras una breve pero agresiva enfermedad según se indicaen el comunicado realizado al respecto.
Siempre me he preguntado que habría pasado si en aquella época se hubiese creado un grupo similar en nuestro país. Una banda formada, por ejemplo, por un torero, un legionario, un bailaor flamenco, un guardia civil, un gitano y un camarero. Supongo que no habrían tenido ni la promoción, ni el interés, ni el éxito que tuvieron los norteamericanos capitaneados por Willis, que se convertirían en uno de los auténticos reyes de la música disco de finales de los 70. Es más, seguro que aquí no se les habría tomado en serio.
Víctor Willis nació en Texas y era hijo de un predicador, educándose desde muy pequeño en el mundo de la música cantando en el coro de la iglesia en la que predicaba su progenitor, picándole desde entonces el gusanillo de la música, lo que le llevaría a convertirse posteriormente en el auténtico líder de la banda más carismática, querida y bailada de esos mágicos años 70.
A principios de esa década, Willis se trasladó a Nueva York para cursar estudios de canto e interpretación y participó en algunas obra de teatro musicales, lo que llamaría la atención de uno de los productores de moda de aquella época como era Jacques Morali, quien le reclutaría en el año 1976 tras verle actuar. Poco se imaginaban ninguno de los dos que acababa de germinar la semilla de algo muy importante.
En el año 1977 se publicaría su primer álbum, de título “Village People” y Morali tuvo la idea de crear un grupo que le acompañara haciéndole los coros y la coreografía con tres intérpretes que irían disfrazados de vaquero, obrero de la construcción y motero y un cuarto que iría cambiando su indumentaria en cada actuación. Tras actuar en televisión y lograr bastante éxito, Willis y Morali decidieron darle una vuelta al tema de los acompañantes que sería fundamental para alcanzar el enorme éxito y la gran repercusión que tendrían el grupo que se formaría.
Para darle el toque definitivo al grupo, realizaron el correspondiente casting imponiendo como requisito a los participantes que fueran hombres, supieran bailar y todos ellos llevaran bigote. De esa manera se formaría definitivamente Village People con el propio Victor Willis, quien pasaría a ir vestido de policía, el vaquero Randy Jones, el obrero de la construcción David Hodo “Apolo”, y el motero siempre vestido de cuero negro Glenn Hughes. Sin embargo todavía les quedaba algo por pulir y sería la entrada de dos nuevos miembros lo que les darían todavía más repercusión.
Así pues, poco después entraría en el grupo Alex Briley, que se convertiría en el militar de la banda, con la trascendencia que ello tiene en un país tan respetuoso con sus fuerzas armadas como es los Estados Unidos, y el toque definitivo de Felipe Rose, un joven de ascendencia portorriqueña que iría vestido como indio autóctono norteamericano, vamos como los pieles rojas que aparecen en las películas del oeste, convirtiéndose en el miembro de Village People mas reconocido y casi diría que admirado, además de ser el único de sus integrantes que no llevaría bigote y, con diferencia, el mejor bailarín de todos ellos. No en balde fue reclutado para la banda tras verle actuar como bailarín en una discoteca neoyorquina.
Con la formación definitiva perfilada, únicamente quedaba dar con una canción que les catapultara definitivamente al éxito. La música disco estaba en su mayor apogeo y la competencia era muy grande pero lo que estaba claro es que no había ninguna banda que tuviera una puesta en escena tan espectacular y original como la suya, así que a poco que encontraran una composición bailable y pegadiza el éxito estaba asegurado. Y lo lograrían inmediatamente aunque con cierta polémica.
La canción elegida sería nada más y nada menos que Y.M.C.A., clásico entre los clásicos de la música disco, que les traería algunos problemas judiciales y saldría al mercado en el año 1978 dentro de su álbum “Cruissing”. La polémica se originó porque ésas son las siglas de una asociación internacional creada en Londres para el acogimiento y educación de jóvenes denominada “Young Men’s Christian Association”, una entidad muy conservadora que no encajó demasiado bien que un tema tan “frívolo” y un grupo tan variopinto se fijara en ellos para alcanzar el éxito.
La polémica estaba servida y de inmediato comenzó a correrse la voz sobre que todos los componentes de Village People eran homosexuales y que la canción hablaba explícitamente del tema. Esto en una sociedad tan puritana (a la para que hipócrita) como era la norteamericana de aquellos tiempos, resultaba inaceptable y si a eso le sumamos que la Asociación pensaba que se estaban burlando de la labor que hacían con los jóvenes con sucursales en todo el mundo, os podéis imaginar que la bola comenzó a crecer. Afortunadamente, la música venció al escándalo y aunque esta polémica etiquetaría al grupo de por vida e incluso en nuestros días, la sangre finalmente no llegó al río.
Willis, que fue el compositor de Y.M.C.A, siempre negó que la canción hablara de homosexualidad y que fuera una burla hacia la Asociación. Además, la afirmación de que todos los miembros del grupo eran gays era falsa ya que había algunos que sí y otros que no. Sin ir más lejos el propio Willis era heterosexual y estuvo felizmente casado con una mujer, pero eso no fue impedimento para que la comunidad LGTB+ haya adoptado desde su creación y hasta la actualidad a Village People en general y a Y.M.C.A en particular, como representación de su movimiento.
Sin embargo, la “Young Men’s Christian Association” se tomó al pie de la letra lo de la homosexualidad de los miembros de Village People y no aceptaron de buen grado la aparición de “Y.M.C.A.” en el mercado. La canción no paraba de sonar en las radios y el grupo aparecía continuamente en programas televisivos y para ellos aquello era inaceptable, por lo que demandarían judicialmente al grupo. La demanda tendría poco recorrido porque ya sabemos eso de “poderoso caballero es don dinero” y en este caso no sería una excepción. Los abogados de la banda llegaron a un acuerdo económico con la Asociación a la que convencerían también de que la composición era publicidad gratuita y a lo grande para ellos. Vamos lo de siempre del genial Groucho Marx y que ya he comentado alguna vez en La Graminola: “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.
De lo que no cabe duda es de que la canción lo tiene todo. Un sonido espectacular y bailable, una letra con segundas intenciones y una coreografía excepcional que marcaría una época, ya que en ella los miembros del grupo ataviados con sus respectivos disfraces forman las letras Y.M.C.A. con sus manos mientras bailan, algo que se imitaba hasta la extenuación en las discotecas que pinchaban continuamente la canción y que fue utilizada por primera vez en uno de los programas televisivos de mayor audiencia. Que levante la mano quien no ha hecho en alguna ocasión el “chorra” imitando a los Village People en un momento de desenfreno fiestero y bailón.
Ni que decir tiene que el éxito fue tremendo no solamente en los Estados Unidos sino a nivel mundial y que Village People se convirtieron en una de las bandas más populares del momento. Así que ha disfrutar y bailar con “Y.M.C.A”.
La polémica con la Asociación tenía su miga porque si bien no era una entidad dirigida al colectivo homosexual, por lo menos en Estados Unidos era bastante conocido que las personas pertenecientes a dicha orientación sexual solían frecuentar los locales sostenidos por Y.M.C.A., aunque de cara a la imagen pública intentaron hacerse los dolidos. No quiere decir que todos los jóvenes que amparaban fueran homosexuales, pero muchos de ellos sí lo eran y allí encontraban la protección necesaria, ya que estamos hablando de hace 50 años en los que la tolerancia de la sociedad al respecto era mucho peor que la que tenemos en la actualidad.
Con todo este contexto, no es de extrañar que el colectivo LGTBI+ adoptara la canción como una especie de himno hasta nuestros días. Recientemente se ha celebrado la fiesta del “Orgullo” en muchos lugares del mundo y estoy convencido que en todos ellos la canción que más ha sonado, la canción más aclamada por los participantes ha sido “Y.M.C.A.”
Aunque Victor Willis de algún modo renegara de ser una banda abanderada de la comunidad LGTBI+, está claro que la realidad era muy distinta. No en vano hasta el nombre del grupo renía esa tendencia ya que lo tomaron del barrio neoyorquino de Greewich Village, que en aquel momento era uno de los epicentros más diferenciales de esa comunidad. Blanco y en botella.
Lo más curioso del caso es que la mayoría de las personas que les veían cantar y bailar en los programas televisivos de los Estados Unidos permanecían ajenos a todo esto. Consideraban que estaban viendo a un grupo musical sin más, con una estética llamativa y unas coreografías originales apta para todos los públicos, tanto para mayores como pequeños. En España tuvieron también un grandísimo éxito y en ningún momento trascendió el tema homosexual de su entorno. Si hasta a mis padres le gustaban y no quiero ni imaginarme su reacción si en aquel momento hubieran conocido toda la verdad. A buen seguro que el televisor habría sido apagado de inmediato y la colección de adjetivos sería bastante grande. Eran otros tiempos. En cuanto a mí, era un tierno niño todavía y lo que me gustaba era la música. Vamos que era un grupo que me molaba en aquel instante y que me han seguido molando durante todos estos años. Siempre he pensado que la música debe de ser uno de los estandartes de la tolerancia y el respeto.
La figura de Victor Willis es enorme y es imposible hablar de Village People y de la música disco en general sin hablar de él. Una trascendencia gigantesca a pesar de haber permanecido en el grupo poco más de dos años, momento en el que decidió iniciar una carrera en solitario que sería un total fracaso. Como la relación con sus antiguos compañeros de fatigas saltó por los aires no hubo posibilidad de retorno a lo que hay que sumar que las nuevas tendencias musicales terminarían devorando a todos los intérpretes de este estilo que no supieron reinventarse incluidos los propios Village People.
Victor Willis demandaría al grupo posteriormente reclamando los derechos de autor de los grandes éxitos de la banda, logrando en el año 2012 que se reconociera en una sentencia dicho extremo, algo que no era demasiado habitual. Sin duda alguna fue un respiro para él ya que con su salida del grupo y el fracaso de su carrera en solitario caería en una profunda depresión y en el mundo de las drogas del que tardaría en salir muchos años.
En cuanto al resto de componentes de la banda correría igual suerte ya que en el momento en el que la música disco pasó a mejor vida (ya os hablaré de este tema en su momento que es apasionante a la par que triste) intentaron reconducir su carrera con la publicación en el año 1981 de un álbum titulado “Reinassance” con un estilo y una estética muy cambiados cercanos a la new wave de los denominados “nuevos románticos” que empezaron a triunfar a principios de los 80, aunque la verdad sea dicha que no tuvo ninguna trascendencia y fue el epílogo a una breve pero intensa aventura que nos dejó por el camino grandes momentos.
En fin, que sirva de homenaje a la figura de Victor Willis este artículo que a buen seguro nos ha hecho recordar a todos grandes momentos de nuestras vidas. Por cierto, ya sabéis que me gusta poneros de vez en cuando vídeos originales y llamativos y “Y.M.C.A.” es ideal para ello.
Y es que en el Yankee Stadium de Nueva York, en los partidos de beisbol que en él se disputan, en la quinta entrada se procede a “limpiar” el terreno de juego para que esté en perfectas condiciones. En ese momento siempre suena “Y.M.C.A.” y los operarios del mantenimiento del campo se ponen a bailar de inmediato. Podéis comprobarlo vosotros mismos. Como siempre, música y deporte íntimamente ligados.
Ah, se me olvidaba, no es ésta la única composición de Village People que estuvo rodeada de cierta polémica ya que también … pero ésa es, como siempre, otra historia.
LIVE IS LIFE
DEPECHE MODE / ENJOY THE SILENCE
En el pasado número de La Graminola me despedía con un entrañable vídeo en el que un grupo de niños de secundaria de una localidad chilena, bien aleccionados por sus dos profesores de música, nos ofrecían una maravillosa versión de uno de los clásicos de la música de principios de los 90, dejando bien a las claras que mientras existan maestros como éstos no todo está perdido en la educación musical de nuestros jóvenes. Aún hay esperanza.
Para rematar debidamente la faena, hoy os traigo el original de esa canción y además en una versión espectacular en vivo. Depeche Mode desde hace mucho tiempo se han convertido no solamente en una de las bandas de referencia internacional a nivel musical sino que también en uno de los grupos que mejores directos ofrece. Por ese motivo hoy protagonizan esta sección de la mano de ese clásico, de esa maravilla, de esa composición que para muchos, entre los que me encuentro, está considerada como la mejor de toda su carrera y mira que tienen muchas obras maestras a sus espaldas.
Estoy hablando de la inigualable «Enjoy the Silence», un tema que data del año 1990 e incluido en el que también está considerado como su mejor álbum: «Violator». Pero para saborear esta canción en estado puro vamos a viajar hasta Berlín en el año 2013 para no solamente escuchar sino también ver lo que estos chicos fueron capaces de ofrecer sobre el escenario.
Si hay una banda dentro de la historia reciente de la música, aunque lo de reciente es relativo porque llevan en la carretera ya más de cuarenta años, capaces de adaptarse en cada momento a los cambios que se van produciendo en el panorama musical, ésa es Depeche Mode. Un grupo que no es que se haya reinventado constantemente o haya cambiado radicalmente su estilo según han ido pasando las décadas, sino que ha tenido la maestría y habilidad de evolucionar constantemente su sonido sin perder nunca su esencia principal, la música que les vio nacer y con la que empezaron a todo ritmo su carrera, el sonido de sus mágicos sintetizadores.
El grupo echó a andar allá por el año 1980 en Inglaterra. Cuatro chicos muy jóvenes que apenas sobrepasaban los 20 años decidieron intentar abrirse en el mundo de la música atrapados en la estética y el sonido «New Wave» que en aquel momento lo inundaba todo. Con el auténtico genio que es Vince Clark y el tremendo carisma de David Gahan y su manera de interpretar, Martin Gore y Andrew Fletcher formaron Depeche Mode, un grupo que en un principio parecía ser uno más de los muchos que se estaban formando en aquel momento pero que se iban a convertir en una de las bandas más aclamadas y exitosas de los últimos cuarenta años. Con la entrada en el grupo de Alan Wilder como guinda del pastel publicarían su álbum de debut, esa joya de la que os hablaré en algún momento que es «Speak & Spell».
Con el paso de los años, Depeche Mode fue perdiendo por el camino alguno de sus miembros, pero estas salidas no influyeron negativamente a la hora de seguir conquistando al público y a la crítica especializada. El primero en marcharse fue el que realmente fundó la banda, Vince Clarke, que lo hizo antes de grabar siquiera su segundo álbum. Posteriormente, en el año 1995 sería Alan Wilder quien haría lo propio en el momento posiblemente más crítico de la carrera de Depeche Mode atrapados en la vorágine del éxito, las grabaciones, las giras y, como no, las adicciones de alguno de sus miembros.
Como ya os digo, Depeche Mode ha ido evolucionando a lo largo de los años su sonido para sorprender con cada nuevo disco. Con su primer álbum mostraron un sonido basado en el synth-pop, con la limpia música del teclado de los sintetizadores llenándolo todo, algo que conservarían en su segundo álbum «A Broken Frame», ya sin Clarke. De ahí pasarían a la que ellos mismos denominaron «época industrial», publicando «Construction Time Again», un álbum en el que, aún manteniendo la primacía de los teclados, fueron capaces de introducir sonidos de la vida cotidiana (ruidos de fábricas, martillos, motores, etc) haciendo su sonido un tanto más cargado. Éste no sería el último cambio que introducirían en su estilo.
Posteriormente volverían a modificar su manera de componer y tocar con una música llamémosle más oscura, con letras más siniestras y trágicas alejadas un tanto de la habitual música jovial y bailable. Con ese nuevo cambio lograrían convertirse en un auténtico fenómeno de masas, una de las bandas más aclamadas por la crítica y protagonizar unos conciertos únicos.
Unos años después, justo con la llegada de la década de los 90 y la aparición en el mercado de esa maravilla que es «Violator», dieron un paso más con la utilización de las guitarras como apoyo a los sintetizadores. Un cambio que les aproximaría al rock electrónico y que conquistaría a todavía más público. No paraban de introducir pequeños cambios sin renunciar a su esencia y no paraban de mejorar, algo al alcance de muy pocos.
Pero centrémonos ya en «Enjoy the Silence», piedra angular de la carrera de Depeche Mode y protagonista del artículo de hoy. En el año 2013, en plena gira «Delta Machine Tour», ofrecieron en Berlín dos conciertos descomunales de los que se llegó a grabar una película. Todo el concierto en sí fue puro espectáculo, tanto por la música que ofrecieron sobre el escenario como por la gran conexión que lograron con el público, pero sobre todo por la puesta en escena de la que fue responsable el fotógrafo y director holandés Anton Corbjin, sin el que es posible entender lo que son Depeche Mode en directo. Él fue el responsable del diseño del escenario y, sobre todo, de la originalidad de lo que se mostraba en unas pantallas gigantescas colocadas justo detrás del grupo. Lo que habría dado yo por haber podido estar allí.
Esas gigantescas pantallas no eran de forma cuadrada o rectangular, como es lo habitual, sino que eran triangulares y se iluminaban y apagaban constantemente, pasando de unos colores brillantes y chillones a una oscuridad total, además de proyectar imágenes increíbles como las que se pueden apreciar en el momento en el que interpretaron «Enjoy the Silence». La forma triangular no fue elegida al azar sino que hacía referencia a la letra griega «delta».
He de confesaros que cuando vi por primera vez esta interpretación de «Enjoy the Silence» en Berlín quedé fascinado inmediantamente. El comienzo es espectacular con esos primeros acordes del famoso riff de guitarra y desde el primer acorde Gaham toma el mando decidiendo en que momentos el público toma la palabra, por así decirlo, acompañado de un espectacular momento instrumental en el que Martin Gore y Andrew Fletcher se lucen a lo grande. Pero sin lugar a dudas, lo que te cautiva desde el primer momento son las imágenes que se proyectan en las enormes pantallas triangulares de tres bailarinas con posturas contorsionadas que no dejan indiferente a nadie. Un momento único del que disfrutar.
Como ha sucedido tantas y tantas veces en el mundo de la música con grandes clásicos como es «Enjoy the Silence», hubo algunas diferencias entre los miembros del grupo a la hora de su grabación. La canción fue compuesta por Martin Gore pero con un estilo totalmente distinto al que finalmente tuvo. Era una composición más minimalista y acústica, pero cuando la mostró a sus compañeros en el estudio de grabación todos se dieron cuenta del potencial que podía tener con unos pequeños cambios.
En ese momento, Alan Wilder, para mí el miembro de Depeche Mode más infravalorado de todos, sugirió que tuvieran un ritmo más rápido y que estuviera acompañada de un apoyo de guitarra eléctrica más marcado. Sin embargo Gore no lo acababa de ver y no le gustaba la idea de cambiarla y en un primer momento se opuso firmemente, aunque él sabía que cuando Wilder hablaba había que escucharle ya que era el único miembro de la banda que realmente tenía estudios de música y que siempre acertaba a la hora de retocar las canciones.
El resto de los miembros del grupo estaban totalmente de acuerdo en introducir esos cambios por lo que Gore finalmente tuvo que dar su brazo a torcer. Como una especie de compensación, a Wilder se le ocurrió que el propio Gore intepretara el riff de guitarra adecuado y de esa manera fue capaz de ofrecernos una de las «intros» más famosas y reconocibles de la historia de la música de los 90. Eso sí, él seguía pensando que su composición debía haberse quedado como él la creó y aunque inicialmente iba a ser Gore quien la cantara, finalmente le cedió ese privilegio a Gahan. Todas esas concesiones por parte de unos y otros lograron que «Enjoy the Silence» se convirtiera en la genialidad que es.
Tras el tremendo éxito de «Violator» y una gira extenuante, llegaría un periodo duro y de muchas dudas. David Gaham se acababa de divorciar y no estaba en su mejor momento anímico. Además estaba enganchado a las drogas y convivir con él era muy complicado. Se marchó a vivir a California y durante algún tiempo perdió el contacto con sus compañeros de fatigas. Cuando llegó el momento de volver a grabar los problemas se sucedían uno tras otro. Fletcher y Gore se desentendían de todo y parecía que la cosa no iba con ellos y solamente la dedicación y el esfuerzo de Alan Wilder, auténtico pegamento dentro del grupo en aquel momento, les permitieron seguir adelante y seguir sacando discos exitosos uno tras otro abrazando estilos tan dispares como el mismísimo grunge, eso sí, rodeado de teclados.
Con el paso de los años, Depeche Mode ha seguido publicando discos de una calidad excepcional, convirtiéndose en una de las mejores bandas en activo por méritos propios. Incluso con su último trabajo publicado en el año 2023 bajo el título de «Mememto Mori» ya sin Andrew Fletcher, trágicamente desaparecido al sufrir una disección aórtica en el año 2022.
No quiero cerrar este artículo sin referirme al miembro más «efímero» de Depeche Mode. Un auténtico genio que como tal tiene sus manías y sus fobias lo que le ha llevado a liderar distintos proyectos con un éxito descomunal para abandonarlos algunas veces prácticamente de inmediato agobiado por la fama y la repercusión de la música que crea. Estoy hablando de Vince Clarke.
Él fue el auténtico fundador de Depeche Mode, grupo que abandonó tras la grabación de su primer disco desbordado por el tremendo éxito que alcanzaron. Clarke quería disfrutar de la música pero también de su vida y de su intimidad y todo apuntaba a que no iba a poder tener ambas cosas, como así ocurriría con el resto de sus compañeros de grupo que continuaron adelante.
Esta situación le ha perseguido a lo largo de su carrera una y otra vez ya que tras su salida de Depeche Mode crearía la banda «The Assembly» (que maravilla de canción ese «Never Never», poco después uniría fuerzas con el vozarrón tremendo de Alison Moyet con «Yazoo» y tras poner fin también a este dúo crear otro similar junto a Andy Bell para seguir triunfando a lo grande con Erasure. Casi nada al aparato … pero ya sabéis que ésta es otra historia.
PRODUCTO NACIONAL
LOCOMÍA / LOCOMÍA
Continuamos con los homenajes a los tres artistas desgraciadamente desaparecidos en las últimas fechas. El pasado 1 de julio fallecía Manuel Arjona, uno de los integrantes y fundadores de uno de los grupos más originales y que mayor impacto logró en nuestro país en el año 1984, sobrepasando el mundo de la música, logrando el éxito a nivel internacional y no dejando indiferente absolutamente a nadie. Uno de esos grupos en los que la música importa pero tiene todavía más trascendencia su imagen y su puesta en escena. Estoy hablando de aquel fenómeno social y de masas (sobre todo en Latinoamérica) que fueron Locomía.
Corría el año 1984 cuando aparecería en escena un grupo que coparía portadas de revistas y programas de televisión en el futuro cuando publicó su primer trabajo. Xavier Font y su por aquel entonces novio Manuel Arjona, dos jóvenes que se dedicaban al diseño de ropa que se salía de lo normal, se instalaron en Ibiza buscando abrirse paso en el mundo de la moda. Sus diseños estaban repletos de colorido, zapatos de punta con mucho tacón y unas hombreras enormes. Junto a ellos viajaba Lurdes Iríbar, una amiga que sin llegar a formar parte de la banda musical que surgiría después de manera oficial se convertiría en el pegamento que mantuvo unido al variopinto grupo de personas que fueron pasando por la banda.
Poco después se uniría a ellos el hermano de Xavier, Luis y un joven holandés que conocieron en Ibiza llamado Gard Passchier. En ese momento Xavier Font pensó que era el momento de darle un nombre a esa especie de tribu social que estaban formando y el recién llegado sería el protagonista inesperado. Passchier no hablaba demasiado bien el español y en una conversación con sus amigos quiso expresar lo que sentía y en lugar de decir sois «mi locura» dijo sois «loco mía». Pues bien, el grupo ya tenía nombre: Locomía.
El grupo de jóvenes empezaron a frecuentar la discoteca de moda en Ibiza en aquel momento, «Ku», ataviados con los trajes que ellos mismos diseñaban y muy pronto empezaron a llamar la atención. Los propietarios de la discoteca les ofrecieron un contrato como animadores y todas las noches realizaban un espectáculo vestidos con esos llamativos trajes, acompañados con unos abanicos que les servían para realizar unas coreografías bastante originales y que los asistentes a la discoteca disfrutaban con mucha atención. Todo el mundo en la isla hablaba de ellos.
Al entonces cuarteto se uniría posteriormente Carlos Armas, otro joven bastante atractivo del que Xavier Font se enamoraría locamente a pesar de que su pareja era Manuel Arjona. Y es que sí, todos los miembros de Locomía eran gays, algo que no trascendería prácticamente hasta el momento de su disolución ya que su público mayoritario era el femenino que no solamente les admiraba por su «talento» sino que también por su físico, lo que son las cosas.
La suerte quiso que en el año 1988 una noche uno de los productores de moda de aquella época, José Luis Gil, les viera actuar en «Ku» y de inmediato se diera cuenta de lo que podía conseguir con ellos. José Luis Gil había producido a gente tan importante como José Luis Perales, Mónica Naranjo o el mismísimo Miguel Bosé, pero sabía que si la jugada le salía bien podía ganar mucho dinero con esos chicos vestidos de esa manera y ataviados con abanicos. Si lograba hacerlos cantar el éxito estaba asegurado.
Así pues, Gil les propuso grabar un disco si eran capaces de cantar medianamente bien y se pusieron manos a la obra. El problema fue que toda esa magia que eran capaces de ofrecer con sus creaciones de moda y sus coreografías no se podía hacer extensible al talento a la hora de cantar. No eran capaces de recordar las letras, no entonaban bien y les pasaba lo que a mí, que tenían poquita voz pero muy desagradable. Todo parecía apuntar a ser un desastre, pero Gil encontró la fórmula perfecta: los discos se grabarían con cantantes profesionales de estudio y en sus actuaciones usarían el play-back. En ese momento comenzó todo.
Lo malo es que en ese instante no solamente comenzó su carrera hacia el estrellato y el éxito desmesurado sino que también fue el principio de un proceso de autodestrucción total. Xavier Font lo organizaba todo y su carácter le enfrentaba continuamente al resto de los miembros del grupo, produciéndose continuas entradas y salidas en la banda, incluyendo la de su hermano Luis que se marcharía de la isla tras ser expulsado por su hermano del grupo. Los celos sentimentales no ayudarían y las drogas también harían acto de presencia. Manuel Arjona caería en sus garras y provocaría continuos problemas y enfrentamientos. Su salud a partir de ese instante sería bastante delicada y aunque no ha trascendido, es más que probable que las secuelas que éstas le dejaron en su día hayan sido de alguna manera el desencadenante de su reciente fallecimiento.
Hasta ese momento habían tenido algunos problemas en Ibiza ya que no todo el mundo respetaba su manera de vivir y su manera de actuar. Una vez más el odio y la intolerancia harían acto de presencia. La sociedad española estaba todavía en un estado arcaico en estos temas, y llegaron a quemar la casa donde vivían además de sufrir algunas agresiones físicas. Este caldo de cultivo les llevaría a aceptar definitivamente la oferta de José Luis Gil y trasladarse a Madrid para grabar su primer disco.
En el año 1989 aparecería en el mercado «Taiyo», su primer trabajo, con el que lograrían un éxito desorbitado. Su música bailable, su puesta en escena y sus continuas apariciones en programas televisivos les convirtieron en el auténtico acontecimiento musical de ese año. En nuestro país todo el mundo conocía a Locomía y muy pronto en países como Chile o México beberían los vientos por ellos.
A eso hay que sumarle el éxito que cosecharían con su carta de presentación. Su primer sencillo sería «Locomía», que mejor título para presentarse en sociedad, y sonaría noche tras noche no solamente en la discoteca «KU» sino que prácticamente en todas las discotecas del país. Aquí os dejo su música, sus trajes y sus abanicos.
Todos sabían que era cuestión de tiempo que el carácter de Xavier Font y el de José Luis Gil provocarían más temprano que tarde un terremoto en el grupo y así fue. Font no se dejaba llevar y era un estorbo para Gil y éste lo controlaba absolutamente todo. De hecho incluyó una cláusula en el contrato que firmaron con él para la publicación de sus discos por la que tenían totalmente prohibido reconocer públicamente que eran homosexuales, ya que las ventas de sus discos y la afluencia a sus conciertos eran tan grandes gracias a sus fans femeninas.
Ni que decir tiene que todo terminaría saltando por los aires y Font sería expulsado del grupo iniciándose batallas legales por el nombre de la banda y los derechos de las canciones. Es una historia tan larga como apasionante que ocuparía muchos números de La Graminola para poder contarla debidamente. Si queréis conocerla os recomiendo que veáis tanto la serie documental del año 2020 «Locomía», producida por Movistar Plus como la película «Disco, Ibiza, Locomía» del año 2024. Sé que muchos pensaréis que este tipo de música está obsoleta y no os dice nada, pero estoy convencido que si veis estas dos creaciones cambiaréis de opinión.
No quiero acabar este artículo sin contaros un par de anécdotas sobre el grupo.
La primera se produjo con la grabación del primer disco y más concretamente con su canción más emblemática «Locomía». Todos la identificáis inmediatamente con ese inicio en el que una voz grave dice aquello de «disco Ibiza, Locomía, moda Ibiza, Locomía, loco Ibiza, Locomía, Sexo Ibiza, Locomía …» Pues bien se supone que esa voz es la de Xavier Font y no es así. Como os he comentado, a la hora de cantar y de rapear ninguno de ellos daba el más mínimo nivel y finalmente fue el propio José Luis Gil el que «cantó» esa parte. En una de las pruebas de grabación y desesperado por lo mal que lo estaban haciendo, entró en el estudio para demostrarles lo fácil que era y le gustó tanto el resultado final que así se quedó.
La segunda surgió cuando viajaron a Japón para promocionar su primer álbum. «Taiyo» una expresión japonesa que significa «la luz del sol». El tema es que en la canción del mismo título incluida en el álbum hacen creer que cantan en japonés pero lo más japonés que hay en su letra es la mención de una serie de marcas de esa nacionalidad como Fuji, Kawasaki o Mitsubishi. Había que ver la cara de los japoneses que asistieron a un centro comercial de Tokyo para presenciar la actuación cuando escucharon lo que escucharon. Genio y figura …
En fin, que vaya desde aquí este pequeño homenaje a Manuel Arjona que nos acaba de dejar y que fue parte de uno de los acontecimientos musicales más llamativos y conocidos de nuestro país. No sabían cantar, aparentaban ser lo que no eran, no se podían ni ver pero durante cuatro años ningún grupo español triunfó tanto como ellos incluso a nivel internacional.
PORQUE ME GUSTA
BONNIE TYLER / IT’S A HEARTACHE
Llega el momento de cerrar el número de La Graminola de hoy y continuamos con el pequeño homenaje que estamos dándole a esos tres artistas recientemente desaparecidos. La verdad es que está quedando un número bastante emotivo y agridulce, con un gran contraste entre el disfrute de la buena música y de los grandes momentos que los tres nos han hecho pasar y la tremenda pena que nos da saber que ya no están con nosotros. Lo mejor de todo es que, como suelo decir, su legado está ahí y ése no va a morir nunca.
Cuando todavía no nos habíamos recuperado de la pérdida de Victor Willis y de Manuel Arjona, el pasado 8 de julio nos enterábamos del inesperado fallecimiento de una artista con letras mayúsculas. Una mujer que nos ha deleitado con su música durante muchos años gracias a su peculiar voz rasgada. Ese día nos dejaba Bonnie Tyler, posiblemente la artista de mayor calado de los tres recientemente desaparecidos, dicho esto con el mayor de los respetos.
En el mes de mayo saltó la noticia de que Bonnie Tyler había tenido que ser internada y operada de urgencia en un hospital de la localidad portuguesa de Faro tras sufrir una perforación intestinal. Su estado era bastante preocupante y tras la intervención de le provocó un coma inducido para lograr una mejor evolución. Aunque lentamente, todo parecía indicar que su recuperación iba a ser posible y a principios de julio los médicos decidieron sacarla de ese coma inducido para continuar con su tratamiento.
Desgraciadamente, una vez que salió del coma su salud fue empeorando y complicándose hasta que el día 8 de julio su organismo colapsó y falleció en el hospital a los 75 años de edad. Una noticia trágica que a mí personalmente me ha hecho rememorar muchos recuerdos de mi niñez así como sentir una tremenda pena, pero desgraciadamente así es la vida.
Puede sorprender que el desgraciado suceso se haya producido en Portugal, pero al parecer Bonnie Tyler quedó prendada de la zona del Algarve la primera vez que fue a esas tierras a ofrecer uno de sus conciertos y decidió comprar allí una casa junto con su marido y pasar largas temporadas en ella, cada vez con más frecuencia, hasta el punto de que podría incluso decirse que era su vivienda habitual, lejos de las frías y lluviosas tierras de su Gales natal.
Su verdadero nombre era Gaynor Hopkins y nunca lo tuvo fácil. Se dedicó a la música desde que era una niña animada por su madre, gran amante de la ópera, en el seno de una familia muy modesta. Como en tantas ocasiones tuvo que abrirse camino como buenamente pudo hasta que le llegó la gran oportunidad, aunque todo estuvo apunto de irse al garete por un problema en sus cuerdas vocales que terminó siendo una auténtica bendición.
Tras abandonar sus estudios para dedicarse a la música, inició su carrera actuando en los típicos pubs galeses adoptando inicialmente el nombre de Sherena Davis. Fue entonces cuando conoció a Robert Sullivan, el amor de su vida, con el que contrajo matrimonio y con el que ha permanecido casado hasta su muerte. Robert fue su continuo apoyo en su carrera y el que negoció su incorporación al sello discográfico “RCA Records” para grabar su primer disco. Todo parecía marchar viento en popa y a toda vela.
En el año 1977 llegaría su gran oportunidad y publicaría su primer álbum bajo el título de “The World Starts Tonight”, un disco con un sonido muy cercano al country y con el que conseguiría cierto éxito sobre todo en el Reino Unido y en Alemania. De él se extrajeron dos sencillos y el primero de ellos “Lost in France” vendió bastantes discos y supuso su puesta en escena en el panorama musical europeo. Sin duda alguna, como comienzo no estaba nada mal.
Fue entonces cuando su carrera, y su vida, darían un giro inesperado. Le detectaron unos nódulos en sus cuerdas vocales y le recomendaron operarlos para evitar males mayores. De esta manera, antes de meterse en el estudio para grabar las canciones de su segundo disco, con el que esperaba consolidarse definitivamente, decidió pasar por el quirófano y extirpar los dichosos nódulos.
Lo malo es que la recuperación era un tanto pesada, ya que la buena de Bonnie tenía que permanecer sin hablar varias semanas, un tiempo que se le hizo demasiado largo y que en un primer momento le traería lo que parecía ser un grave problema. Y digo “primer momento” y “parecía”, porque a la larga sería una auténtica bendición. Una tarde, desesperada ya de tanto silencio y de la tensión que acumulaba por esa larga recuperación, Bonnie no pudo reprimirse y lanzó un grito. Sus cuerdas vocales no estaban cicatrizadas totalmente y ese esfuerzo provocaría que su voz cambiase totalmente, algo que normalmente tiene consecuencias nefastas en los que se dedican a la música. En su caso ocurriría todo lo contrario.
Cuando entró en el estudio de grabación y comenzó a cantar, ni ella ni los que allí estaban podían dar crédito a lo que estaban escuchando. Su voz había cambiado hacia un tono muy ronco y desgarrado, muy distinto del que había ofrecido en su álbum de debut. Parecía que todo se estaba yendo al garete y ella misma fue la primera en pensar así. Sin embargo su productor y su marido pensaban de otra manera. Esa voz iba a ser la que la iba a llevar a lo más alto ya que sería su sello inconfundible y a buen seguro el público quedaría atrapado por ella.
Así pues, en el año 1978 se publicaba su segundo trabajo titulado “Natural Force”, del que se extraería como sencillo la canción que os quiero ofrecer a continuación. En aquel momento yo apenas era un niño, tenía 12 años, y estaba todo el día escuchando la radio para disfrutar de canciones nuevas cada día. Recuerdo que la primera vez que escuche “It’s a Heartache” quedé impactado. Me atrajo desde el primer momento ese inicio de guitarra acústica y, sobre todo, esa desgarradora voz que lo llenaba todo y que llamó mi atención de inmediato.
En cuanto la escuchaba dejaba todo lo que estuviera haciendo para centrarme en ella y en cuanto pude me hice con esa canción. Os invitó a que disfrutéis de “It’s a Heartache” y espero que os traiga los mismos recuerdos que me trae a mí.
El éxito de esta joya fue tremendo. Triunfó a lo grande en toda Europa donde ya empezaba a ser conocida tras la publicación de su anterior trabajo, pero con “It’s a Heartache” y su inconfundible nueva voz daría el salto al mercado norteamericano donde llamaría poderosamente la atención y se convertiría en una de las cantantes más carismáticas y admiradas también al otro lado del charco.
Esto no fue más que el principio, porque a partir de ese momento Bonnie Tyler iniciaría una carrera exitosa con cada nuevo trabajo que publicaba, dejándonos auténticas joyas con esa inconfundible voz ronca, rota, rasgada y con un sentimiento excepcional que se convertiría en su “marca registrada”. Lo que parecía una tragedia y el fin de su carrera se convirtió en el espaldarazo definitivo que necesitaba. Nunca antes una operación cuya recuperación no fue un éxito había dado para tanto.
Para finalizar el artículo, os cuento un par de historias sobre ella que posiblemente muy pocos conozcáis.
La primera tuvo lugar en el año 1988. A pesar de que en los primeros años de su carrera sus resultados en cuanto a ventas y popularidad en Estados Unidos fueron importantes, con el paso del tiempo el público de aquellos lares empezó a perder interés en su músia que prácticamente se centraba casi única y exclusivamente en el mercado europeo. Fijaros si ese desinterés norteamericano fue tan grande que ese año Bonnie Tyler grabaría una canción que no tendría ninguna trascendencia y que un año después versionaría la mismísima Tina Turner convirtiéndola en un auténtico clásico de las músico de los 80. Pues si, “The Best” es una canción que originalmente gravó Bonnie pero que únicamente triunfaría con la voz de Tina. Cosas de la música.
La segunda se produjo en el año 2013 cuando Bonnie participó nada más y nada menos que en el festival de EUROVISION representando a Reino Unido. En esa edición entabló muy buena relación con nuestros representantes, que no eran otros que El Sueño de Morfeo”, y cuando éstos subieron al escenario Bonnie no paró de animarles y arengarles gritando “Que Viva España”. Que grande. Eso sí, ninguno de ellos puede estar demasiado satisfecho con el puesto que finalmente ocuparon en el festival celebrado en Malmo (Suecia). Bonnie acabaría en el puesto 19 y los nuestros todavía peor, en el puesto 25 de 26 participantes. Corramos un tupido velo.
Que sirva este artículo como un pequeño homenaje de La Graminola a la enorme figura de Bonnie Tyler. Ya no nos seguirá acariciando los oídos con esa voz rasgada tan característica, pero seguiremos escuchando a buen seguro sus grandes clásicos atemporales como son.
He dudado mucho a la hora de escoger la canción con la que recordarla, ya que otro clásico tan espectacular como es “Total Eclipse of the Heart” merecería estar también aquí porque … bueno ya sabéis que ya os lo contaré en algún momento porque ésa es otra historia.
Pero para mejorar el agridulce sabor de boca del número de La Graminola de hoy os quiero dejar uno de esos regalitos en forma de música que de vez en cuando os ofrezco. En esta ocasión es una interpretación espectacular de ese clásico que es “Africa”, de la banda Toto.
Se produjo en el programa televisivo estadounidense “America’s Got Talent”, del que existe una versión en España llamada “Got Talent España” presentada por Santi Millán, que se ha convertido en icónica. En ella una joven llamada Astrid Jorgensen improvisa una especie de karaoke multitudinario con el público asistente, regalándonos una interpretación de esa canción simplemente genial. Es como ir a ver un espectáculo como público y convertirte tú mismo en el propio espectáculo. Seguro que os gusta.
En el próximo número os hablaré de esta canción y la disfrutaremos juntos en versión original. Que no falte nadie.
Hasta entonces, graminoleños.
