Revista Deportes

La guerra infinita

Publicado el 05 septiembre 2020 por Trescuatrotres @tres4tres

"Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso".

La frase, una de las muchas perlas que nos dejó el mítico entrenador Bill Shankly, adquirió su mayor significado el 7 de julio de 1974 en el estadio olímpico de Munich, tras el partido que disputaron Alemania Federal y Holanda. Era nada menos que la final del Mundial, que acabó con la victoria alemana por dos goles a uno.

Me importa un carajo el resultado. Los odio. Mataron a mi padre, a mi hermano y a otros familiares."

Van Hanegem, futbolista de Holanda

El motivo de tan rotunda afirmación se produjo treinta y cuatro años antes cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas nazis invadieron Holanda y acabaron con la vida de miles de personas.

El 25 de junio de 1988, curiosamente en el mismo estadio, Marco Van Basten embocaba una magistral volea para sorprender a Dassaev y marcar el 2-0 para que su país consiguiese su primer y, hasta ahora, único gran hito a nivel de selecciones.

Los holandeses celebraron con lógica alegría dicho título, pero su gran victoria se había producido unos días antes. De hecho, Rinus Michels, su seleccionador, comentó lo siguiente:

Fuimos campeones, pero todos sabíamos que la semifinal era realmente nuestra final."

Rinus Michels

Efectivamente, la semifinal de aquella Eurocopa enfrentó a los, por entonces, irreconciliables rivales. La batalla de aquella ocasión en Hamburgo era una nueva oportunidad para que los tulipanes derrotasen a los germanos después de treinta y dos años sin poder hacerlo.

Tras una primera parte dura y competida, en el segundo tiempo, un penalti transformado por Matthäus hacía presagiar que la historia volvía a repetirse en contra de la naranja mecánica. Sin embargo, lo que se disputaba entonces era mucho más que un partido de fútbol.

Koeman, con otro máximo castigo, puso las tablas en el marcador y ese gol sirvió para que los holandeses se juramentaran y se lanzasen en tromba para vengar tanta afrenta teutona.

A punto de terminar el duelo, Van Basten se lanzó al suelo para rematar, posiblemente con la ayuda de miles de corazones, un balón que se pegaría al poste para hacer estéril la estirada del portero alemán. Holanda, por fin, conseguía derrotar a su más enconado rival.

Tras el partido, los jugadores de ambos equipos parecieron querer añadir un poco de deportividad al cambiarse amistosamente las zamarras. Ronald Koeman intercambió su camiseta con la de Olaf Thom, que accedió con cortesía a la petición del jugador holandés.

Pero era solo una deportividad fingida. Koeman recogió la elástica alemana y se mofó limpiándose el trasero con ella ante el estupor de los germanos y los vítores de la afición holandesa. Era evidente que la guerra aún no había terminado. De hecho, dos años más tarde, durante la disputa del mundial 90, ambas selecciones volvieron a enfrentarse y saltaron de nuevo las chispas entre Rijkaard y Völler, con escupitajos incluidos.

El triunfo holandés en la Eurocopa de 1988 provocó, incluso, la publicación de un libro de poemas en honor a esa victoria.

Nos habéis liberado de nuestro sufrimiento."

Jongbloed, ex portero internacional holandés, resumiendo el sentir de una nación tras el triunfo ante los alemanes.

Y es que hay heridas que jamás llegan a cicatrizar del todo.


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