Revista Psicología

La indefensión aprendida

Por El Baúl De La Psique @bauldelapsique

En nuestro día a día escuchamos hablar muy a menudo sobre el maltrato a la mujer: noticias en los periódicos y en los telediarios, campañas informativas y de prevención e incluso casos cercanos a nosotros como puede ser el de nuestra amiga, la amiga de una amiga o nuestra vecina. Cuando sabemos de este tipo de historias y, sobre todo, cuando vemos el resultado en las caras de las mujeres uno de los primeros pensamientos que pasa por nuestra cabeza es: “¿Cómo una mujer puede aguantar algo así sin huir?”.

El principal motivo de esto es que la mujer se siente atrapada y este sentimiento se debe a varios factores como por ejemplo: cuál es la concepción que tiene la mujer del maltrato, ya que al tratarse de un fenómeno cultural a veces se “normalizan” ciertas conductas de pareja; su concepción del matrimonio y la familia; al ser el marido algunas veces hostil y otras benevolente la mujer puede llegar a pensar que es su conducta la que propicia el maltrato, haciéndose así responsable ella misma de los golpes; la negación; la escasez de recursos materiales situándola en una posición de dependencia; la confianza que se tenga en el sistema de justicia y social; la baja autoestima que todo esto conlleva, etc.

Por lo tanto, la mujer puede encontrarse en una situación ambivalente. El marido la maltrata pero se ocupa de ella y de sus hijos. Además, los recursos que encuentra en la sociedad no suelen percibirse demasiado claros y tienen miedo de acercarse a la ayuda social.

Otro factor importante es en el que se centra esta entrada. Éste se da cuando las mujeres se plantean cuánto control tienen de la relación y su percepción es que tienen poco debido a que hagan lo que hagan acaban siendo maltratadas. Es decir, no existe control sobre el resultado. Este es el momento en el que desarrollan lo que se conoce como “indefensión aprendida”. Pero,¿qué es la indefensión aprendida? Martin Seligman (1942-) mantuvo a diversos animales sometidos a descargas eléctricas de las que no podían escapar. Al poco, los animales habían aprendido que ninguna de sus respuestas lograba evitar el castigo, por lo que dejaban de actuar. Pasado un tiempo, aunque fuera evidente cómo escapar de las descargas, los animales no hacían nada puesto que habían aprendido que no era posible huir. Esa pasividad en la conducta, condicionada por el hecho de no haber podido huir en una época, se mantiene en el tiempo. Esa misma indefensión aprendida es la que ata a las víctimas a sus verdugos. Al recibir golpes indiscriminadamente, sin importar lo que hagan, acaban dándose por vencidas y tomando una actitud pasiva.

Pero aunque hayamos empezado hablando de la violencia de género, la indefensión aprendida no sólo se da en las relaciones de pareja, sino que se puede dar en otras circunstancias. Por ejemplo, en el vídeo que se muestra a continuación vemos cómo una profesora induce la indefensión aprendida en sus alumnos en apenas unos minutos.

Como hemos visto en el vídeo, la indefensión aprendida lleva a sentimientos de estupidez, frustración, desconfianza en uno mismo, etc. El final es la creencia de que uno no vale nada y además no puede hacer nada para remediarlo. La solución para salir de esto no es otra que pedir ayuda y trabajar duro sobre la autoestima para recobrar la confianza de que somos capaces, todos lo somos.

Desesperanza

Laura Sánchez

Bibliografía

Expósito, F. (2011). Violencia de género. Mente y Cerebro, 48, 20-25.

Ramos, A. (2013, julio 23). La indefensión aprendida, cuando el maltrato se convierte en costumbre. Recuperado junio 19, 2014 de http://lamenteesmaravillosa.com/cuando-el-maltrato-se-convierte-en-costumbre


La indefensión aprendida

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