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La lectura nos ayuda a escribir II

Publicado el 21 agosto 2015 por Escrilia @escrilia

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Desde siempre, hay dos cosas que los escritores recomiendan a quienes se inician en este camino: Escribir más y leer más. La primera es obvia, la práctica hace al maestro. Pero escribir dentro de nuestra burbuja, en el vacío, en silencio de radio, no nos hace ningún bien. Leer nos expone a otros estilos, otras voces, otras formas de escritura, otros géneros. Lo más importante: nos expone a mala escritura que nos ayuda a identificar cuándo las cosas no funcionan y nos acerca a escritos que son innegablemente mejores que los nuestros, que nos incitan a saber, entender y mejorar.

Leer de todo (bueno, regular, comercial, malo) nos inspira. Algunas veces me encontré pensando “este autor ha partido de una idea muy buena y la desperdicia, yo habría dicho…”, y eso es inspiración, entusiasmo. Leer nos desarrolla nuestro arsenal de recursos que los escritores has desarrollado durante años para resolver situaciones específicas. Si bien podemos aprender muchos trucos en guías de escritura, no hay nada mejor que descubrir por nosotros mismos cómo tal o cuál escritor soluciona una escena, un diálogo, una descripción, eso se convierte en parte de nuestra experiencia.

Aprendemos a leer desde muy pequeños y es fácil pensar que es una habilidad limitada, que una vez que logramos identificar el sistema “letras, palabras, oraciones…” no hay nada más allá. Quizás no creemos necesario trabajar en el desarrollo de la habilidad de leer o pensamos que no tiene sentido ejercitar nuestros músculos de lectura para fortalecerlos y moldearlos.

Saber leer y no leer libros es como comprarse un formidable par de esquíes, aprender a usarlos y no esquiar. Es como guardar la raqueta de tenis en el ropero, dejar colgada la guitarra en la pared. Si tenemos un telescopio que es capaz de mostrarnos el universo entero es difícil encontrar una buena razón para no mirar. Eso es la lectura.

Lejos de los consejos convencionales, creo que hoy hay maneras de leer que cambian nuestra forma de disfrutar de la lectura y quizás nos hacen mejores escritores:

Saltar secciones
Yo soy de esas persona que se sienten mal si piensan que se están perdiendo algo (hay identificada hasta una patología psicológica para casos extremos). En cuanto a la escritura, hasta hace un tiempo yo me sentía así.

Actualmente me he dado cuenta que existe una especie de libertad personal, una actitud liberadora que consiste en romper esa necesidad de leer religiosamente cada párrafo. Algunas veces está bien saltar partes. No aleatoriamente, sino aquellas secciones que anticipe que no son relevantes para usted, que tratan un tema que no despierta su interés, que identifica a priori como accesoria a la trama principal, a la línea de la historia.

Para los textos que leemos en internet, ésta se ha convertido en la forma habitual de lectura, rápidamente evaluamos si el párrafo es pertinente y si no saltamos al siguiente. En cuanto topamos con algo difícil de entender, regresamos sobre el texto buscando esas palabras clave para completar la información, leemos la frase y seguimos.

Como añadido, en lecturas largas on line: en caso de duda saltar hasta el final. Si vale la pena entender cómo el autor ha llegado a esa conclusión, lea todo. Si no, felicitaciones: usted ha evitado perder el tiempo.

Abandonar
Mientras sumo años, más ventajas le veo al abandono de lecturas. No sin motivo, por supuesto, pero sí cuando no me aportan suficiente (o ningún) beneficio.

Leer ficción se supone que debe ser una actividad divertida, estimulante, placentera. No debemos forzar a nuestro cerebro a soportar la lectura de algo que nos parece aburrido, previsible, tedioso, incomprensible o nos provoque algún grado de rechazo.

Si realmente respetamos nuestro tiempo, lo pasaremos haciendo cosas que podamos disfrutar.

Cambiar hábitos y rutinas
Es fácil y cómodo no salir de la zona de confort que hemos creado a nuestro alrededor y eso también se aplica a nuestros hábitos de lectura. Cuando elegimos un género, un autor, un tema, es fácil caer siempre en lo mismo.

Amplíe sus horizontes: lea cosas nuevas y diferentes.

Si está atrapado en una rutina de lectura trate de romper el círculo cambiando de género o de estilo. Pregunte a sus amigos o pida consejo en una buena librería. Internet es una gran ventaja para esto: Hay cantidad de autores que publican las primeras páginas de sus obras y es una forma excelente (y gratis) de ver si nos engancha esa lectura antes de comprar el libro. Visitar la biblioteca local también nos puede abrir el panorama, aunque parezca tan del siglo pasado.

Descansar, intercalar y tomar notas
Es cierto que cuando encontramos un libro que nos atrapa es muy difícil dejarlo, pero según algunos estudios (por ejemplo Cómo retener la información que leemos, de Daniel Coyle) es conveniente hacer breves descansos cada quince o veinte páginas, tomar un café, mirar por la ventana y pensar en lo que leímos. Esto nos hace poner a prueba nuestra comprensión del texto y le da al cerebro la oportunidad de asimilar lo leído sin la tarea de estar incorporando nueva información al mismo tiempo.

Tomar notas de sensaciones, trucos que hayamos descubierto que utiliza el autor, formas de resolver situaciones, recursos estilísticos, es una muy buena manera de atrapar experiencias y aprender por comparación. Tener una libreta cerca cuando leemos (y utilizarla) es un recurso invaluable.

Hay experiencias de lectura que se pueden volver densas o muy intensas y aun así nos interesan bastante como para seguir leyendo. Lo mejor en estos casos es tomar un descanso e intercalar otra lectura en medio. Quizás nos pueda servir un libro de relatos cortos, un buen artículo, poesía, biografías, etc. No es descabellado estar leyendo dos o tres libros al mismo tiempo y esto funciona como las series de televisión (tan de moda ahora). Podemos seguir varias historias al mismo tiempo sin perder el hilo. Esto trae la ventaja añadida de incrementar nuestra capacidad de memoria y ejercitar las neuronas.

Comentar, cuestionar, defender
Los blogs literarios y redes sociales (sobre todo las específicas como Goodreads, Megustaescribir, Sttorybox, Falsaria, etc.) funcionan como los debates de los cafés literarios del siglo 19. Hablar de lo que estamos leyendo, comentar, criticar, hace que nuestro cerebro trabaje tiempo extra tratando de iluminar todos los aspectos del material que hayamos leído. Exponer nuestro parecer y analizar las ideas complementarias u opuestas de otros lectores amplía enormemente la comprensión lectora y estimula nuestra capacidad generadora de ideas para dar respuestas a esos debates.

Esto también da lugar a las notas al margen (que también se pueden hacer en lectores digitales como el Kindle) que nos ayudan no sólo a recordar puntos específicos de la obra sino nuestros propios pensamientos sobre ciertos pasajes leídos.

Estas notas al margen son una de las formas más inteligentes de leer, es una lectura activa. Nos mantiene conscientes, no solamente enfocados sino ampliamente compenetrados con lo que estamos leyendo. Leer activamente es pensar y esto tiende a expresarse en palabras, habladas o escritas. La gente que dice que piensa en algo pero no puede expresarlo no sabe realmente qué está pensando, es una nebulosa, algo indefinido. Escribir al margen nuestras reacciones y opiniones nos ayuda a recordar los pensamientos del autor.

Este es un importante paso si queremos pasar de espectadores a escritores.

No importa si escribimos una crítica, un sumario, una recomendación o simplemente exploramos las ideas que el autor nos comunica en su obra, estas reelaboraciones del pensamiento expuesto son un ejercicio altamente beneficioso. Escribir tiene un alto impacto cognitivo y aunar la lectura y la escritura es una forma de sacar provecho a las enseñanzas que podemos extraer de nuestras lecturas. Reconocer un recurso literario bien utilizado o un inteligente modo de utilizar el lenguaje nos hace ser conscientes de la posibilidad de integrarlos a nuestra escritura.

Escribir no sólo comunica ideas, las genera. Es muy bueno encontrar esos gatillos que disparan la generación de ideas en los textos que leemos para entender su funcionamiento, para dominar su uso. También es importante descubrir las cosas que no funcionan para evitarlas.

Cada vez que leemos aprendemos a escribir, seamos conscientes de ello y tratemos de sacarle el máximo provecho.

Y usted ¿cómo lee?


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